Son los primeros agricultores y ganaderos de Cataluña, una comunidad de hombres y mujeres del Neolítico que poblaron el noreste de esta región y que protagonizan la novela de Martí Gironell El primer héroe. Es el Neolítico en la península ibérica.
El escritor catalán, que ya nos descubrió en Lugares con historia el fascinante pasado medieval del monasterio de San Benet de Bages, sitúa al protagonista, Ynatsé (estany en catalán, que significa estaño) en una apasionante aventura prehistórica en busca de una cura, una solución para los males que sufría su gente que le hará recorrer parajes como Stonehenge, Calabria o Anatolia (yacimiento de Çatal Hüyük).
Los puntos de partida son dos de los enclaves neolíticos más importantes que hubo en la península ibérica: La Draga y las minas de Gavá.
El Neolítico en la península ibérica
La denominada ‘Revolución Neolítica’ transformó profundamente la vida humana. Por primera vez las comunidades dejaron de depender exclusivamente de la caza y la recolección para producir sus propios alimentos mediante la agricultura y la ganadería. Este cambio no fue repentino ni uniforme, sino el resultado de un largo proceso de adaptación que se desarrolló durante varios siglos.
Las investigaciones actuales indican que la agricultura y la ganadería llegaron a la península ibérica desde el Mediterráneo oriental a través de grupos humanos que navegaron por la costa mediterránea. Estas comunidades entraron en contacto con los cazadores-recolectores locales, generándose un complejo proceso de intercambio cultural y biológico.
Los grupos neolíticos construyeron las primeras aldeas permanentes de la Península. Sus habitantes cultivaban trigo y cebada, criaban ovejas y cabras, fabricaban tejidos y producían recipientes cerámicos para almacenar alimentos. La sedentarización favoreció el crecimiento demográfico y la aparición de formas más complejas de organización social.
Las evidencias arqueológicas muestran que las primeras comunidades neolíticas se asentaron principalmente en Cataluña, la Comunidad Valenciana y Andalucía oriental, desde donde la nueva economía productora se expandió hacia el interior peninsular.
Un claro ejemplo de población neolítica es el poblado de La Draga, que se encuentra hacia el centro de la orilla oriental del lago de Banyoles (Gerona), sobre una playa de sedimento lacustre. Este espacio presenta una superficie amplia y regular, óptima para que se instalara en ella una de las comunidades de agricultores y ganaderos más añejas del noreste peninsular.
La topografía neolítica de este lugar presentaba un acentuado desnivel de norte a sur y de este a oeste, hasta alcanzar la orilla del estanque, a la vez que por el este y el sur, la parte trasera del hábitat, se extendían zonas de humedales. El área ocupada por el poblado neolítico era, pues, casi una isla, muy fácil de defender.

El poblado de la Draga
Este yacimiento pertenece al Beolítico antiguo, hace unos 7.000 años. Ocupa unos 10.000 metros cuadrados, de los que un millar permanecen en l’Estany (lago).
La Draga es el único yacimiento prehistórico de ambiente lacustre de la península ibérica. Los 317 palos de las cabañas que se han encontrado y varios objetos de madera, recuperados del agua, lo equiparan a los míticos poblados neolíticos de la región alpina.
Cuando se levantó el poblado, cuyos primeros habitantes vivieron allí entre los años 5.300 y 5.000 antes de Cristo, las aguas del lago se situaban dos metros por debajo respecto a las que permanecen en la actualidad. Por eso, la zona donde se encontraban las cabañas neolíticas, cerca de la antigua orilla, ahora se encuentra inundada.
Los trabajos de excavación y recuperación han podido confirmar a los expertos que las cabañas que habitaba la comunidad neolítica de esta zona estaban separadas unos 10 metros de la antigua orilla del lago.
Con probabilidad se trataban de grandes edificios rectangulares, de 15 por cinco metros. Las paredes se construían con pilares de roble entrelazados con ramas y barro. A su vez, las cubiertas eran de cañizo. Las chozas tenían un área para conservar alimentos y otra para eliminar desechos.

Entre las actividades económicas que se desarrollaban en la época prehistórica en la que se ambienta la novela de Martí Gironell destacaba la economía.
Las minas de Gavá
Un ejemplo se encuentra en las minas de Gavá (Barcelona), uno de los patrimonios arqueológicos más importantes del Neolítico europeo y el conjunto de minas estructuradas en galerías más antiguo de toda Europa, de donde se extraía la variscita, un mineral cuyo color puede ir del verde al rojo que se usaba para tallar joyas y vasijas que se intercambiaban con otros pueblos. “Creían que tenía un poder sobrenatural”, aventura Gironell.
Los restos de la explotación minera de la zona conforman una compleja red de galerías subterráneas excavadas en las rocas de minerales laminares y dispuestas en diferentes niveles, que se comunicaban entre sí, formando salas más amplias, a las que se accedía desde la superficie por medio de pozos o galerías inclinadas.
Las más antiguas comenzaron a excavarse 5.000 años antes de Cristo, y su explotación llegó a durar un milenio. Aparte de variscita, se extrajeron otros minerales como sílex, ópalo, cuarzo o hierro. También se han recuperado restos singulares como el cráneo trepanado y la Venus de Gavà.
El parque arqueológico de las minas de Gavá es visitable y propone al viajero una experiencia única en la que las estructuras mineras conviven con una presentación museográfica moderna en la que se puede conocer cómo vivían y se desarrollaban nuestros antepasados con elementos audiovisuales y multimedia.
Otros grandes yacimientos neolíticos de la Península
Cova de l’Or (Alicante)
Considerada uno de los principales yacimientos del Neolítico antiguo peninsular, ha proporcionado abundantes restos de cerámica cardial, útiles líticos y evidencias de las primeras prácticas agrícolas.
Pla de Petracos (Alicante)
Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO dentro del Arte Rupestre del Arco Mediterráneo, conserva algunas de las manifestaciones religiosas más espectaculares asociadas a los primeros agricultores de la fachada mediterránea.
Cueva de la Carihuela (Granada)
Uno de los enclaves fundamentales para estudiar la transición entre las comunidades mesolíticas y las primeras sociedades productoras del sur peninsular.
El nacimiento del megalitismo
Durante las fases finales del Neolítico aparecieron las primeras construcciones megalíticas. Dólmenes, menhires y sepulcros colectivos comenzaron a formar parte del paisaje peninsular, especialmente en Andalucía, Extremadura, Portugal y la fachada atlántica.
Estas monumentales construcciones reflejan una creciente complejidad social y la aparición de rituales funerarios comunitarios. Por ejemplo, los Dólmenes de Antequera constituyen uno de los conjuntos megalíticos más impresionantes de Europa y representan la culminación de este fenómeno cultural.
Los análisis de ADN antiguo realizados durante los últimos años han permitido conocer mejor quiénes fueron los primeros agricultores de Europa occidental. Los resultados indican que las poblaciones neolíticas llegadas a la Península tenían un origen mayoritario en Anatolia y el Próximo Oriente, aunque terminaron mezclándose con los grupos de cazadores-recolectores que ya habitaban el territorio.
El Neolítico fue mucho más que una etapa de la Prehistoria. Supuso el nacimiento de la agricultura, la ganadería, los primeros poblados permanentes y las bases de la organización social que terminaría dando lugar a las grandes culturas de la Edad de los Metales. Muchos de los paisajes rurales, técnicas agrícolas y formas de ocupación del territorio que hoy conocemos hunden sus raíces en aquellas comunidades que comenzaron a transformar la Península Ibérica hace más de siete mil años.

Cómo llegar a La Draga: Está situado dentro del entorno de Parc de la Draga, en la zona norte de Banyoles, frente al polideportivo municipal y junto al lago. En coche, desde Girona, la distancia aproximada es de 20 km. Unos 25 minutos por la carretera C-66 en dirección Banyoles. Desde Barcelona, la distancia aproximada es de 125 km. La ruta más habitual es AP-7 hasta Girona y posteriormente la C-66 hacia Banyoles.
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