Cutanda, pedanía de Calamocha (Teruel), es uno de esos lugares donde el mapa parece más grande que el censo. La despoblación aprieta, sí, pero aquí el paisaje guarda una escena decisiva: el 17 de junio de 1120, en estas llanuras del Jiloca, una victoria de Alfonso I el Batallador frenó el intento almorávide de devolver Zaragoza al Islam y reordenó el tablero del valle del Ebro.
La batalla de Cutanda
Para entender Cutanda hay que retroceder hasta el año 1118, año en el que había caído Zaragoza y los almorávides prepararon una respuesta. Alfonso I estaba en campaña hacia el sur cuando recibió noticia de un gran ejército que subía para intentar cortar esa expansión. Eligió interceptarlo y el choque se produjo en Cutanda, en el corredor natural entre el Jiloca y las rutas hacia el Jalón.
Las crónicas hablan de contingentes enormes, miles y miles de hombres, incluso camellos como parte del tren logístico, pero conviene leer esas cifras con cautela: en la Edad Media, los números también eran propaganda. Lo que sí parece firme es el resultado: una derrota severa que dejó a Alfonso con el camino más despejado para consolidar posiciones y presionar plazas clave del entorno.
De hecho, la campaña de 1120 está directamente asociada a la toma de Calatayud tras Cutanda, y la ocupación de los territorios de Calatayud y Daroca se sitúa en ese mismo año en estudios sobre la organización medieval aragonesa.
El choque de 1120 resultó trascendente para la configuración del reino de Aragón al precipitar la conquista de los valles del Jiloca y el Jalón.
Se trata de un acontecimiento de la categoría histórica de Las Navas de Tolosa, pero que ha sido olvidado por los libros. Para vencer a sus enemigos, Alfonso I contó con la inestimable ayuda de Guillermo IX el Trovador, duque de Aquitania. Como consecuencia de la batalla, el rey aragonés se apoderó de las fortalezas de Calatayud y Daroca.
El desastre militar acabó con las esperanzas de recuperar Zaragoza para el Islam. Las fuentes musulmanas no dejan de reconocer la decisiva derrota y las numerosas bajas que hubo en la batalla.
La contienda pasó a formar parte del acervo popular mediante la expresión «peor fue que la de Cutanda» o «peor fue la de Cutanda» con el sentido de minimizar desgracias.
La búsqueda del emplazamiento de la batalla forma parte de los actos preparatorios del 900 aniversario del acontecimiento. Los vecinos del lugar se han implicado a fondo y desde el verano pasado se han puesto manos a la obra para encontrar restos de la contienda. La gran cantidad de restos ha retrasado la prospección, que se ha limitado a 35 hectáreas.
Años después, las intervenciones en el entorno del castillo han ido dibujando un yacimiento mucho más profundo y largo en el tiempo: se han descrito miles de piezas arqueológicas de distintos periodos, con presencia destacada de materiales andalusíes y también rastros prehistóricos inesperados en campañas recientes.
Y, en paralelo, el proyecto para “poner coordenadas” al combate ha llegado a señalar incluso áreas relacionadas con la logística del ejército almorávide gracias a la lectura del material cerámico.

Situada a 83 kilómetros de Teruel, Cutanda apenas llega al centenar de habitantes. En el lugar no hay muchas cosas que ver, pero aun así merece la pena visitar el pueblo.
Qué ver en Cutanda
Quizá por la historia que conserva, el viajero podrá acercarse hasta un otero próximo a Cutanda para contemplar las ruinas de su castillo, que se reducen a un muro de 12 metros de longitud y dos de espesor recubierto de sillería.
La fortaleza es conocida por la victoria de Alfonso I, fue atacada por los castellanos en 1445, y todavía estaba en servicio en 1839, aunque no la asaltaron los carlistas, pero se derruyó después de la segunda guerra carlista.
Cutanda es un pequeño apunte sobre la historia de la provincia de Teruel. La región cuenta con comarcas de pasado relevante, como el Matarraña, lugares de indudable belleza como Albarracín, o Alcañiz, uno de los centros de operaciones de la Orden de Calatrava durante la Edad Media. Los pasos del viajero también le pueden llevar a Mirambel o Poyo del Cid. Hay mucho donde elegir. Teruel claro que existe, y su historia no pasa inadvertida.
Del castillo queda hoy un perfil recortado contra el cielo, pero su biografía fue agitada: la fortaleza se vincula a la memoria de la victoria de Alfonso I; fue atacada en 1445 y, siglos después, las guerras carlistas la dejaron prácticamente arruinada. Visitarla no es “ver un castillo”, sino asomarse a un otero desde el que se entiende por qué este punto importaba
Dónde comer y dormir: Cutanda es pequeña, en el recuento de 2024 figura con 56 habitantes, así que lo práctico es apoyarse en Calamocha para dormir y comer. Para alojamiento, el Hotel Lázaro mantiene su ubicación en la carretera (Ctra. Sagunto–Burgos, km 192) y el contacto oficial actualizado. Y para mesa, el Restaurante Carlos Arguiñano (C/ Teruel, 5) sigue siendo una dirección local muy reconocible.

