Con 13 hectáreas de superficie y una muralla de más de 2.000 metros de recorrido, se trata del asentamiento fortificado más grande que se conozca en los confines orientales del área cultural tartésica. Es el yacimiento fenicio de Castillejos de Alcorrín.
Y quizá el descubrimiento de los restos fenicios más antiguos de Andalucía, que datan de finales del siglo IX antes de Cristo o bien a principios del siglo VIII a.C.
Manilva, una localidad costera situada en el extremo occidental de la provincia de Málaga, es conocida por sus playas, su clima mediterráneo y su tradición vinícola.
Sin embargo, en los últimos años ha ganado notoriedad por un hallazgo arqueológico que está revolucionando nuestra comprensión del pasado prehistórico en la península ibérica: el yacimiento de Castillejos de Alcorrín.
Este asentamiento fortificado, situado a pocos kilómetros del mar, se perfila como una de las principales referencias arqueológicas del Bronce Final en el sur de Europa.
¿Qué es el yacimiento de Castillejos de Alcorrín?
El yacimiento de Castillejos de Alcorrín, también conocido como ‘Alcorrín’, se localiza en una elevación natural en el término municipal de Manilva, con vistas al mar Mediterráneo y a escasos kilómetros del Estrecho de Gibraltar.
Fue descubierto en los años 70 del pasado siglo, pero no ha sido hasta tiempos recientes cuando se ha reconocido su verdadera relevancia arqueológica.
Este enclave arqueológico corresponde a una gran fortaleza del Bronce Final, fechada en torno al 1200-800 a.C., es decir, más de mil años antes de la llegada de los romanos.
Lo que lo hace especialmente importante es su compleja estructura defensiva, su extensión y su estratégica ubicación en la ruta marítima entre el Mediterráneo y el Atlántico.
Una acrópolis fortificada sin precedentes
Uno de los aspectos más impresionantes de Castillejos de Alcorrín es su sistema defensivo. La fortificación se compone de una serie de murallas de piedra ciclópea, algunas de hasta 2,5 metros de grosor, que rodean la colina de manera concéntrica, con torres y bastiones que anticipan la arquitectura militar de épocas mucho más recientes.
Estas estructuras no solo reflejan un alto conocimiento técnico para su época, sino también una clara necesidad de defensa frente a amenazas exteriores, lo que sugiere una época de conflictos y competencia por los recursos.
Desde este emplazamiento se controlaba el acceso hacia un hinterland rico en minerales, al norte de la desembocadura del rio Guadiaro donde se fundó un establecimiento fenicio cerca de Casa de Montilla (San Roque, Cádiz), precisamente cuando se fundó el asentamiento de Los Castillejos de Alcorrín.
La monumentalidad del conjunto ha llevado a los arqueólogos a considerar Alcorrín como un posible centro de poder regional o incluso un enclave con influencia suprarregional.
Un punto clave entre dos mundos: el Mediterráneo y el Atlántico
Desde un punto de vista geográfico, Castillejos de Alcorrín se encuentra en una posición estratégica: en la entrada del Estrecho de Gibraltar, lo que lo convierte en un punto de control clave entre el Mediterráneo oriental y el Atlántico europeo.
Este emplazamiento sugiere que la fortaleza no solo cumplía funciones defensivas, sino también comerciales. El control de rutas marítimas y el intercambio de metales, cerámicas y productos agrícolas podrían haber sido fundamentales en el desarrollo del asentamiento.
Algunos investigadores sostienen que Alcorrín podría haber sido uno de los primeros enclaves que articulaban el comercio de metales (especialmente cobre y estaño) entre la península ibérica y otras culturas del Mediterráneo, como los micénicos o los fenicios.
Un referente en la investigación del Bronce Final
Durante mucho tiempo, el Bronce Final en el sur de la península ibérica fue considerado un periodo poco documentado y de transición. Sin embargo, el estudio de Alcorrín está ayudando a redefinir esta etapa como un momento de intensa actividad cultural, social y económica.
Los trabajos de excavación y prospección realizados en los últimos años han permitido descubrir no solo las murallas, sino también estructuras internas como viviendas, espacios de almacenamiento y talleres.
Además, se han recuperado materiales como cerámicas decoradas, que permiten establecer conexiones culturales; utensilios metálicos, que indican producción local de herramientas y armas; o restos de fauna y semillas, fundamentales para conocer la dieta y economía agrícola del asentamiento.
Estas evidencias apuntan a una sociedad compleja, jerarquizada, con contactos internacionales y capaz de construir una infraestructura monumental con medios limitados.
Alcorrín y el debate sobre Tartessos
Uno de los aspectos más fascinantes del yacimiento es su posible relación con la cultura tartésica, una civilización mítica que floreció en el suroeste de la península ibérica entre los siglos IX y VI a.C.
Algunos arqueólogos sostienen que Alcorrín pudo haber sido un precursor o antecesor directo del mundo tartésico, aportando claves sobre sus orígenes.
La monumentalidad de la muralla, su cronología anterior a los primeros asentamientos fenicios en el sur peninsular, y su potencial vinculación con redes de comercio internacionales, lo convierten en una pieza clave para entender el surgimiento de Tartessos y su posterior desarrollo cultural y económico.
En el interior de la muralla se han encontrado varios fosos y dos edificaciones, una de ellas, de planta rectangular con tres habitaciones con un porche trapezoidal tapizado con conchas.
Una casa de tipo mediterráneo, única para la época en una población nativa, que pervivía dentro de la cultura de la Edad de Bronce y que bien podría ser tartesa.
Un patrimonio en proceso de protección
A pesar de su importancia, el yacimiento ha estado históricamente desprotegido y amenazado por la expansión urbanística y agrícola.
Sin embargo, en los últimos años, tanto el Ayuntamiento de Manilva como la Junta de Andalucía han mostrado un creciente interés por su conservación y puesta en valor.
Diversas instituciones académicas, como la Universidad de Sevilla o la Universidad de Huelva, han impulsado proyectos de investigación, divulgación y protección.
Se espera que, en el corto plazo, Castillejos de Alcorrín sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo que garantizaría su protección legal y abriría la puerta a su musealización y aprovechamiento turístico.
Potencial turístico y educativo del yacimiento
La combinación de historia, paisaje y accesibilidad hacen de Castillejos de Alcorrín un lugar ideal para ser incluido en rutas culturales y educativas.
Su cercanía a puntos turísticos como Estepona, Casares, Sotogrande o Gibraltar lo convierten en un destino estratégico para visitantes interesados en el patrimonio arqueológico andaluz.
La posibilidad de desarrollar un centro de interpretación, señalización de rutas, visitas guiadas o incluso reconstrucciones virtuales, permitiría no solo divulgar el conocimiento generado por los arqueólogos, sino también fomentar el turismo cultural sostenible en la Costa del Sol occidental.

