Al norte de Villamiel, por una carretera sumamente sinuosa, surge San Martín de Trevejo, en la vertiente oeste del Jálama, en el corazón de la Sierra de Gata.
El territorio estuvo ocupado desde la Antigüedad por diferentes comunidades y conserva huellas de las poblaciones prerromanas que habitaron estas montañas, pero conviene distinguir esos antecedentes arqueológicos del origen de la actual villa, cuya configuración histórica está vinculada fundamentalmente a la Edad Media y al proceso de repoblación de la frontera leonesa.
Su conjunto urbano, Bien de Interés Cultural declarado de interés histórico-artístico, presenta casas de entramado, galerías altas, calles de arroyos encauzados, casas solariegas de fachadas blasonadas, poyos en las puertas y demás.
La Sierra de Gata presenta evidencias de ocupación desde la Prehistoria y vestigios de vetones, lusitanos, romanos, visigodos, musulmanes y órdenes cristianas.
La historia medieval de la Sierra de Gata estuvo marcada por su condición fronteriza. En 1142, Alfonso VII de León conquistó Coria, una operación decisiva para la expansión cristiana hacia el oeste.
Durante las décadas siguientes, la Corona impulsó la repoblación de estos territorios, estratégicos por su proximidad a Portugal, mediante la llegada de pobladores y la intervención de distintas instituciones señoriales y órdenes militares.
La repoblación medieval dejó una profunda huella en la identidad de la comarca. A la Sierra de Gata llegaron gentes procedentes de diferentes territorios del noroeste peninsular, en un proceso que contribuyó a configurar una cultura propia en la que confluyeron tradiciones leonesas, gallegas y portuguesas.
La posición fronteriza no fue solamente una circunstancia militar: también convirtió estas montañas en un espacio de intercambio cultural y lingüístico.

San Martín de Trevejo está situado en la comarca de la Sierra de Gata, al noroeste de Extremadura, entre las Hurdes y la frontera de Portugal, lo que aumenta su atractivo porque acumula las costumbres típicas de una y otra parte de la Raya.
La sierra de Gata ha sido refugio de órdenes militares y alberga una cultura rural incontaminada que elabora excelentes productos agroalimentarios: aceite de oliva, vino, quesos, carne, miel y polen.
Qué ver en San Martín de Trevejo
La plaza Mayor del pueblo, porticada, con arcos y dinteles, y fuente central, da paso al palacio del Comendador. En uno de sus ángulos aparece la torre campanario del siglo XVI, que conserva en su parte media el escudo de armas de Carlos V, que dio título de “muy noble y leal” a la villa extremeña.
En el centro de la Plaza Mayor se encuentra el pilón, construido en 1888, mientras que en uno de los ángulos se levanta la torre-campanario del siglo XVI. El conjunto constituye uno de los espacios urbanos más representativos de la localidad y permite comprender cómo las funciones civiles, religiosas y económicas se concentraban alrededor de la plaza.
En la plaza de San Martín destacan, para interés del viajero, el palacio de Ojesto, el convento franciscano de San Miguel, la ermita del Cristo y la iglesia de San Martín de Tours (siglos XVI-XVII) con retablos barrocos, tallas góticas procedentes de un retablo de Alcántara, y tres tablas pintadas por Luis de Morales el Divino.
Este templo conserva importantes piezas de arte religioso. Las obras convierten la visita al templo en una parada imprescindible para comprender que el patrimonio de la localidad no se limita a sus calles y viviendas tradicionales.
El antiguo convento franciscano de San Miguel constituye otro de los grandes hitos monumentales de San Martín de Trevejo. Su presencia recuerda la importancia que tuvieron las órdenes religiosas en la organización social, espiritual y económica de las poblaciones serranas durante la Edad Moderna.
Además, actualmente aparece como uno de los principales elementos visitables de la localidad. La Asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España lo incluye entre los principales recursos patrimoniales del municipio.
Un pueblo construido alrededor del agua
Una de las primeras cosas que sorprende al visitante es el agua. Pequeños regatos recorren algunas de las calles y recuerdan que la vida de San Martín de Trevejo estuvo históricamente ligada a los manantiales de la sierra. Fuentes, canalillos y pilones forman parte de un paisaje urbano en el que naturaleza y arquitectura parecen haberse diseñado conjuntamente
El agua corre a través de canalillos por todo el pueblo que presenta un estado de conservación de su trama original y su arquitectura tradicional excelente. El agua está presente en todo el paisaje urbano a través de sus numerosas fuentes, como la fonti Chafaril presidida por el escudo imperial de los Austrias.
La arquitectura tradicional de la localidad cacereña se caracteriza por sus casas de tres niveles que siguen un modelo similar. Al exterior, fachada de piedra en la planta baja, de la que arrancan escalinatas o poyos con peldaños de granito que servían de acceso a la vivienda desde la calle. Eso es así porque la planta baja estaba destinada a bodega y al ganado doméstico.
Los dos pisos superiores, vivienda y desván, presentan una fachada adelantada hacia la calle, que se sostiene sobre robustas vigas de madera cuyos bordes pueden estar labrados con figuras.
En los alrededores de San Martín de Trevejo el viajero puede encontrar también otros elementos de interés para visitar como el molino Almazara o los chozos tradicionales de planta circular, vinculados históricamente a las actividades agrícolas y ganaderas de la Sierra de Gata.
Las neveiras o pozos de nieve en Jálama y Mataescobas, así como los restos de lagares de vino y aceite, molinos, la calzada, las eras, abrevaderos, caminos y cercados, canalizaciones de riego o la cañada ganadera muestran el encanto rural de toda esta zona.
La curiosa lengua de A fala
La gente de estas serranías todavía utiliza una forma dialectal, el mañegu, mezcla de bable, gallego, portugués y castellano. Es una variante de la curiosa lengua del valle denominada a fala, que vuelve a estar en auge.
La opinión de los lingüistas es variada: muchos de ellos postulan que la fala es bien un habla de transición entre el luso y el asturleonés o bien un dialecto galaico-portugués con claras influencias del asturleonés. Casi nada.
Si existe un elemento capaz de convertir a San Martín de Trevejo en un lugar verdaderamente singular es A Fala. En sus calles todavía puede escucharse una lengua romance que constituye uno de los patrimonios culturales más particulares de Extremadura.
A Fala se conserva en tres localidades del valle de Xálima: San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno. En cada una de ellas presenta su propia denominación y algunas particularidades: en San Martín de Trevejo recibe el nombre de mañegu; en Eljas, lagarteiru; y en Valverde del Fresno, valverdeiru.

Su origen continúa siendo objeto de estudio y debate entre los especialistas, aunque existe un amplio consenso en relacionarla con el ámbito lingüístico galaico-portugués y con los procesos históricos de repoblación medieval, sin olvidar las posteriores influencias asturleonesas y castellanas.
Por eso A Fala no debe contemplarse simplemente como una lengua antigua conservada de manera casi milagrosa, sino como una lengua viva, transmitida entre generaciones y estrechamente vinculada a la identidad de sus hablantes.
La Junta de Extremadura la declaró Bien de Interés Cultural en 2001. Dos décadas después, las instituciones extremeñas continúan impulsando iniciativas para protegerla y convertirla también en un recurso de conocimiento y turismo cultural.
Uno de los pueblos más bonitos de España
San Martín de Trevejo forma parte desde 2019 de la red de Los Pueblos Más Bonitos de España, un reconocimiento que ha contribuido a aumentar su proyección turística y a poner en valor la extraordinaria conservación de su arquitectura tradicional.
La incorporación a esta asociación no responde únicamente a criterios estéticos. Su patrimonio arquitectónico, la conservación de su trama urbana, sus tradiciones y su entorno natural forman parte de un conjunto que explica por qué esta pequeña localidad de la Sierra de Gata se ha convertido en uno de los destinos rurales más atractivos del noroeste extremeño.
La gastronomía constituye otra forma de acercarse a la historia de San Martín de Trevejo. El aceite de oliva, los productos de la huerta, los vinos de la comarca, los quesos y las elaboraciones tradicionales están vinculados a una economía que durante siglos dependió directamente del aprovechamiento de los recursos de la sierra.
Qué más ver por los alrededores
El viajero que se acerque hasta la zona no debe confundir San Martín de Trevejo con la pedanía de Trevejo. A este reducto se llega desde Hoyos, en dirección a Valverde del Fresno, mediante un desvío en la carretera comarcal Ex-513, un pueblo peculiar y con pasado.
Fundado en el siglo XII, está declarado monumento de interés artístico porque conserva su aire medieval y tradicional, tanto en las casas de granito y teja árabe, con bellos dinteles en las puertas y ventanas, como en su castillo musulmán, con murallas y torre del homenaje.
Los sarracenos, con la intención de defenderse de los ataques cristianos en el periodo de la Reconquista, levantaron en la zona de la Sierra de Gata una serie de fortalezas en el siglo IX, entre ellas la de Trevejo.
Tras retomar los territorios, los cristianos leoneses se encontraron con unas tierras semidesérticas, por lo que las cedieron a las diferentes órdenes militares para que las repoblaran. Trevejo fue a parar a manos de los Hospitalarios.

Excelente relato de un lugar encantador ¡Enhorabuena!
Muchas gracias por tus palabras Alfonso. Un lugar fascinante, un pueblo con mucho encanto para visitar.
Saludos!