Es la capital del famoso vino. Patria de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, jefe de los ejércitos de los Reyes Católicos, la que en tiempos de los romanos fue conocida como Munda es una hermosa ciudad monumental, repleta de pasado.
No en vano hay cinco iglesias notables y unos cuantos conventos, además de una torre de Santiago, bella como una moza. Montilla es uno de los lugares turísticos con historia de la provincia cordobesa y toda la comunidad andaluza. Se lo tiene bien merecido, y se nivela a la altura de otros tesoros históricos cercanos como Medina Azahara, Espejo o Priego de Córdoba.
Montilla no solo es una de las capitales históricas del vino andaluz, sino también uno de los grandes centros monumentales y culturales del sur de Córdoba. La localidad, integrada en la Ruta del Vino Montilla-Moriles, conserva un extraordinario legado ligado al Gran Capitán, San Juan de Ávila y el Inca Garcilaso de la Vega.
En los últimos años, el turismo enológico y patrimonial ha revitalizado el casco histórico, las bodegas tradicionales y las rutas culturales del municipio.
Montilla, en la Baética romana
Cerca de la actual Montilla numerosos historiadores sitúan la zona conocida como Los Llanos de Vanda, en la Baetica romana, escenario donde tuvo lugar la batalla de Munda, acaecida en el 45 a.C. y que enfrentó a Julio César frente a Cneo y Sexto Pompeyo, hijos de Pompeyo el Grande.
Era la segunda guerra civil romana. Tras su victoria, César pudo regresar a Roma y ser nombrado dictador. No obstante, no hay unanimidad al respecto de que Montilla fuese Munda.
Y es que aunque tradicionalmente algunos investigadores han situado en el entorno de Montilla esta célebre batalla, otros estudios la localizan en diferentes puntos de la campiña cordobesa y sevillana, por lo que el debate histórico continúa abierto.

Mucho antes de la llegada de los romanos a Montilla, la zona ya estuvo habitada desde el Paleolítico, como así lo atestiguan los útiles de lasca, raspadores, buriles y cerámicas prehistóricas halladas por aquí.
Más tarde, iberos y tartesios también dejaron su rastro y su cultura. Pero es con el advenimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba cuando Montilla pasa a un primer plano geográfico por ser el lugar de origen de uno de los militares más admirados de toda la historia.
El Gran Capitán
Desde su primera intervención en la batalla de la Albuera y las posteriores de la conquista de Granada a finales del siglo XV, el Gran Capitán había demostrado sus grandes dotes de buen soldado: valor, arrojo, disciplina, generosidad y respeto por el adversario. Así, apenas con 40 años de edad era ya uno de los jefes de las nuevas fuerzas de los Reyes Católicos.
En el año 1500, el monarca francés Luis XII volvió a pretender la ocupación de Nápoles (que pertenecía a la Corona española) y acordó el reparto del reino con España.
Sin embargo, una vez ocupado el territorio, la disputa estalló entre ambos países y el Gran Capitán se enfrentó, en tierras italianas, contra un ejército superior en número con el que evitó el choque directo. Una vez recibidos nuevos continentes de España, además de 2.000 lansquenetes alemanes, Gonzalo pasó a la ofensiva.

Logró de esta manera la derrota del adversario en Ceriñola y Garellano, donde demostró una clara inteligencia en el empleo de los medios y combinando hábilmente la infantería y la caballería, así como el poder de la artillería y las armas de fuego portátiles con las clásicas armas blancas.
Con posterioridad, en 1534, se crearon los Tercios, unidades básicas de infantes surgidas de las campañas de Italia que dominaron la práctica militar europea durante siglo y medio.
Gonzalo Fernández de Córdoba revolucionó las tácticas militares europeas al combinar infantería, artillería y movilidad en combate. Sus campañas en Italia marcaron el nacimiento de la guerra moderna y sirvieron de antecedente directo para la creación de los célebres Tercios españoles.
La figura del Gran Capitán sigue muy presente en Montilla, donde pueden visitarse espacios ligados a su memoria histórica.
Qué ver en Montilla
Tras este pequeño empacho de historia, al viajero no le vendrá nada mal estirar un poco las piernas. El patrimonio visitable de Montilla da mucho de sí: Entre cuyos palacios descolla el que perteneció a los Duques de Medinaceli (manierista del siglo XVI), la casa del Inca Garcilaso (actual Biblioteca Municipal), en la calle Capitán Alonso de Vargas, y el convento e iglesia de Santa Clara, con su tejado mudéjar y retablo barroco, en la calle Benedicto IV.
También merece la atención del viajero la iglesia de San Sebastián (gótico-mudéjar, siglo XVI), edificada sobre la antigua mezquita mayor (que a su vez ocupaba el solar de la iglesia visigoda), y la de Francisco Solano (siglo XVII) por sus retablos barrocos y la imagen del santo titular, de escuela granadina. Hay otro convento famoso, el de Santa Ana, de estilo toscano, alhajado con valiosos lienzos e imágenes.
Una de las casas más antiguas del pueblo, sita en la calle del Arcipreste Fernández Casado, es la de las Camachas, del silo XVI, donde quiere la tradición que ejercieran su antiguo oficio las hermanas Camachas, mencionadas por Cervantes en su Coloquio de los perros.
En el antiguo castillo de Montilla, derruido por los Reyes Católicos y rehecho en el siglo XVIII, se ha instalado un Museo del Vino. De lugar con historia a espacio expositivo bien diferente, pero no por ello menos interesante.
La Montilla de San Juan de Ávila
Montilla está íntimamente ligada a San Juan de Ávila, uno de los grandes místicos y escritores religiosos del Siglo de Oro español, declarado Doctor de la Iglesia por Benedicto XVI en 2012.
En la Basílica de San Juan de Ávila descansan los restos del santo, convertido en uno de los grandes referentes espirituales de Andalucía.

La Casa del Inca Garcilaso de la Vega
Montilla también guarda una estrecha relación con el Inca Garcilaso de la Vega, uno de los grandes cronistas del mestizaje hispanoamericano. El escritor vivió aquí durante décadas y redactó parte de sus célebres Comentarios Reales.
La casa que habitó es hoy uno de los espacios culturales más interesantes del municipio.
Después de visitar los monumentos, el viajero puede dar un paseo por el barrio de la Escuchuela, estupendamente conservado, y por hacer hora antes de almorzar se puede meter en una tasca a probar el mosto hondo y filosófico de la tierra.
Pasear por las calles blancas de Montilla permite descubrir patios andaluces, antiguas casas solariegas y plazas donde todavía se respira el ambiente pausado de la campiña cordobesa.
Otros vinos sueltan la lengua, el montillano suelta el pensamiento. En esta ciudad, donde se celebra una interesante Fiesta de la Vendimia a finales de agosto, están las bodegas más afamadas (Alvear, Cruz Conde, Pérez Barquero,…).
Turismo del vino y bodegas históricas
Montilla es uno de los grandes referentes del enoturismo andaluz gracias a la Denominación de Origen Montilla-Moriles. Muchas de sus bodegas históricas permiten realizar visitas guiadas, catas y recorridos por lagares tradicionales.
El viajero puede descubrir vinos únicos elaborados con uva Pedro Ximénez, una de las grandes señas de identidad gastronómicas de la comarca.
Beber y comer. La cocina tradicional montillana combina la herencia campesina cordobesa con la cultura del vino. Destacan platos como el salmorejo, el flamenquín, el rabo de toro o las alcachofas a la montillana, acompañadas por vinos finos y amontillados de la tierra.
Entre iglesias barrocas, bodegas centenarias y episodios decisivos de la historia de España, Montilla sigue siendo una de las grandes joyas patrimoniales de la campiña cordobesa. Un destino donde el vino, la memoria histórica y la tradición andaluza continúan caminando de la mano.
Emulando las gestas del Gran Capitán por tierras transalpinas, el viajero puede rememorar aquellas exitosas campañas militares, pero en esta ocasión en forma de viaje de placer a Italia.
Y una vez allí, conocer las grandes ciudades que forjaron un imperio como Roma, la Ciudad Eterna, y otras que destilan arte, historia y cultura con mayúsculas como Florencia, Milán, Venecia, Pisa, Sicilia…
Cómo llegar: Montilla se encuentra junto a la autovía A-45, que conecta Córdoba con Málaga. Luego, tomar la salida hacia la N-331 / Montilla. Es la forma más cómoda para recorrer también la comarca vinícola de Montilla-Moriles y visitar bodegas y lagares.
