El pasado 16 de agosto, mientras escuchaba el podcast del programa radiofónico de El Colegio Invisible, de Onda Cero (en el que tengo el placer de colaborar este verano en la sección La España Mágica), oí a uno de sus contertulios, el historiador Juan José Sánchez Oro, hablar de un lugar hoy abandonado que sirvió en el pasado para la experimentación con la energía atómica. Me llamó mucho la atención y hoy he decidido contaros su historia.
Se trata de la Finca El Encín, situada en el kilómetro 38 de la autovía A2 de Madrid, en dirección a Guadalajara. Da la impresión de ser un lugar inquietante e intrigante por presentarse como una masa boscosa con forma de círculos concéntricos.
Parece una cápsula del tiempo porque allí tienen lugar acciones y trabajos agrícolas que ya realizaban los antiguos romanos. También pasaron los árabes, cristianos y trinitarios por este lugar.
La historia de El Encín
La finca tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando se estableció como una propiedad agrícola con el propósito de experimentar con cultivos y técnicas agrarias. En esa época, El Encín se utilizaba principalmente para actividades relacionadas con la agricultura y la ganadería, siendo un lugar clave para la experimentación y el desarrollo de nuevas prácticas agrarias en la región.
Los primeros tractores que llegaron a España se destinaron a este espacio, que producía 5.000 huevos diarios y donde se desarrolló el cultivo vitivinícola a gran escala.
A lo largo del siglo XX, la Finca El Encín se consolidó como un centro de investigación agraria de gran importancia. Fue en este periodo cuando se formalizó su papel como un instituto de investigación, con la creación de diferentes organismos dedicados al estudio de la agricultura, la mejora genética de cultivos, y la experimentación con técnicas de cultivo.
En 1951, la finca fue adquirida por el Estado español y comenzó a ser gestionada como un centro experimental bajo la administración de organismos públicos.
Con la Guerra Fría se produce un notable cambio en El Encín. La época posterior a la Segunda Guerra Mundial se caracteriza, entre otros aspectos, por la amenaza nuclear entre potencias y países. La ‘cara amable’ del uso de la energía atómica desarrolla el programa Átomos para la paz, que buscaba un uso civil de la misma.
En ese contexto, la finca cambia de uso e intenta adaptarse a este programa, que busca limpiar la imagen de la energía nuclear después de las bombas atómicas y devastadoras lanzadas en Hirosima y Nagasaki (Japón). Por lo que se aboga por el uso de la energía nuclear para combatir el hambre en el mundo con la mejora de las cosechas.
A raíz de los convenios hispano-americanos de 1953, España empezó a recibir tecnología nuclear avanzada. En 1958, el Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas (INIA) anunció un proyecto de experimentación mediante la irradiación de cultivos y semillas en la finca.
También se consiguió una fuente de emisiones gamma procedente de Estados Unidos, que empezó a funcionar en 1961. El equipo investigador inicial plantó 18.000 árboles de hoja perenne en círculos concéntricos, como barrera de contaminación frente a las radiaciones, de los que actualmente perduran unos 5.000.
Los rayos gamma son descargas de fotones capaces de atravesar los cuerpos de plantas y animales, generando roturas microscópicas en sus componentes celulares y ADN, originando algunas mutaciones beneficiosas que pueden ser aprovechadas para la agricultura.

Los investigadores debían comprobar los efectos de la radiación sobre plantas, semillas, alimentos, distintos materiales, insectos, ratones o pollos. Y lo evaluaban según la dosis aplicada y los efectos producidos.
Posteriormente, en 1987, con la transferencia de competencias a la Comunidad de Madrid, la finca pasó a formar parte del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA).
Este organismo, que tiene su sede principal en El Encín, ha jugado un papel crucial en la investigación y desarrollo de técnicas agrícolas avanzadas, así como en la conservación de variedades autóctonas de cultivos.
El Encín en la actualidad
Hoy en día, su papel principal es el de un centro de investigación donde se desarrollan estudios sobre cultivos, mejora genética, técnicas de cultivo sostenible, y conservación de especies vegetales, entre otras áreas.
En la web del IMIDRA se asegura que investigan en viticultura, enología, microbiología alimentaria, productos lácteos, suelos, olivicultura, biotecnología de especies forestales, cultivos agro-energéticos, prácticas agrícolas, plagas, nuevas variedades vegetales, especies vegetales silvestres, plantas aromáticas y ornamentales, y mecanismos de difusión y transferencia de conocimiento. Casi nada.
Cuenta con el Museo Ampelográfico, que muestra las 233 variedades de vid más conocidas y utilizadas en España. Se realizan visitas guiadas con cita previa.
Además, la finca también es conocida por su campo de golf, el Club de Golf El Encín, un espacio deportivo de gran prestigio en la región. Este campo de golf ha sido sede de torneos importantes y es apreciado tanto por jugadores aficionados como por profesionales debido a la calidad de sus instalaciones y la belleza del entorno natural que lo rodea.
El Encín combina tradición y modernidad, siendo un lugar donde la historia agraria de Madrid se une con la innovación y la sostenibilidad en el sector agrícola.
Cómo llegar: En la A2, coger la salida 38 hacia Los Santos de la Humosa. Se llega a una rotonda tras el final de esa salida en subida (si se iba hacia Guadalajara / Zaragoza) o tras haber atravesado la A2 por un puente (si se iba hacia Madrid), en la que se debe tomar la primera salida a la derecha. Hay un cartel pequeño indicando IMIDRA.

