En el corazón de Andalucía, en la provincia de Sevilla, se encuentra una ciudad que parece detenida en el tiempo: Écija, conocida como ‘la sartén de Andalucía’ por sus altas temperaturas estivales, pero también como ‘la ciudad de las torres’ por sus numerosas iglesias y campanarios.
Sin embargo, entre sus joyas patrimoniales más antiguas y singulares destaca un elemento que conecta al visitante con una forma ancestral de medir el tiempo: el reloj de sol más antiguo que se conserva en España.
Un vestigio romano en Écija: el reloj de sol más antiguo del país
El reloj de sol de Écija no es un objeto cualquiera ni un simple instrumento decorativo; es una pieza arqueológica de gran valor histórico y científico. Este reloj de sol data del siglo I d.C., en plena época del Imperio Romano, cuando la ciudad era conocida como Astigi, una de las colonias más importantes de la Bética.
Se trata de un hemiciclo solar, también conocido como reloj de sol hemisférico o hemiesférico. Su forma es similar a la mitad de una esfera cóncava con líneas horarias grabadas en su superficie.
En el centro se insertaba un gnomon, una pequeña varilla que proyectaba la sombra del sol sobre las líneas, indicando así la hora solar verdadera. Este tipo de relojes no era frecuente en Hispania y revela el alto grado de romanización y conocimiento astronómico de los habitantes de Astigi.
El reloj se encuentra en la iglesia de Santa Cruz de Écija y tiene una numeración en rojo en caracteres arábigos que comienza a las cinco de la mañana y termina a las cuatro de la tarde.
El Museo Histórico Municipal: guardianes del tiempo
El Museo Histórico Municipal es otro motivo para visitar Écija. Es uno de los museos arqueológicos más ricos y completos de Andalucía. Su colección abarca desde la prehistoria hasta la Edad Moderna, y destaca por su cuidada museografía y la calidad de sus piezas.
Entre sus tesoros arqueológicos se encuentran esculturas romanas, mosaicos, cerámicas, y elementos arquitectónicos rescatados de antiguas villas y necrópolis. También sobresale el mosaico de la Aurora, considerado uno de los más bellos del mundo romano en España.
Pero sin duda, el reloj de sol es una de las piezas estrella, tanto por su antigüedad como por su simbolismo: representa la relación entre el ser humano y el cosmos, entre el tiempo y la civilización.
Écija romana: Astigi, cruce de caminos
Para entender la importancia del reloj de sol, es fundamental comprender el papel que jugó Écija en época romana. Astigi fue una colonia romana fundada por Augusto, y formó parte de la estratégica Vía Augusta, la calzada que unía el sur de Hispania con Roma. Su ubicación en el valle del río Genil la convirtió en un núcleo comercial, agrícola y administrativo de primer orden.
La ciudad contaba con teatro, termas, acueductos y templos, y muchas de sus estructuras aún permanecen bajo las calles actuales, esperando a ser redescubiertas.
La riqueza del subsuelo de Écija ha hecho que cada vez que se realizan obras públicas o construcciones, aparezcan nuevos hallazgos arqueológicos, lo que le ha valido el sobrenombre de ‘la Pompeya andaluza‘.
Una ciudad monumental: más allá del reloj de sol
Pero Écija no es solo historia romana. Es también un catálogo de estilos artísticos que van del gótico al barroco, pasando por el renacimiento y el mudéjar. Quien la visita se ve sorprendido por su patrimonio monumental, muchas veces desconocido para el gran público.
Las torres barrocas: emblema de la ciudad
Écija es conocida por sus torres barrocas, que salpican su horizonte con siluetas elegantes y coloridas. La ciudad llegó a tener más de 30 torres, muchas de ellas pertenecientes a iglesias y conventos. Algunas de las más destacadas son:
- La torre de la iglesia de San Juan Bautista, quizás la más emblemática, con una rica decoración cerámica y una estructura estilizada que la hace visible desde varios kilómetros de distancia.
- La torre de la iglesia de Santa María, de origen mudéjar, posteriormente remodelada en época barroca.
- La torre de San Gil, con una elegante combinación de ladrillo visto y azulejería.
Este conjunto de torres ha convertido a Écija en un verdadero referente del barroco andaluz, comparable al de otras ciudades como Sevilla o Córdoba.
Palacios y casas señoriales
Écija fue también una ciudad de nobleza y señorío. En sus calles se conservan numerosos palacios y casas solariegas, testimonio de la riqueza que acumuló la ciudad entre los siglos XVI y XVIII gracias a la agricultura, el comercio y su conexión con América.
Uno de los más impresionantes es el Palacio de Peñaflor, famoso por su fachada de casi 60 metros, sus balcones corridos y los frescos que la decoran. Este palacio ha sido recientemente restaurado y está llamado a convertirse en uno de los principales espacios culturales de la ciudad.
También merecen mención el Palacio de Valdehermoso, el Palacio de los Marqueses de Benamejí (sede del museo) y la Casa-Palacio de los Cárdenas, ejemplos de arquitectura civil andaluza con patios interiores, escaleras de mármol y artesonados de madera.

Iglesias y conventos
Écija cuenta con una sorprendente densidad de iglesias, conventos y ermitas, lo que le da un aire de ciudad conventual y devota. Entre ellas destacan:
- La iglesia de Santa María, construida sobre una antigua mezquita, con un espléndido retablo mayor.
- San Juan Bautista, con obras de arte de gran calidad, como el retablo de Pedro Roldán.
- San Gil, con influencias góticas y mudéjares.
- La iglesia de los Descalzos, de gran belleza barroca.
Además, los conventos de religiosas siguen activos y ofrecen dulces artesanales, como yemas, empanadillas o pestiños, que se venden en los locutorios de clausura.
Qué más ver y hacer en Écija
Además de sumergirse en su patrimonio monumental, Écija ofrece otros alicientes para el visitante:
- Pasear por sus plazas y callejuelas: La Plaza de España (también llamada ‘El Salón’) es el centro neurálgico de la ciudad, con terrazas y ambiente local. Muy cerca, se encuentran calles estrechas, patios floridos y callejones con encanto.
- Descubrir sus museos temáticos, como el Museo del Aceite, que muestra la importancia del olivar en la economía local.
- Degustar su gastronomía, donde destacan platos como el salmorejo ecijano, las espinacas con garbanzos, los huevos nevados o la carne de caza. Las tapas en los bares de la ciudad permiten una ruta gastronómica muy andaluza y asequible.
- Visitar Écija en fiestas: La Semana Santa es muy popular, con pasos procesionales que recorren el casco histórico. Otras fiestas importantes son la feria de septiembre, las romerías y la Cabalgata de Reyes Magos, que se celebra con gran entusiasmo.
El reloj de sol de Écija no solo marca las horas: marca también un legado que se remonta a dos mil años de historia. Es testigo de la presencia romana, del esplendor barroco, de la devoción religiosa y del alma andaluza que aún pervive en sus calles.
Écija es una ciudad que invita a mirar al pasado sin dejar de disfrutar el presente, donde cada piedra y cada torre cuentan una historia.
Visitar Écija es, en cierto modo, viajar en el tiempo. Y gracias a ese antiguo reloj solar, uno puede sentirse por un instante como un ciudadano de Astigi, mirando el cielo para saber la hora, y comprendiendo que, en esta ciudad luminosa, el tiempo no se mide, se vive.
