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Marruecos: la diversidad por bandera

Marruecos: la diversidad por bandera

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Es la puerta de África y un país de deslumbrante diversidad, con cordilleras épicas, ciudades antiguas, desiertos extensos y una cálida hospitalidad. Todo eso y más es Marruecos, un destino de obligada visita para el viajero amante de la historia y el exotismo.

Para disfrutar de este país hay que comenzar por el pasatiempo nacional: ver la vida desde una terraza con un café o té a la menta. Y entonces hacer planes en este pedazo de lugar: senderismo por el pico más alto del norte de África, aprender a hacer cuscús, un viaje en camello por el desierto, comprar en el zoo o perderse en la medina. Son muchas las posibilidades.

De la dunas del Sáhara a los picos del Alto Atlas, Marruecos está hecho para viajar. Paisajes líricos cubren este fragmento del norte de África como las coloridas y geométricas alfombras de las cooperativas locales.

Nuestro vecino del sur es un país con historia que ha tejido lazos con el África subsahariana, Europa y Oriente Medio. Su población árabe y bereber, cada vez más joven, tiene una entidad nacional fuerte, que toma lo mejor de sus tradiciones renovándolas y adaptándolas a los nuevos tiempos.

Teatro callejero de Jemma el Fna

De día, ‘la Place’ de Marrakech atrae a multitudes con sus astrólogos, encantadores de serpientes, acróbatas y sacamuelas con cubos de dientes arrancados. Al ponerse el sol, un centenar de restaurantes compiten por tener la parrilla más estrepitosa. Tras la cena, llega la hora de los conciertos, siempre con participación de la audiencia y con bises si hay propina, claro. La enorme y variopinta plaza está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Los artesanos tiñen las telas y curten el cuero en la medina de Fez.

Medina de Fez

Es la madre de todos los laberintos, y la única forma de descubrirlo es adentrarse sin temor a perderse, siguiendo a la gente para regresar a las calles principales o pagando a un guía para que muestre el camino. Es una aventura en un mundo medieval lleno de plazas ocultas, enormes puertas tachonadas y zocos coloridos. La esencia de la medina no ha cambiado en casi un milenio.

Alto Atlas

Zaouiat Ahansal es el Chamonix del Atlas oriental. Cercado por la agrietada cima del Aroudane (3.359 metros), el valle se caracteriza por sus kilómetros de riscos, altos contrafuertes y estrechos cañones. Con la construcción de una ruta asfaltada en 2013, este paisaje empieza a atraer visitantes. Los amantes del rafting y el kayak pueden practicar entre los muros calcáreos de 2,5 metros de ancho.

Medina de Chefchaouen

Empinada y empedrada, la medina de Chefchaouen cae por la ladera de un monte entre tejados rojos, balcones de hierro forjado y geranios. El encanto de las calles azuladas hace que la ciudad sea un paraíso para los fotógrafos. Con una gran kasba de tonos rojos que domina la plaza principal, repleta de cafés, puede el viajero pasarse horas viendo pasar la gente y degustando un té con menta.

Essaouria

Refrescada por la brisa del Atlántico, los muros de la ciudad vieja y la deslumbrante medina convierten a la ciudad de Essaouira en uno de los destinos más encantadores y tranquilos de todo Marruecos. Tiene lujosos riads, el pescado más fresco y un ambiente que mezcla una tradición de artes antiguas con deportes acuáticos cada vez más populares.

Sidi Ifni

La antigua ciudad costera española, accesible en camello desde el Sáhara, es tan destartalada, ventilada y mágica como la popular Essaouira. Se puede caminar por la playa de Legzira o recorrer los callejones azules y blancos de uno de los rincones con más estilo del sur de Marruecos.

Trafaoute

La principal ciudad del Anti Atlas, es un batiburrillo de casas rosas y mercados en un entorno extraordinario. El valle de Ameln está salpicado de palmerales y aldeas bereberes, y las atractivas montañas de granito rojo ofrecen dos veces al día un espectáculo de luces ocre y ámbar. Con una industria turística poco desarrollada a pesar de los múltiples encantos de la región, es una base perfecta para actividades como ciclismo de montaña o búsqueda de relieves prehistóricos.

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Mezquita de Hassan II en Casablanca (Marruecos)

En camello por el Sáhara

Cuando uno se imagina avanzando hacia la puesta del sol a lomos de su fiable montura no piensa en el traqueteo. Pero no hay que preocuparse: es difícil ser elegante sobre una joroba ensillada. Incluso si el dromedario derriba a su jinete, el instinto hace que uno siempre encuentre la manera de llegar a la cima de las dunas al anochecer.

El viajero que tenga entre sus planes conocer esta pequeña parte del mundo puede seguir algunas cuentas de interés en redes sociales que le servirán de gran ayuda para su aventura: Por ejemplo, @MoroccanNationalTouristOffice es la oficina de turismo del país norteafricano, que nos da la bienvenida a este excepcional destino con el hastag #VisitMorocco en Twitter. A través de una compañía de viajes como @nautaliaviajes conoceremos mejor @marrakech. Sin duda.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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