Lanuza es un pequeño y pintoresco pueblo ubicado en el corazón del Pirineo Aragonés, en la provincia de Huesca. Este hermoso rincón pirenaico, a más de 1.300 metros sobre el nivel del mar, es una joya escondida que cada vez atrae a más turistas por su encanto natural, su historia y sus actividades al aire libre.
Rodeado de montañas majestuosas y el embalse que lleva su mismo nombre, Lanuza se ha convertido en un destino turístico obligado para los amantes de la naturaleza, la cultura y el turismo rural.
Historia de Lanuza
Lanuza cuenta con una historia fascinante. Aunque hoy en día es un pueblo muy bien conservado y acogedor, durante el siglo XX estuvo prácticamente despoblado.
En 1976, debido a la construcción del embalse de Lanuza, los habitantes del pueblo se vieron obligados a abandonar sus casas, dejando atrás sus raíces y su vida en esta pequeña localidad. La construcción del embalse supuso una transformación drástica en el entorno, ya que el agua anegó gran parte del valle.
No fue hasta los años 90 cuando comenzó el proceso de repoblación de Lanuza. Las familias que habían tenido que marcharse, junto con nuevos vecinos, iniciaron la rehabilitación del pueblo, respetando la arquitectura tradicional pirenaica y recuperando su historia y patrimonio.
Gracias a estos esfuerzos, hoy Lanuza es un lugar lleno de vida y autenticidad, con calles empedradas, casas de piedra y tejados de pizarra que reflejan su legado rural.
El entorno natural de Lanuza
Uno de los mayores atractivos de Lanuza es su entorno natural. El pueblo está enclavado en un valle rodeado de imponentes montañas que forman parte del Parque Natural de los Valles Occidentales.
Estas montañas ofrecen impresionantes vistas y oportunidades para realizar numerosas actividades al aire libre durante todo el año.
El embalse de Lanuza
El embalse de Lanuza es, sin duda, uno de los elementos más destacados del paisaje. Con aguas de un color turquesa brillante, el embalse se extiende junto al pueblo, creando un espejo natural que refleja las cumbres circundantes.
Este lugar, que originalmente provocó el abandono de Lanuza, se ha convertido hoy en una atracción para los visitantes, que pueden disfrutar de actividades acuáticas como el piragüismo o el paddle surf en sus tranquilas aguas.
Además de ser un lugar perfecto para relajarse, el embalse también es un excelente punto de partida para rutas de senderismo que permiten explorar la naturaleza circundante. Una de las rutas más populares es la que conecta Lanuza con el cercano pueblo de Sallent de Gállego, ofreciendo unas vistas panorámicas incomparables.
Los alrededores de Lanuza son ideales para los amantes del senderismo y el trekking. El Valle de Tena, donde se encuentra Lanuza, ofrece una amplia red de rutas para todos los niveles. Desde caminatas suaves y accesibles, hasta rutas más exigentes que llevan a los picos más altos de los Pirineos.
Entre las rutas más populares destacan las ascensiones al Pico de los Infiernos o al Balneario de Panticosa, donde los excursionistas pueden disfrutar de aguas termales después de una larga jornada de senderismo.
Durante el invierno, las montañas que rodean Lanuza se transforman en un paraíso para los deportes de nieve. La estación de esquí de Formigal, una de las más grandes y populares de España, está a solo unos kilómetros de Lanuza, lo que convierte al pueblo en una base perfecta para los aficionados al esquí y al snowboard.
Festival Pirineos Sur
Otro aspecto destacado de Lanuza es su relevancia cultural. Cada verano, el pueblo acoge uno de los eventos más importantes de la región: el Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur.
Este certamen, que se celebra desde 1992, reúne a artistas de todo el mundo en un escenario flotante sobre el embalse de Lanuza, creando un entorno único para disfrutar de la música y la cultura en plena naturaleza.
Pirineos Sur es conocido por su enfoque multicultural, ofreciendo una plataforma para la música, el arte y la cultura de diferentes partes del mundo.
Durante el festival, Lanuza y el vecino Sallent de Gállego se llenan de vida, con conciertos al aire libre, exposiciones de arte y una atmósfera vibrante que atrae tanto a locales como a turistas.
Qué ver en Lanuza
Aunque pequeño, Lanuza tiene varios puntos de interés que merecen una visita. El casco antiguo del pueblo es encantador, con calles estrechas y empedradas que conducen a la iglesia parroquial de San Salvador, un hermoso ejemplo de la arquitectura religiosa del Pirineo.
Las casas de piedra que rodean la iglesia han sido cuidadosamente restauradas, manteniendo su esencia original y creando un ambiente acogedor y auténtico.

Un paseo por el pueblo permite a los visitantes disfrutar de la tranquilidad y el silencio que caracterizan a Lanuza. Desde cualquier punto del pueblo se pueden apreciar vistas espectaculares del embalse y las montañas, lo que convierte a este lugar en un destino ideal para quienes buscan desconectar y sumergirse en la naturaleza.
La gastronomía en Lanuza es otro de los grandes atractivos del pueblo. Los platos típicos de la región están basados en productos locales y recetas tradicionales que se han transmitido de generación en generación.
Entre las especialidades que no puedes perderte están el cordero asado, el ternasco de Aragón, y las migas, un plato a base de pan, ajo y carne.
Los quesos y embutidos artesanales son también muy populares en esta zona, así como los postres caseros, como las tortas de anís o los crespillos, un dulce típico elaborado con hojas de borraja rebozadas y fritas.
En Lanuza y sus alrededores el viajero podrá encontrar varios restaurantes que ofrecen platos tradicionales con un toque moderno, utilizando ingredientes de proximidad y de temporada. Esto permite disfrutar de la auténtica cocina pirenaica en un entorno inigualable.
El auge del turismo rural ha puesto a Lanuza en el mapa como uno de los destinos más atractivos del Pirineo Aragonés. Su ubicación privilegiada, la belleza del entorno natural y la hospitalidad de sus habitantes hacen que muchos viajeros elijan Lanuza como destino para unas vacaciones de descanso y desconexión.
Las casas rurales y apartamentos turísticos de la zona ofrecen un alojamiento cómodo y acogedor, ideal para quienes buscan disfrutar de la tranquilidad y la belleza de este rincón pirenaico.
Además, Lanuza es el punto de partida perfecto para explorar otras localidades del Valle de Tena, como Panticosa, Sallent de Gállego o Escarrilla.
