Es uno de los templos más impresionantes de España. El monasterio de San Lorenzo del Munt está incrustado en un parque a más de 1.000 metros de altura, algo parecido a Montserrat. Además, es del siglo XI y único en el mundo. De obligada visita.
El Monasterio de Sant Llorenç del Munt (en catalán) es uno de los monumentos románicos más emblemáticos de Cataluña. Situado en la cima del monte La Mola, dentro del Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac (término municipal de Matadepera, en Barcelona), este antiguo monasterio benedictino ofrece al visitante no solo una experiencia histórica y cultural, sino también un entorno natural de belleza espectacular.
Un monasterio milenario entre montañas
El monasterio de Sant Llorenç del Munt se construyó a mediados del siglo XI, sobre una pequeña iglesia prerrománica anterior. Se consagró en el año 1064, en una ceremonia presidida por el obispo Guillem de Vic, y pronto se convirtió en uno de los centros monásticos más relevantes de la región.
El lugar no fue elegido al azar. Situado en la cima de La Mola, una de las montañas más reconocibles del prelitoral catalán, el emplazamiento ofrecía aislamiento, contacto con la naturaleza y una cierta protección ante posibles ataques. Desde sus inicios, el monasterio estuvo vinculado a la Orden benedictina, que lo habitó durante varios siglos.
Durante la Edad Media, el monasterio vivió épocas de esplendor, pero también de decadencia. Su difícil acceso, las condiciones climáticas de la cima y los cambios en la organización eclesiástica lo llevaron a un progresivo abandono. Finalmente, en el siglo XVII quedó totalmente deshabitado.
Este monasterio parece que no ha despertado mucho interés para nadie a lo largo del tiempo. Para nadie excepto para Napoléon Bonaparte, que pasó por aquí con su ejército en 1809 y le debió de trasmitir algo, porque mandó destruir la estructura, profanando incluso las tumbas de los abades.
En el siglo XIX, el monasterio fue objeto de diversos saqueos y destrucciones, agravados por los movimientos desamortizadores. No fue hasta el siglo XX que comenzó su restauración, gracias al creciente interés por el patrimonio histórico y a la labor de entidades como el Centro Excursionista de Terrassa.
El patrimonio arquitectónico del Monasterio de Sant Llorenç del Munt
Lo que ha llegado hasta nuestros días del Monasterio de Sant Llorenç del Munt es una joya del románico catalán, notable por su sencillez, su solidez y su integración en el paisaje.
Estructura y elementos principales
La iglesia del monasterio sigue un esquema de cruz latina con tres naves y tres ábsides semicirculares. Sus bóvedas de cañón y sus gruesos muros de piedra dan una sensación de sobriedad y fortaleza. El campanario, de base cuadrada y modesta altura, corona el conjunto con una discreta elegancia.
Uno de los elementos más destacados es la puerta de acceso, situada en la fachada oeste. Aunque sencilla, está perfectamente integrada en la austeridad del edificio. En el interior, el viajero puede admirar la estructura original sin demasiadas intervenciones modernas, lo que permite imaginar con cierta fidelidad cómo era la vida monástica medieval.
Aunque no quedan restos de la decoración original, ni del mobiliario litúrgico, el conjunto conserva una autenticidad que lo hace único. Las restauraciones realizadas han sido respetuosas con su estilo y con los materiales originales.
El entorno del monasterio
Además de la iglesia, en las inmediaciones se han encontrado restos de otras construcciones anexas: celdas monacales, almacenes, zonas de trabajo, etc. Estas ruinas permiten hacerse una idea del funcionamiento diario del monasterio y de la vida de los monjes benedictinos.
Qué ver en Sant Llorenç del Munt
Visitar el monasterio de Sant Llorenç del Munt es mucho más que ver un edificio histórico. Es una experiencia completa que combina senderismo, naturaleza, patrimonio y cultura.
1. La ascensión a La Mola
La única forma de acceder al monasterio es a pie, lo que convierte la visita en una auténtica aventura. Existen varias rutas de senderismo bien señalizadas desde diferentes puntos como Matadepera, Terrassa o el Coll d’Estenalles. La ruta más popular es la que parte del aparcamiento de Can Robert, en Matadepera, y asciende por el camino del Camí dels Monjos.
Durante la subida, el caminante disfruta de vistas impresionantes, formaciones geológicas únicas y una rica biodiversidad. El esfuerzo se ve recompensado con la llegada al monasterio y las panorámicas inigualables desde la cima.
2. El Centro de Interpretación
En el propio monasterio, hay un pequeño centro de interpretación donde se explica la historia del monumento, el contexto natural del parque y aspectos sobre la vida monástica en la Edad Media. Esta parte de la visita ayuda a comprender mejor la importancia del lugar y enriquece la experiencia del viajero.
3. El entorno natural: Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac
El monasterio se encuentra dentro de un espacio natural protegido de gran valor ecológico y geológico. El parque alberga una gran variedad de especies vegetales y animales, y es ideal para los amantes del senderismo, la escalada o simplemente para quienes buscan tranquilidad en la naturaleza.
La montaña de La Mola está formada por conglomerados rocosos erosionados, que han dado lugar a formas caprichosas como agujas, monolitos y cuevas. Entre las especies animales más representativas se encuentran el jabalí, el zorro, el halcón peregrino y numerosas aves rapaces.
4. El restaurante de La Mola
Una peculiaridad que sorprende a muchos visitantes es la presencia de un restaurante de montaña justo al lado del monasterio, en las antiguas dependencias del mismo. Se trata del restaurante La Mola, donde se puede degustar comida catalana en un entorno único. Es recomendable reservar con antelación, especialmente los fines de semana.
Consejos prácticos para el viajero amante de la historia
Si el viajero está pensando en visitar el monasterio de Sant Llorenç del Munt, debe tener en cuenta los siguientes consejos para disfrutar al máximo de la experiencia:
- Calzado adecuado: la subida a La Mola es exigente y se realiza por senderos de montaña. Lleve botas o zapatillas de trekking.
- Agua y comida: aunque hay restaurante en la cima, conviene llevar agua y algún tentempié, especialmente si no piensa comer allí.
- Respeto al entorno: está en un parque natural protegido. No deje basura y respete la flora y fauna local.
- Mejor época para ir: primavera y otoño ofrecen temperaturas agradables y paisajes espectaculares. En verano puede hacer mucho calor y en invierno, frío intenso.
- Accesibilidad: el acceso no es apto para personas con movilidad reducida, ya que no se puede llegar en vehículo.
