Toletum, la antigua ciudad romana que dio origen a la actual Toledo, fue uno de los enclaves más importantes de la Hispania romana. Hoy, esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad conserva huellas de su pasado que se mezclan con siglos de historia, convirtiéndola en un destino imprescindible para quienes buscan qué ver en Toledo y entender su origen.
Situada a orillas del río Tajo, Toletum se convirtió en un enclave estratégico dentro del Imperio romano gracias a su posición elevada y su control de las rutas comerciales del interior de la península. Este asentamiento marcó el inicio de la historia de Toledo, una ciudad que siglos después seguiría siendo clave en la historia de España.
Construida en un lugar que funciona como una defensa natural en el interior de un meandro del río Tajo, la conocida como ciudad de las tres culturas ha estado habitada continuamente desde los tiempos romanos. No se conoce mucho del Toletum romano antes de que convirtiera en la capital del reino visigodo, a mediados del siglo VI.
La historia de Toletum
En el siglo III aparece relacionada como ciudad romana en el Itinerario Antonino encabezado con el título de Alio itinere ab Emerita Caesaraugusta 369, que significa ‘Otro camino de Mérida a Zaragoza, 369 millas’, entre las plazas de Augustobriga (Talavera la Vieja, Cáceres) y Titulcia (Madrid).
En época de Augusto se iniciaría en Toletum un programa monumental que la equipararía a una verdadera urbs romana. El exterior de la ciudad daría una imagen de ‘ciudad-fachada’, condicionada por la topografía del lugar. En el interior, se desconoce donde se situarían el foro, las basílicas y templos, planteándose que estuvieran bajo el actual Alcázar o en la zona del Ayuntamiento.
Inscripciones de finales del siglo I y principios del siglo II demuestran la municipalidad de Toledo, al mostrar la presencia de decuriones, figuras existentes solo en lugares con rango de municipio. Sobre cuándo sucedió el cambio de estamento, se debaten dos posibles opciones: o bien en la época Augusta o bien en la época Flavia, siendo más plausible la primera opción según los historiadores locales.
La ciudad romana se asentó primeramente sobre una serie de castros, sobre los que después se levantó la ciudad celtibérica amurallada, uno de los más importantes centros de los carpetanos. Uno de estos primeros asentamientos se sitúa en el Cerro del Bú (en la orilla izquierda del Tajo), del que se han obtenido numerosos restos en excavaciones realizadas, y que se pueden observar en el actual Museo-Hospital de Santa Cruz.
Sería en el año 193 antes de Cristo y tras una gran resistencia, cuando Marco Fulvio Nobilior conquistaría la ciudad. Toletum desarrollaría una importante industria del hierro que la llevó a acuñar moneda. La zona donde se levantaba la ciudad sufrió un profundo proceso de romanización, como atestiguan los numerosos restos de villas romanas encontrados en la ribera del Tajo.
El puente de Alcántara fue una de las primeras obras que los romanos llevaron a cabo en Toledo y que hoy constituye una de las obras de ingeniería más importantes de las que se realizaron en la Hispania romana. Tenía como finalidad conectar la ciudad, salvando el Tajo, con la parte sureste, a la vez que hacía las veces de puerta de entrada.
Impresiona su altura y sus enormes arcos centrales. Está jalonado por una gran puerta almenada con un arco de medio punto en el que se incluye otro de herradura. Hoy merece la pena su visita no solo por su belleza, sino porque constituye uno de los miradores más bellos de la ciudad.
El viajero que se precie de visitar los restos que aún permanecen de la Toletum romana debe focalizar su atención en el circo. Esta infraestructura está situada en un parque al norte de la ciudad que es paralelo al paseo de Recaredo. Es el vestigio más sobresaliente que sobrevive de la Toletum romana, gracias a que se encuentra fuera de la ciudad.
Se pueden ver los cimientos de los asientos del circo y parte de las cámaras de sus lados norte y oeste. También se puede distinguir perfectamente la silueta de la mayor parte de su estructura.
Aunque no es muy importante, el de Toletum es uno de los circos romanos mejor conservados de la península Ibérica. Las excavaciones han demostrado que aquí hubo antes alguna clase de mercado. La construcción del circo pudo realizarse hacia la mitad del siglo I. Su longitud era de 423 metros con una anchura de 101 metros. Tenía capacidad para unos 20.000 espectadores.
Con el tiempo, el circo se reutilizó como cementerio islámico. Para entonces, ya habría sido despojado de la mayor parte de su mampostería. Las tumbas que se encontraron datan del siglo IX al siglo XI. Por toda la zona del circo se pueden ver algunas tumbas con un sencillo sarcófago de ladrillo. También se piensa que estas tumbas se emplearon más tarde para entierros medievales judíos.
Anfiteatro y acueducto en Toletum
De igual modo se ha conservado parte del anfiteatro romano, al este del hospital de Tavera, al otro lado del paseo de Merchán. Los romanos dejaron otros vestigios en la faz toledana, como un imponente acueducto (cerca del puente de Alcántara), del que únicamente se conservan las bases a ambos lados del Tajo, o una vía romana, parte de la cual se puede ver en las laderas de los cerros de la margen izquierda del río.
Existen otros cuantos restos que, pese a estar dados por desaparecidos en muchos casos, es muy probable que se encuentren en el subsuelo de la urbe, tales como el teatro (ubicado en el solar inmediato al circo y que actualmente ocupa un colegio), una importante infraestructura hidráulica (como los restos que quedan al lado de la puerta donde se accede a la mezquita del Cristo de la Luz), o alguna que otra calzada, así como termas (plaza Amador de los Ríos), aliviaderos, bóvedas…
De las termas precisamente (siglo II) hay que destacar que se trata de un espacio localizado bajo la citada plaza troceado como un gran puzzle subterráneo y que se desarrolla sobre una extensión de unos 2.300 metros cuadrados. Se extiende por el subsuelo hasta la delegación de Hacienda, ubicada junto a la iglesia de los Jesuitas. Una superficie muy significativa que nos permite hacernos una idea de la monumentalidad de estas termas, de las que solo se conserva accesible una pequeña parte.
Las galerías que ahora se pueden visitar formaban parte de un gran balneario romano imperial, que funcionaba a modo de centro de ocio y recreo para los romanos y recibía agua que llegaba hasta las cisternas ubicadas en lo que hoy en día se conoce como Cueva de Hércules desde el acueducto, ya desaparecido, que cruzaba el desnivel creado por el Tajo.
En las excavaciones de las termas se encontró una escultura de un efebo o un sátiro danzante (probablemente del siglo II) en mármol griego, dejando in situ una copia y conservando la original en el Museo de Santa Cruz. De la estatua hallada en estas galerías solo existen dos parecidas, una en Roma y otra en Atenas.
La escultura se encontraba bajo el hipocausto, y al parecer cayó o fue derribada desde su nicho original en algún momento. Aunque se conserva en buen estado, le faltan la cabeza y parte de las extremidades.
La mayor parte de estas construcciones históricas fueron desmontadas, y los sillares fueron aprovechados para la construcción de otros edificios y para la muralla que rodea la ciudad, si bien, posiblemente la mayor riqueza arqueológica de Toledo se encuentra hoy enterrada bajo su subsuelo.
Precisamente, el programa romano de construcción de calzadas otorgó mayor importancia a la ciudad de Toledo, al ser un nudo de comunicaciones importante en la vía que enlaza las estratégicas ciudades de Mérida y Zaragoza.
Toletum disfrutó de una gran importancia como municipio, al figurar en los itinerarios de cónsules y pretores romanos de alto rango. La descripción de los caminos que pasaban por ella, el establecimiento del tribunal contra los cristianos, bajo el pretor Daciano, en tiempos del emperador Diocleciano, o el primer concilio cristiano celebrado en el año 400, dejan constancia de su relevancia.
Tuvo dos áreas bien diferenciadas: la político-administrativa y religiosa, en el interior del recinto amurallado, y la lúdica, fuera de las murallas. Para no perder detalle del pasado histórico de la ciudad, conviene ir a visitar en Toledo el Museo de Santa Cruz, que acoge las colecciones del antiguo Museo Arqueológico Provincial. Están distribuidas en tres secciones: Arqueología, dedicada a las culturas romana, visigoda, árabe y mudéjar; Bellas Artes; y Artes Industriales.
No solo por su pasado romano y visigótico, sino también por su excepcional conjunto y patrimonio histórico, la ciudad de Toledo está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su casco antiguo es un museo al aire libre. Desde el Consorcio de Toledo se viene trabajando por sacar a la luz el Toledo desaparecido, oculto, escondido tras los actuales monumentos y edificios que componen la compleja urbe.
