Rica en tradiciones, cultura, historia y arte. Así es la gran azotea de Sevilla. La comarca andaluza del Aljarafe rezuma un pasado de quilates por todos los poros. De su antiquísimo pasado dan fe, por ejemplo, los túmulos megalíticos de la Pastora, Matarubilla y Ontiveras, que se remontan a la Edad del Cobre.
El Aljarafe constituye hoy una de las comarcas más dinámicas y pobladas de Andalucía, pero bajo su creciente expansión urbana sigue conservando un extraordinario patrimonio arqueológico y monumental que abarca desde la Prehistoria hasta la Edad Contemporánea.
Su proximidad a Sevilla la convirtió históricamente en un territorio estratégico y en un fértil espacio agrícola vinculado al olivar, la vid y el comercio fluvial del Guadalquivir.
Los monumentos megalíticos de Valencina de la Concepción y Castilleja de Guzmán forman uno de los conjuntos calcolíticos más importantes de Europa occidental. Las investigaciones de las últimas décadas han revelado que este enorme asentamiento, ocupado hace unos 5.000 años, pudo convertirse en uno de los mayores centros políticos y ceremoniales de la península ibérica durante la Edad del Cobre.
La historia del Aljarafe
Una de las culturas más antiguas que se estableció en el lugar fue la de Tartessos, cuyo legado más conocido es el tesoro del Carambolo, encontrado en el lugar del mismo nombre cercano a Castilleja de la Cuesta y perteneciente al municipio de Camas.
El célebre Tesoro del Carambolo, hallado en 1958, continúa siendo una de las piezas arqueológicas más importantes de España. Las investigaciones actuales consideran que el conjunto, tradicionalmente asociado a Tartessos, estuvo estrechamente relacionado con un santuario fenicio dedicado probablemente a la diosa Astarté, lo que convierte al yacimiento en un magnífico ejemplo del encuentro entre las culturas indígena y oriental en el suroeste peninsular.
Más tarde fueron los romanos quienes ocuparon la zona. Llamaron Vergetum (vergel) a la actual Aljarafe, debido a su fértil producción y exportación de vino y aceite a Roma y otras ciudades del Imperio.
Sus productos se exportaban a numerosos puntos del Imperio y aún se conservan restos de villas, almazaras y antiguos caminos vinculados a aquella intensa actividad económica. De aquella época se conserva el puente romano de Aznalcázar y algunos mosaicos en Castilleja del Campo.

Sin embargo, como poderoso enclave durante la dominación musulmana de Al-Ándalus, Tierras Altas, como así llamaron a esta comarca del oeste sevillano, fue durante este periodo cuando alcanzó su mayor esplendor.
Bajo el dominio musulmán, el Aljarafe alcanzó uno de los momentos de mayor prosperidad de su historia. La comarca se convirtió en una extensa área agrícola especializada en el cultivo del olivo, la vid y los cereales, articulada mediante una compleja red de alquerías, norias y sistemas de regadío cuyos vestigios todavía perviven en muchos de sus municipios.
Sus fértiles suelos en los que predominan el olivar, los frutales y las vides han dejado huella arquitectónica en pórticos y ventanas, alquerías, ermitas, azulejos o iglesias de estilo mudéjar.
Los árabes controlaron estas tierras, pero se toparon con un duro enemigo que les dio batalla: los vikingos, que, procedentes de las costas gallega y portuguesa trataron de remontar el río Guadalquivir tras saquear poblaciones enteras como Medina Sidonia o Cádiz. Fue entonces cuando el califa de Córdoba Abd al-Rahmán II organizó un ejército para defender sus posesiones. Más le valía.
La batalla de Tablada enfrentó al emirato andaluz con las huestes de piratas vikingos a finales del año 844 en la comarca del Aljarafe. Según las crónicas musulmanas, la victoria árabe fue aplastante. Se dice que 30 naves normandas fueron quemadas y cerca de 20.000 invasores perecieron, una cifra que parece exagerada.
Después de la contienda, los supervivientes nórdicos saquearon la localidad onubense de Niebla y prosiguieron rumbo hacia la costa noroccidental de África.
Qué ver en el Aljarafe
Dos joyas del rico patrimonio del Aljarafe son el Palacio de Hernán Cortés, en Castilleja de la Cuesta, y la residencia del Conde Duque de Olivares, en el municipio del mismo nombre.
Junto a estas dos localidades componen la comarca del Aljarafe otros municipios como Bollullos de la Mitación, San Juan de Aznalfarache, Santiponce, Tomares, Villanueva del Ariscal, Bormujos, Camas, Espartinas y otros más. Más o menos unos 30 municipios.
Los amantes del pasado tienen en Santiponce otra excursión de obligadísima visita: el conjunto arqueológico de Itálica, las ruinas de la antigua ciudad romana fundada por Escipión y cuna de dos emperadores hispanos que tuvo Roma: Trajano y Adriano. Bajo su mandato, el Imperio alcanzó y mantuvo su máxima extensión territorial en el siglo II.
El Conjunto Arqueológico de Itálica se ha consolidado en los últimos años como uno de los principales destinos culturales de Andalucía y mantiene su aspiración de ser declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sus excavaciones continúan aportando nuevos datos sobre la ciudad fundada en el año 206 a. C.
Castilleja de Guzmán tiene de interés el Jardín Histórico de J. Nicolá Forestier para los amantes de la botánica, y los devotos de la cerámica tienen que ir a Salteras para contemplar la mejor colección de cerámica de la famosa fábrica Pickman-La Cartuja.
Ya del siglo XIX merece la pena también visitar la Hacienda Pata de Hierro que, sita en Villanueva del Ariscal, alberga una de las bodegas más conocidas de la zona, la de Góngora.
En el año 1942, el arzobispo de Sevilla por aquel entonces, cardenal don Pedro Segura y Sáez, emprendió la magna empresa de construirse sobre la cornisa del Aljarafe un magnífico mausoleo de indefinible estilo, entre mudéjar y barroco, que perpetuara su memoria.

La parte principal, sobre la capilla que contiene los restos del cardenal y su idolatrada hermana Elena, adopta la forma de la Giralda y sirve de pedestal a una gigantesca imagen del Sagrado Corazón de Jesús. El conjunto, que alcanza los 42 metros de altura, es visitable desde la ciudad y sus alrededores.
El interesante complejo funerario-religioso, también conocido como ‘el Vaticano del cardenal’, comprende, entre otros edificios religiosos, tres iglesias, un vía crucis que zigzaguea cornisa arriba, con sus cruces estacionales, un parque aterrazado que se jalona con altares pasionistas y puntos de reposo y meditación adornados de imágenes pintadas o esculpidas. Poca cosa.
El Aljarafe es también una de las grandes comarcas del barroco andaluz. Iglesias, conventos, haciendas de olivar y palacios levantados entre los siglos XVII y XVIII constituyen un excepcional patrimonio monumental que ha valido a algunos municipios el sobrenombre de ‘la otra Sevilla barroca’.
Más allá de sus monumentos, el gran valor del Aljarafe reside en su paisaje histórico: antiguas haciendas de olivar, viñedos, cortijos y miradores naturales sobre la vega del Guadalquivir conforman un territorio en el que naturaleza y patrimonio se encuentran íntimamente ligados.
Antes de viajar conviene consultar la oferta actual de alojamientos y restaurantes, ya que la comarca ha experimentado un importante desarrollo turístico y gastronómico durante la última década, especialmente en localidades como Tomares, Bormujos, Mairena del Aljarafe y San Juan de Aznalfarache.
Recorrer el Aljarafe supone adentrarse en uno de los territorios históricos más fascinantes de Andalucía. Desde los grandes monumentos megalíticos hasta las ruinas de Itálica, pasando por las haciendas barrocas y los paisajes del olivar, esta gran terraza natural sobre el Guadalquivir ofrece al viajero una síntesis excepcional de más de cinco mil años de historia.

