En las imponentes formaciones volcánicas de la isla canaria de La Gomera se da un fenómeno visual único en España. Parece que la realidad se distorsiona ante nuestros ojos, pero tiene una explicación científica.
Es un lugar donde el sol parece moverse en sentido contrario al habitual, como si ascendiera cuando debería descender en el horizonte.
Y es que los valles profundos y las formaciones montañosas de determinadas zonas de nuestro país crean las condiciones perfectas para que se produzca esta ilusión óptica que invierte el recorrido aparente del sol.
Los barrancos escarpados de La Gomera, como el de Valle Gran Rey, ofrecen panorámicas donde el astro rey parece desafiar las leyes de la física.
Hay atardeceres donde se combinan la trayectoria del sol y los grandes acantilados, cuya fusión visual origina una imagen irreal: el movimiento de un sol que asciende mientras el cielo se tiñe con los colores típicos del ocaso.
Valle Gran Rey, situado en la vertiente suroeste de La Gomera, es uno de los destinos más encantadores y singulares del archipiélago canario.
Conocido por su impresionante paisaje de barrancos, palmerales y playas de arena negra, este municipio ofrece una combinación perfecta de historia, naturaleza y cultura que lo convierte en un lugar ideal para quienes buscan una experiencia auténtica y relajante.
La historia del Valle Gran Rey
El nombre ‘Valle Gran Rey’ hace referencia al líder aborigen Hupalupa, quien gobernó a los gomeros en 1488 y fue una figura destacada en la resistencia contra la conquista castellana.
Antes de la llegada de los europeos, la isla de La Gomera estaba dividida en varios cantones, y Valle Gran Rey pertenecía al cantón de Orone.
Durante siglos, la economía del valle se basó en la agricultura y la pesca. Los habitantes cultivaban plátanos, papas y otros productos en las terrazas escalonadas que aún se pueden ver en las laderas del valle.
En la década de 1940, Valle Gran Rey fue escenario de la llamada ‘Guerra del Agua’, un conflicto por el uso y gestión de este recurso vital. Los pequeños propietarios del Valle Alto lucharon para mantener sus derechos sobre el agua del Risco de Guadá, enfrentándose a los intereses de la clase agroexportadora y los poderes públicos que los amparaban.
La conquista de La Gomera se completó en 1489, cuando los Reyes Católicos otorgaron el señorío de la isla a la familia Peraza. La colonización trajo consigo el cultivo de la caña de azúcar, el ganado y nuevas estructuras sociales.
Valle Gran Rey pasó a ser una zona agrícola importante debido a su fértil valle y su abundante agua procedente del barranco.
Qué ver en Valle Gran Rey
Las playas de Valle Gran Rey son una de sus principales atracciones. A diferencia de las grandes playas del turismo masivo, aquí predominan las calas tranquilas, de arena oscura volcánica y aguas limpias.
- Playa de Vueltas: Ideal para familias y bañistas, situada junto al puerto pesquero. Es una playa urbana con buen acceso y aguas tranquilas.
- Playa del Inglés: Una de las más famosas, frecuentada por naturistas y viajeros alternativos. Tiene un ambiente relajado y espectaculares puestas de sol.
- La Puntilla: Pequeña playa enmarcada por palmeras, perfecta para disfrutar de un baño tranquilo rodeado de naturaleza.
Mirador del Palmarejo
Diseñado por el célebre artista lanzaroteño César Manrique, este mirador ofrece unas vistas espectaculares del barranco de Valle Gran Rey. Además de contemplar el paisaje, el visitante puede apreciar la integración del arte con el entorno natural, una característica del legado de Manrique en las Islas Canarias.
Senderismo en el Parque Nacional de Garajonay
Valle Gran Rey es una excelente base para los amantes del senderismo. Muy cerca se encuentra el Parque Nacional de Garajonay, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Este espacio protegido alberga uno de los mejores ejemplos de laurisilva canaria, un bosque húmedo y frondoso de la era terciaria.
Desde el valle, parten varias rutas de senderismo que conectan con el parque, como el sendero que asciende desde Arure hasta el corazón del Garajonay. Es una oportunidad única para descubrir una flora y fauna endémicas y disfrutar de paisajes místicos envueltos en niebla.
El Silbo Gomero
Una de las manifestaciones culturales más singulares de La Gomera es el Silbo Gomero, un lenguaje silbado utilizado históricamente para comunicarse a través de los profundos barrancos de la isla. Este sistema de comunicación fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
En Valle Gran Rey, es posible asistir a demostraciones del silbo y conocer más sobre esta fascinante tradición, única en el mundo y todavía enseñada en las escuelas de la isla.
El visitante no puede dejar de disfrutar de la cocina local. Algunos de los platos más típicos que se pueden degustar en los restaurantes y guachinches del valle incluyen almogrote, que es una pasta de queso curado de cabra, ajo y pimientos; el potaje de berros o la miel de palma.
Cada semana se celebra un pequeño mercado en la zona de La Calera, donde se pueden encontrar productos de la tierra como frutas ecológicas, dulces tradicionales, licores artesanales, así como artesanía local: cerámica, tejidos, cestería y objetos tallados en madera.
Desde el puerto de Vueltas parten excursiones en barco para el avistamiento de cetáceos. Las aguas que rodean La Gomera son una de las mejores zonas de Europa para observar delfines y ballenas en libertad, gracias a la profundidad del canal marítimo entre La Gomera y Tenerife.
Desde los años 70, Valle Gran Rey ha atraído a viajeros alternativos, mochileros, artistas y amantes de la vida natural. Esto ha generado una comunidad diversa, abierta y multicultural. Se respira un ambiente relajado y acogedor, con músicos callejeros, pequeñas librerías, centros de yoga y tiendas de comercio justo.
En los barrancos del extremeño Valle del Jerte también se da la ilusión óptica de la que hablamos antes. En pueblos como Tornavacas o Jerte el astro rey parece trepar por las laderas en lugar de descender tras ellas durante ciertos momentos del atardecer.

