Valle de la Pernía: qué ver, historia, pueblos y ruta por la montaña palentina

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Por este valle de la montaña palentina baja el recién nacido Pisuerga y anima la carretera más bella de cuantas unen la vieja Castilla con los verdes paisajes cántabros.

Abajo, Cervera de Pisuerga; arriba, el puerto de Piedrasluengas. Por el camino, miradores increíbles que dejan sin habla, templos románicos que brotan como los narcisos en una mañana soleada de primavera y un roble de 500 años. Se trata del Valle de la Pernía, donde la exuberante naturaleza se funde con un pasado de raigambre.

La Pernía no es únicamente un paisaje de montaña. Es una comarca histórica marcada durante siglos por su posición de frontera y de comunicación entre la Meseta castellana y los valles cántabros de Liébana y Polaciones.

Hoy, este territorio del norte de Palencia combina patrimonio románico, arquitectura tradicional, antiguos caminos, leyendas medievales, bosques y algunos de los paisajes más espectaculares de la montaña palentina.

No ha cambiado mucho el Valle de la Pernía palentino desde que los infatigables canteros románicos construyeron, a finales del siglo XII, la hermosa iglesia de San Salvador de Cantamuda.

En estas montañas del norte de Palencia todavía viven, como entonces, el ciervo, el lobo y el oso pardo. Y algunos de los árboles que forman estos robledales, hayedos y tejeras son anteriores al descubrimiento de América.

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La naturaleza se descubre a su paso por el municipio de Lebanza.

La Pernía, un territorio medieval entre Castilla y Cantabria

La historia de La Pernía está estrechamente vinculada al poder de los obispos de Palencia. En 1181, Alfonso VIII confirmó y amplió las posesiones concedidas a la sede palentina, entre ellas el monasterio de San Salvador de Campo de Muga (actual San Salvador de Cantamuda) y diferentes lugares de Pernía y Liébana. El territorio acabaría convirtiéndose en uno de los señoríos más singulares de la montaña palentina.

La denominación de Pernía tuvo además un ámbito mucho más amplio que el actual municipio. Durante la Edad Media llegó a abarcar buena parte del territorio montañoso situado al norte de Cervera de Pisuerga.

Con el paso de los siglos, su extensión se fue reduciendo hasta quedar vinculada fundamentalmente a los valles de la cabecera del Pisuerga.

Subir desde la localidad de Cervera de Pisuerga al puerto de Piedrasluengas es una experiencia única para los sentidos. Es viajar a los tiempos de Alfonso VIII, durante cuyo reinado se construyeron más de 150 templos románicos, la mayor concentración de monumentos de este estilo en Europa.

El reinado de Alfonso VIII coincidió con uno de los grandes momentos de expansión del románico en el norte de Castilla. La montaña palentina conserva uno de los conjuntos de arquitectura románica más importantes de Europa, con iglesias, monasterios y pequeñas ermitas repartidas por sus valles y pueblos.

Qué ver en La Pernía

Para hacer el viaje se cuenta con un guía de lujo, el río Pisuerga, que antes de adentrarse en Tierra de Campos brinca por las montañas calizas donde acaba de ser alumbrado, entre Castilla y Cantabria.

Nada más salir de Cervera de Pisuerga, la carretera de Piedrasluengas trepa rauda por un monte de espeso robledal que, según los expertos, es el tipo de lugar que gusta a los osos.

Aunque los plantígrados no se dejan ver. Lo que sí puede disfrutar el viajero es un bonito panorama de la montaña palentina desde el mirador de las Matas.

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Iglesia de San Salvador de Cantamuda.

Qué más ver en Pernía

El siguiente pueblo, San Salvador de Cantamuda, tiene una iglesia de casi 900 años, contemporánea, pues, de Averroes y Gengis Kan, de Ricardo Corazón de León y Saladino.

Un templo que es la joya del románico del norte palentino, con soberbia espadaña de tres tramos y dos cuerpos de campanas, y con un altar sostenido por siete columnas y decorado con gran profusión de motivos geométricos, hojas y flores.

El templo actual corresponde fundamentalmente al románico de finales del siglo XII y conserva una de sus imágenes más reconocibles: la monumental espadaña de tres cuerpos, convertida en uno de los símbolos arquitectónicos de La Pernía.

La importancia del lugar no terminó en la Edad Media. En 1478 San Salvador fue elevado a colegiata, con abad y canónigos, dignidad que mantuvo hasta 1851. En 1993 fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento Histórico.

Frente a la iglesia se levanta otro testimonio de la importancia histórica de la localidad: su rollo jurisdiccional del siglo XVI. Este monumento de piedra recuerda el poder jurisdiccional ejercido en La Pernía y constituye una pieza fundamental para comprender la organización política y administrativa del territorio durante la Edad Moderna.

El entorno conserva además casas hidalgas y edificios tradicionales que permiten reconstruir parte del pasado señorial de la localidad.

Antes de llegar al corazón de San Salvador de Cantamuda, el viajero encuentra otro vestigio de su pasado: el puente medieval que salva el curso de agua y que forma parte del antiguo paisaje de comunicaciones de la localidad. Su presencia recuerda que estos valles no fueron un territorio aislado, sino un espacio de tránsito entre la Meseta y Cantabria.

La Abadía de Lebanza

A pocos kilómetros de San Salvador de Cantamuda se encuentra la Abadía de Lebanza, uno de los lugares históricos más singulares de la comarca. Su origen se remonta al siglo X y la tradición relaciona su fundación, en el año 932, con los condes Alfonso Díaz y Justa.

El edificio que hoy contempla el viajero, sin embargo, es fruto de una profunda reconstrucción posterior. Un incendio ocurrido en 1747 destruyó buena parte del complejo y, durante el reinado de Carlos III, se levantaron nuevas dependencias. La iglesia actual fue reconstruida entre 1780 y 1787 bajo la dirección del arquitecto Francisco de Valzania.

Tras la Desamortización de Mendizábal la abadía pasó por diferentes propietarios y usos hasta que fue adquirida por el Obispado de Palencia en 1943, que instaló allí un seminario menor.

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Ermita rupestre de San Vicente en Cervera de Pisuerga./Valdavia

Peña Tremaya y la leyenda de la Venganza del Conde

Sobre el paisaje de La Pernía domina Peña Tremaya, una montaña vinculada a una de las grandes leyendas medievales de la comarca: La venganza del Conde. La tradición relaciona este escenario con la condesa María Elvira y su esposo, el conde Rodrigo Guntis, y con los orígenes legendarios de San Salvador de Cantamuda.

Pero Peña Tremaya posee también interés arqueológico. En sus inmediaciones se han documentado restos que apuntan a la existencia de una antigua fortificación medieval, entre ellos cerámicas, tejas y fragmentos relacionados con estructuras defensivas. El lugar aparece documentado como Castrum Tremaia en 1037 y posteriormente como castellum de Tremaia.

La leyenda ha sido además recuperada como recurso de interpretación del territorio mediante la Senda de la Venganza del Conde, un itinerario que combina patrimonio, paisaje y tradición oral.

Cueva del Cobre: el nacimiento tradicional del Pisuerga

Desde Santa María de Redondo parte una de las rutas senderistas más atractivas de La Pernía: la Senda de Fuente Cobre. El recorrido señalizado tiene unos 12,4 kilómetros, acumula aproximadamente 435 metros de desnivel y requiere alrededor de cuatro horas y media, con una dificultad considerada media.

La Cueva del Cobre, también conocida como Fuente Cobre o Cueva del Coble, ha sido considerada tradicionalmente el nacimiento del Pisuerga. Sin embargo, desde el punto de vista hidrológico el origen de sus aguas se encuentra más arriba, en las laderas del pico Valdecebollas, donde varios arroyos se introducen bajo tierra por el sumidero del Sel de la Fuente. Tras recorrer un sistema de galerías subterráneas, el agua vuelve a aparecer en Fuente Cobre.

La cavidad puede contemplarse desde su entrada, pero adentrarse en ella requiere equipamiento y experiencia en espeleología. Para el visitante convencional, la ruta exterior constituye la mejor manera de descubrir este espectacular enclave de la montaña palentina.

De nuevo en la carretera principal, el viajero pasa por Areños y luego por Camasobres, un pueblo donde parece que los relojes se detuvieron hace más de ochenta años.

Una abertura entre formidables peñas peladas de roca caliza da paso a la muy alta y pequeña aldea de Piedrasluengas, donde vivir todo el año, solo vivir, es ya una heroicidad.

Y es que se dan años en los que sus calles y coches permanecen todo un mes sepultados bajo la nieve, aislados de la civilización mundana. La dureza climática no es únicamente un recuerdo del pasado.

En 2015 una intensa nevada dejó el pueblo aislado por carretera durante más de dos semanas, hasta que maquinaria especializada consiguió abrir paso entre neveros que superaban los dos metros de altura.

El puerto de Piedrasluengas se encuentra a 1.355 metros de altitud y constituye uno de los grandes balcones naturales de la Montaña Palentina hacia Liébana y los Picos de Europa.

Desde el mirador se contemplan Peña Labra, Peña Abismo, el valle de Liébana y, en condiciones de buena visibilidad, los Picos de Europa. El paisaje cambia radicalmente con las estaciones: nieve en invierno, floración primaveral y hayedos de tonos rojizos durante el otoño.

La Pernía en el Camino Lebaniego Castellano

La Pernía forma parte además del Camino Lebaniego Castellano, la ruta que comunica Palencia con el monasterio de Santo Toribio de Liébana.

El itinerario atraviesa la comarca de sur a norte durante aproximadamente 24 kilómetros y pasa por San Salvador de Cantamuda, El Campo, Lores, Casavegas, Camasobres y el puerto de Piedrasluengas.

La ruta convierte La Pernía en un territorio especialmente atractivo para quienes buscan combinar peregrinación, senderismo, historia y patrimonio románico.

La Pernía se encuentra dentro del espacio natural de la montaña palentina, un territorio de alta montaña cantábrica donde sobreviven especies emblemáticas como el oso pardo y el lobo, junto a ciervos, corzos y una extraordinaria diversidad de aves y otros animales.

Los bosques de robles, hayas, acebos y otras especies arbóreas constituyen uno de los grandes atractivos del paisaje, especialmente durante el otoño. La presencia del oso pardo debe contemplarse desde el respeto: se trata de una especie protegida y observar fauna salvaje exige mantener siempre las distancias y evitar cualquier conducta que pueda alterar sus hábitos.

Cómo llegar: El principal acceso a La Pernía se realiza desde Cervera de Pisuerga siguiendo la carretera CL-627 hacia el norte. El itinerario conduce hasta San Salvador de Cantamuda y continúa posteriormente hacia Piedrasluengas y el límite con Cantabria.

En 2025 se inauguró oficialmente la carretera CL-627 tras una importante actuación de mejora, considerada por las instituciones locales una infraestructura estratégica para las comunicaciones y el desarrollo turístico de La Pernía.


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Javier Ramos de los Santoshttps://lugaresconhistoria.com/acerca-de
Periodista e investigador editorial en Lugares con Historia, donde analiza y documenta lugares históricos, enclaves patrimoniales y acontecimientos relevantes a partir de fuentes contrastadas, documentación histórica y análisis contextual riguroso.

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