Menorca ha sido calificada de museo al aire libre. Y no sin razón, ya que la isla cuenta con un excepcional patrimonio arqueológico. Uno de los mejores ejemplos son las grandes torres de piedra llamadas talayots que se levantan por doquier. Colosales y desafiantes, algunas sorprenden todavía por su envergadura. Como Talatí de Dalt.
Desde septiembre de 2023, la Menorca Talayótica forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO gracias a la extraordinaria concentración y conservación de más de 1.500 yacimientos arqueológicos repartidos por apenas 700 kilómetros cuadrados.
¿Qué son las taulas?
Las taulas son también el enigma arqueológico de Menorca. Los investigadores no se ponen de acuerdo sobre su función. ¿Eran meras pilastras para apoyar un techo de piedras? ¿Constituían un descomunal altar de sacrificios? ¿Fueron la imagen de algún dios? Y es que en ningún otro lugar del Mediterráneo han aparecido monumentos de tales características.
Aunque el debate continúa abierto, la mayoría de especialistas considera hoy que las taulas desempeñaron una función cultural y ceremonial. En el santuario de Talatí de Dalt se han hallado restos de hogueras, cerámicas y huesos de animales sacrificados, indicios que apuntan a la celebración de rituales colectivos.
Las taulas de Trepucó, Binissafullet, Torralba d’en Salord, Torre Llisà (Alaior), Torretrencada y Torrellafuda (Ciutadella) son las que mantienen un mayor empaque. Unas cuántas.
Pero por encima de ellas el viajero se detiene en Talatí de Dalt (a escasos cuatro kilómetros de distancia de Mahón), un poblado antiquísimo cuyas excavaciones han demostrado que surgió en el año 900 a.C en torno a su talayot principal.
La historia de Talatí de Dalt
Aunque las últimas investigaciones arqueológicas sitúan el origen del asentamiento entre finales de la Edad del Bronce y los inicios de la cultura talayótica, aproximadamente entre los siglos X y IX a.C.
Talatí de Dalt es uno de los enclaves más emblemáticos incluidos en el bien patrimonial Menorca Talayótica, inscrito por la UNESCO por constituir un excepcional testimonio de las comunidades prehistóricas que habitaron la isla entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro. El organismo internacional destacó especialmente la singularidad de su arquitectura ciclópea y las conexiones visuales y astronómicas entre los monumentos.
La imagen más icónica de Talatí de Dalt es la de su taula inclinada, cuya enorme piedra horizontal se apoya parcialmente sobre una columna lateral. Esta singular disposición, prácticamente única en Menorca, se ha convertido en una de las fotografías más reconocibles de la arqueología balear.
Con probabilidad fueron instalándose aquí pastores y agricultores, hasta llegar a ser habitado por más de 100 personas y ocupar una una superficie de 4.000 metros cuadrados en su etapa de máximo esplendor, allá por el siglo III a.C.
El poblado perduró hasta la colonización de la isla por parte de los romanos allá por 123 a.C. Pese a la decadencia del sitio, Talatí de Dalt permaneció habitado hasta la expulsión de los musulmanes en el siglo XIII. En él se también se han hallado restos pertenecientes a la ocupación de la isla por parte de estos dos pueblos.
La antigua civilización que pobló estas tierras dio a la piedra un uso arquitectónico y monumental de extraordinaria enjundia. El viajero, nada más hace pie en Talatí de Dalt, con lo que primero que se topa es con una cisterna que debió captar el agua de la zona cuando el terreno quedaba encharcado por las lluvias. Gracias a esta instalación sus moradores podían recoger el agua pluvial para dar de beber a sus animales.
¿Qué función tenían las taulas?
El siguiente punto de interés, quizá el más atractivo, es el descubrimiento de la Taula central que pareció oficiar como centro o santuario ceremonial prehistórico. Es una de las más reconocibles por la pilastra que se apoya sobre la taula. Algo que también resulta curioso en este conjunto prehistórico es la sala hipóstila que se encuentra adosada al muro del santuario, de la cual se desconoce el uso.

Durante muchos años se trabajó con la hipótesis de que la función de este pétreo altar fuese la de observar los astros y de esa forma llegar a tener un calendario fiable mediante el cual poder regir sus vidas, o lo que era más importante, sus cultivos.
Con posterioridad y tras las pruebas encontradas se demostró que las sociedades talayóticas practicaban la agricultura de forma muy escasa y que su mayor actividad era la de la ganadería, por lo que no necesitaban un calendario tan preciso.
Sí que se considera, sin embargo, que la orientación entre monumentos era algo premeditado y que una taula podía estar orientada hacia un talayot, ya que en la vida cotidiana de los habitantes del poblado se producían procesiones rituales entre estas construcciones.
Las excavaciones realizadas sacaron a relucir que la taula era un sitio de culto, donde se realizaban hogueras rituales y se sacrificaban animales que posteriormente se consumirían durante el ritual.
Otro de los puntos que reclaman la atención del usuario es el gran talayot central que, pese al derrumbe que presenta en su parte trasera, está relativamente bien conservado. Le secundan otros dos menores. Las conjeturas asaltan a los historiadores a la hora de precisar el uso que tuvieron estas construcciones.
Al parecer, se idearon con un fin militar, como puntos de observación y de defensa, pero posteriormente pasarían a tener un uso civil y posiblemente de ostentación por parte de los líderes del poblado. En ellos también se han encontrado pruebas de una utilización funeraria.
Las investigaciones más recientes apuntan a que los talayots tuvieron funciones diversas y cambiantes en el tiempo. Además de servir como elementos de control territorial, pudieron actuar como espacios de reunión, símbolos de poder de las élites locales y centros de carácter ceremonial.
Construidas de forma radial, el poblado conserva un sector de restos de viviendas cubiertas con losas que contaban con habitaciones, patios y almacenes, así como cuevas naturales que fueron utilizadas como lugar de enterramiento.
Talatí de Dalt es un viaje a la prehistoria más recóndita y espectacular, aquella que enamora al viajero amante del pasado y que ya viene curtido de experiencias similares, como la de los dólmenes de Antequera o la misma Aralar vasco navarra, por citar solo dos ejemplos.
Y es que la declaración de la Menorca Talayótica como Patrimonio Mundial ha convertido a Talatí de Dalt en una de las puertas de entrada al fascinante universo prehistórico menorquín. Visitar este enclave supone caminar por un paisaje cultural prácticamente intacto, donde los monumentos de piedra continúan dialogando con el territorio más de dos mil años después de su construcción.
Información práctica
Los horarios de visita varían según la época del año. Entre abril y octubre el yacimiento abre generalmente de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas, ampliando el horario hasta las 21:00 horas durante julio y agosto. Conviene consultar la información oficial antes de viajar.
La entrada general se mantiene en torno a los 4 euros, con tarifas reducidas para jubilados y acceso gratuito para menores de 12 años.

