Capital de la comarca de la Ribera navarra, Tudela presenta en el siglo XXI un rico legado patrimonial: el que dejaron en el pasado cristianos, judíos y musulmanes.
En la actualidad, Tudela se consolida como la segunda ciudad más importante de Navarra y uno de los destinos culturales y gastronómicos más destacados del norte de España, especialmente por su huerta, considerada una de las más fértiles del valle del Ebro.
La ciudad de las tres culturas hay que recorrerla a pie para saborear la historia a cada paso. Declarado su casco viejo Bien de Interés Cultural, su monumento dedicado al Sagrado Corazón domina una mezcolanza de saberes que antaño marcaron las páginas del desarrollo cultural y social de la península ibérica durante la Edad Media.
Al sur de Navarra, entre la aridez de las Bardenas Reales y el verde intenso de la huerta de la Ribera, se alza Tudela, segunda ciudad en extensión e importancia de este territorio foral.
Su paisaje combina el contraste entre las fértiles vegas del Ebro y la aridez casi desértica de las cercanas Bardenas Reales, uno de los parajes naturales más singulares de España.
Tudela y su historia
Fundada en el año 802, bajo el mandato del rey Al Hakan I, durante más de 400 años convivieron en ella musulmanes, judíos y mozárabes, imprimiéndole un mestizaje que sigue reflejando su patrimonio monumental. Fue una ciudad tolerante en una época en que dominaba la incomprensión.
Aunque la ciudad fue fundada oficialmente en el año 802 por el muladí Amrus ibn Yusuf bajo el mandato del emir citado antes, existen evidencias arqueológicas que demuestran la presencia humana en la zona desde la Prehistoria y asentamientos celtíberos y romanos previos.

Su ubicación a orillas del Ebro la convirtió en avanzadilla de los musulmanes contra los reinos cristianos del norte y, más tarde, del Reino de Navarra en sus luchas contra Castilla y Aragón.
La Edad Media y los judíos
Durante la Edad Media, Tudela se convirtió en un importante centro multicultural donde convivieron musulmanes, judíos y cristianos, generando un extraordinario desarrollo intelectual y artístico.
Tudela tuvo la más importante Judería del reino, con 800 familias, antes de que la asolara la peste en 1348, que la redujo a la mitad. La expulsión de 3.000 judíos en 1498, y de los moriscos en 1516 y 1610, constituyen capítulos clave de la historia de la ciudad, incluida hoy en la Red de Juderías de España-Caminos de Sefarad. Sin duda, uno de los lugares con más historia de la comunidad foral.
La profunda huella que dejaron estas culturas se constata nada más entrar a Tudela gracias al puente del Ebro, una obra de origen árabe de 360 metros y 17 arcos donde se obtiene una de las mejores panorámicas de la ciudad de la Ribera.
La localidad navarra creció al amparo de un castillo que vigilaba un paso estratégico. Hoy Tudela ha perdido sus perfiles guerreros y la fortaleza se demora maltratada por la vejez.
De esta larga convivencia quedaron nombres ilustres. Benjamín de Tudela es el más curioso. Fue una especie de judío errante con vocación de Marco Polo.
Hablaba numerosos idiomas y fue el primer escritor de guías de viaje de la historia. En sus visitas a judíos de todo el mundo fue desde el Himalaya hasta Jersualén. Todo esto en el siglo XII.
Tudela fue conquistada en 1119 por Alfonso I el Batallador, integrándose en la Corona de Pamplona-Aragón y consolidándose como un importante núcleo urbano y administrativo.

Qué ver en Tudela
Desde el puente se divisa la principal joya arquitectónica de Tudela: la catedral cisterciense de Santa María: construida hacia el año 1180 sobre los restos de zuna antigua mezquita árabe. Es el principal monumento de la ciudad, con mezcla de estilos románico y gótico y una impresionante portada del Juicio Final.
Desde sus tres portadas, la más hermosa es esta. En el interior del templo, que tiene tres naves, se atesoran piezas destacables como una sillería del coro de un total de 86 asientos, un retablo del siglo XV y una escultura románica de la Virgen Blanca.
Junto a la seo se enclava otra visita obligada para el viajero: el Museo Diocesano, en el palacio Decanal (siglo XV) donde sobresalen unos óleos sobre tabla atribuidos a El Bosco.
Otro importante monumento es la iglesia de la Magdalena (siglo XII), que se asoma al Ebro y conserva una de las pocas torres románicas de Navarra. Tampoco la arquitectura civil se queda atrás, cuyas calles están jalonadas de casonas con solera y palacios.
El del Marqués de San Andrés, siglo XVI, y el del Marqués de Huarte, del XVIII, sorprende por la profusión decorativa de su fachada principal, y la exuberancia de su patio y su escalera imperial.
Cabe también citar el Centro Cultural Castel Ruiz y el Museo Muñoz Sola de Arte Moderno; además de la Torre Monreal, construcción defensiva de ladrillo erigida en el siglo XIII sobre una atalaya con el fin de vigilar el territorio.
Esta, de forma hexagonal y reconstruida a posteriori, solo conserva un elemento medieval: el aljibe que recogía el agua de la lluvia. Hoy acoge un centro de interpretación con paneles explicativos sobre las tres culturas que han convivido: la judía, la musulmana y la cristiana.

Pero para conocer cómo late la urbe actual, lo mejor es ir hasta la plaza de los Fueros, punto de transición entre la ciudad antigua y la moderna y uno de los centros de reunión preferidos por los lugareños. Es el corazón de la ciudad y escenario de celebraciones tradicionales.
Fue construida en 1687 y funcionó como coso taurino. En la actualidad dispone de un quiosco central y las fachadas de las viviendas que la circundan muestran escudos heráldicos de las poblaciones de la Ribera de Navarra.
Sirve, además, como puerto de acceso a la judería vieja y a las retorcidas callejuelas del casco antiguo, el mejor lugar para despedirse de una ciudad que respira historia y pasado por todos sus poros.
Naturaleza en Tudela
Los amantes de los paisajes diferenciales encuentran también en Tudela otro atractivo de interés para ser visitada, ya que la ciudad se enclava dentro de las 42.500 hectáreas de un paisaje semidesértico donde la erosión ha esculpido un caprichoso mundo de apariencia lunar plagado de barrancos, mesetas planas y solitarios cerros: el Parque Natural de las Bardenas Reales, considerado Reserva de la Biosfera por la Unesco.
Frecuentado desde tiempos inmemoriales por pastores, leñadores y también bandoleros, las leyendas han impregnado de magia las ruinas de antiguos castillos defensivos.
Tudela es mundialmente conocida por su huerta, considerada una de las mejores de España, con productos estrella como la alcachofa, el espárrago o la borraja.
Tudela es algo más que espárragos y verdura; se ha convertido en uno de los lugares turísticos con más historia de Navarra y, por extensión, de la zona norte peninsular.
Entre sus tradiciones populares destaca la Bajada del Ángel, una ceremonia de origen medieval celebrada en Semana Santa y declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, que atrae a miles de visitantes cada año.
En la actualidad, Tudela cuenta con cerca de 39.000 habitantes y sigue siendo el principal motor económico de la Ribera navarra, combinando agricultura, industria agroalimentaria y servicios.
Tudela no es solo una ciudad histórica, sino un lugar donde el pasado sigue vivo en cada calle, en cada plato y en cada tradición, convirtiéndola en una de las grandes joyas culturales del valle del Ebro.
Y si aunamos Tudela con la espectacularidad y la historia que desprende la monumentalidad de Olite y sus fabulosos castillos, el viaje se torna perfecto.
Cómo llegar a Tudela: La localidad navarra está muy bien conectada por carretera. Se llega mediante la N-121-C (Pamplona – Tudela), y la AP-68 (Bilbao – Zaragoza).


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