En el corazón de las Rías Baixas, frente a la localidad de Vilagarcía de Arousa (Pontevedra), emerge la Isla de Cortegada: un territorio insular de dimensiones modestas pero de riqueza extraordinaria, tanto desde el punto de vista histórico como natural.
Integrada en el Parque Nacional Marítimo‑Terrestre das Illas Atlánticas de Galicia desde 2002, esta isla se ha convertido en un destino de turismo sostenible que combina pasado humano y patrimonio ecológico de forma armónica.
Historia milenaria que se lee en cada rincón
La historia de Cortegada se remonta a épocas antiguas: el naturalista romano Plinio el Joven ya la menciona con el nombre de Corticata, lo cual ofrece testimonio de que el territorio era conocido hace más de dos mil años.
Durante la Edad Media, la isla desempeñó un papel singular: por su ubicación estratégica entre la ría de Arousa y la desembocadura del río Ulla, se convirtió en punto de paso de peregrinos, grupo de riesgo ante incursiones normandas o musulmanas que acechaban la zona.
Una de las huellas más visibles de este pasado es la ermita de la Ermita de la Virgen de los Milagros, y junto a ella el hospital de peregrinos que se construyó en el siglo XVIII para acoger a quienes llegaban en busca de alivio espiritual y corporal.
La isla, en su tiempo, acogió también un pequeño poblado agrícola y ganadero (hasta finales del siglo XIX) que dejó tras de sí restos de casas de piedra, cuadras y almacenes que hoy pueden encontrarse al recorrer sus sendas.
Un capítulo más moderno, y a la vez dramático, lo constituye el hecho de que, a principios del siglo XX, la isla fue cedida para que Alfonso XIII construyera una residencia de verano.
Aunque el proyecto nunca prosperó (el rey sólo estuvo una vez en ella, en el verano de 1907) la intención marca el valor que se le reconocía.
Con posterioridad, la isla entró en manos privadas con proyectos urbanísticos de lujo que finalmente fueron frenados gracias a la movilización social y ambiental. En 2007, la Xunta de Galicia la expropió por 1,8 millones de euros y la incluyó en el dominio público.
Un santuario natural
Más allá de su dimensión histórica, la Isla de Cortegada destaca por su extraordinario valor ecológico. Su núcleo vegetal lo forma un bosque de laureles (Laurus nobilis), considerado el mayor de Europa continental.
Esta arboleda surge sobre antiguos terrenos de cultivo que, al ser abandonados, permitieron que la vegetación autóctona recuperara terreno. Así, hoy visitantes pueden caminar entre árboles de hasta 17 metros de altura, acompañados por lianas, líquenes y una humedad ambiente típica de selvas templadas húmedas.
La combinación de clima atlántico, suelos fértiles y protección ambiental ha permitido que la isla albergue una biodiversidad notable: más de 800 especies identificadas, bosques de robles, sauces y avellanos, junto a la típica vegetación de ribera.
Estos factores convierten la isla no solo en un destino turístico, sino también en un laboratorio natural para botánicos y naturalistas.
Atractivos turísticos: naturaleza, historia y tranquilidad
La accesibilidad es parte del encanto de Cortegada: salvo el transporte en lancha desde Carril, existe un curioso camino de arena emergente denominado Camino del Carro que, con la marea baja, conecta la isla con la costa.
Para recorrerla, el Parque Nacional propone dos rutas principales: un sendero circular costero y un camino que atraviesa la isla por su interior, entre el bosque de laurel y los restos del poblado antiguo.
Paisajes y playas
Aunque su extensión es limitada (unos 42–54 hectáreas según las fuentes), la Isla de Cortegada ofrece rincones para todos los gustos: playas de arena fina y aguas tranquilas dentro de la ría, zonas sombrías bajo el dosel de la laurisilva y miradores que contemplan Vilagarcía y la desembocadura del Ulla.
Por todo ello, se ha consolidado como un destino de escapada natural, ideal para quienes desean paz, contacto directo con la naturaleza y explorar un territorio fuera de masificaciones.
El paso de los siglos no ha borrado su huella: los visitantes pueden encontrar restos del antiguo hospital de peregrinos, el cruceiro frente a la ermita de la Virgen de los Milagros y vestigios del poblado humano que habitó la isla hasta el siglo XIX. Estos elementos permiten que la visita sea doblemente rica: se mezcla el disfrute del paisaje con una lectura histórica del lugar.
La gestión del turismo en la isla es un modelo de sostenibilidad: en temporada alta el cupo de visitantes se limita entre 150 y 250 personas diarias. Esta restricción preserva el entorno natural y garantiza que quien visite Cortegada lo haga disfrutando del silencio, la conservación y la autenticidad.
De hecho, la afluencia de visitantes creció un 66 % entre 2021 y 2024, lo que confirma que la isla atrae sin necesidad de grandes masas.
El acceso a la isla está restringido y solamente puede realizarse mediante visitas guiadas autorizadas. La travesía, breve pero inolvidable, discurre entre los viveros de marisco donde se crían las célebres almejas de la zona.
Por qué visitar la Isla de Cortegada: 5 razones clave
- Un ecosistema único: pasear bajo el dosel de laureles centenarios es una experiencia poco común en la Europa continental.
- Historia que invita a caminar: desde restos romanos hasta proyectos reales y comunidades isleñas desaparecidas, cada paso es una ventana al pasado.
- Accesibilidad y desconexión: al estar situada en la ría, su acceso es sencillo desde Carril, pero su cupo limitado asegura tranquilidad.
- Turismo activo y naturaleza: se pueden realizar rutas interpretativas, paseos en kayak o simplemente disfrutar de la playa y el entorno.
- Compromiso con la sostenibilidad: la gestión del parque y la limitación de visitantes contribuyen a que la experiencia sea responsable y respetuosa con el medio ambiente.
Consejos para el visitante
- Mejor época para visitar: los meses de verano suelen ser los más demandados, pero primavera y principio de otoño ofrecen temperaturas suaves y menor afluencia.
- Cómo llegar: desde el puerto de Cantón en Carril (Vilagarcía de Arousa), se puede tomar una embarcación o aprovechar la bajamar para caminar hasta la isla por el Camino del Carro.
- Qué llevar: calzado cómodo, protección solar, agua, y respeto por el entorno (no apartar flora o fauna, no encender fuego). Recuerda que estás en un parque nacional.
- Duración típica de la visita: una ruta guiada suele tener duración de alrededor de 2 – 2,5 horas. Con tiempo adicional para playa y relax, conviene reservar medio día.
- Respeto al entorno: al estar en un espacio protegido, sigue las indicaciones del parque, no superes aforos y mantén la isla tal como la encontraste.
Visitar la Isla de Cortegada no es simplemente hacer una parada más en Galicia, sino entrar en un escenario donde naturaleza, historia y silencio confluyen con elegancia. Algo similar ocurre con las Islas Cíes.
Es sentir bajo los pies la huella de pobladores antiguos, respirar entre laureles que han logrado reivindicar su dominio, y comprender que destinos de gran valor no necesitan multitudes: requieren respeto, curiosidad y tiempo.
Si el viajero busca un rincón auténtico en las Rías Baixas, donde pueda desconectar sin renunciar al saber, donde la isla hable con hojas, ruinas y agua salada, la Isla de Cortegada le espera. Un día aquí bien puede convertirse en el recuerdo más sereno de su viaje por Galicia.

