La Alcarria, la comarca de las mieles, cuenta con un importante patrimonio monumental, natural e histórico que conviene explorar de manera sosegada. Y el corazón de esa Alcarria es Brihuega, llamada también ‘Jardín de la Alcarria’, una villa histórica y monumental situada en un altiplano desde el que se dominan los bellos parajes del valle de Tajuña.
Como podrá apreciar el viajero a continuación, Brihuega es uno de esos lugares no turísticos de Castilla-La Mancha, que no suelen aparecer en las guías convencionales, pero que los amantes del pasado y la historia deben marcar en rojo dentro de su agenda viajera.
Conocida como el Jardín de la Alcarria, Brihuega ha pasado en pocos años de ser una villa histórica relativamente desconocida a convertirse en uno de los destinos rurales más fotografiados de España gracias a sus campos de lavanda.
Sin embargo, más allá de sus paisajes violetas, Brihuega conserva uno de los conjuntos históricos más interesantes de Castilla-La Mancha, marcado por murallas medievales, cuevas subterráneas y siglos de historia vinculada a arzobispos, guerras y rutas comerciales.
La historia de Brihuega
Sus orígenes se remontan a la época de los celtíberos, como demuestran los restos hallados en la vega del Tajuña. Más tarde, Brihuega pasó a manos de los romanos (siglo II a.C.) y recibió el nombre de Castrum Brioga.
En la Edad Media se conoció como Brioga. Conquistada a los árabes por Alfonso VI, a comienzos del siglo XIII recibió sus fueros. De ese siglo datan la mayor parte de sus principales monumentos.

Brihuega fue un enclave estratégico desde época islámica y alcanzó gran importancia durante la Reconquista gracias a su posición defensiva sobre el valle del Tajuña.
Tras la conquista cristiana, Alfonso VI entregó la villa a los arzobispos de Toledo, iniciándose un largo periodo de señorío eclesiástico que marcaría profundamente la arquitectura y organización urbana de la localidad. En el siglo XVI pasó a poder de la corona tras pertenecer a los arzobispos de Toledo.
Brihuega ha sido escenario de diferentes acontecimientos bélicos de significativa importancia. En 1455, Brihuega sufrió un asedio durante los nueve días que preceden a la festividad de Pentecostés, cuando reinaba en Castilla Juan II y en Navarra el también llamado Juan II, que pretendía usurpar el trono castellano. Pero el asalto no llegó a realizarse.
La Guerra de Sucesión
A finales de 1710 fue asaltada por las tropas del Borbón Felipe V en uno de los episodios más trascendentes de la Guerra de Sucesión. Las tropas británicas del general James Stanhope se vieron obligadas a capitular.
Los británicos, que apoyaban a la casa de los Austrias, fueron atacados y derrotados por el ejército franco-español al mando de Luis José de Borbón, Duque de Vendôme.
Al día siguiente tuvo lugar la batalla de Villaviciosa. El jefe de las tropas austriacas, Guido von Starhemberg, que había recibido demasiado tarde noticias del peligro en que se encontraba el grupo británico, retrocedió de inmediato y plantó cara al ejército franco-español en una sangrienta batalla en los alrededores de la localidad vecina de Villaviciosa de Tajuña. Ambos bandos la consideraron una victoria y perdieron unos 3.000 efectivos en el campo de batalla.
No fue la única contienda en la que resultó protagonista la localidad alcarreña. Por sus calles se desarrolló, en 1937, gran parte de la Batalla de Guadalajara perteneciente a la Guerra Civil española, en la que resultó vencedor el bando republicano frente a las tropas sublevadas, la mayoría de ellas compuestas por efectivos de origen italiano.
Fue la primera victoria del ejército que representaba al gobierno legítimo. Hoy, un árbol del frondoso jardín que rodeaba el palacio de Ibarra (en ruinas), recuerda que en este lugar se libró una contienda que resultó decisiva.
Su impotencia fue tal que el escritor Ernst Hemingway, por aquel entonces corresponsal de guerra en España, redactó: «Este corresponsal que ha estado estudiando la batalla durante cuatro días, revisando las posiciones sobre el terreno, con los comandantes que la dirigieron y los oficiales que lucharon en ella, y siguiendo las huellas de los tanques, declara rotundamente que Brihuega tendrá un lugar en historia militar junto a otras batallas decisivas en el mundo».
Qué ver en Brihuega
A la entrada del casco antiguo, declarado Conjunto Histórico-Artístico, el viajero encuentra el rollo o la picota, símbolo jurisdiccional y lugar de ejecuciones, y los lienzos de muralla comprendidos entre la puerta de la Cadena y el Arco del Corazón.
Un paseo por calles que alternan la arquitectura popular con mansiones nobles de más fuste nos conduce a la plaza porticada del Coso, donde se conserva la cárcel de tiempos de Carlos III.
Arriba, el castillo de Peña Bermeja, con su espacioso patio de armas y su capilla gótico-mudéjar (siglo XIII). Esta fortaleza, de origen andalusí, fue uno de los grandes bastiones defensivos de la comarca y todavía conserva parte de su estructura medieval integrada en el paisaje urbano.
El viajero prosigue por la iglesia gótica de Santa María de la Peña (siglo XIII), cuya portada es románica. La iglesia de San Miguel, del siglo XIII y de notables reformas barrocas, tiene una portada románica de estilo cisterciense con arquivoltas.
Mientras, la iglesia de San Felipe, que figura entre los mejores conjuntos de la villa, muestra una portada de arcos apuntados, capiteles, rosetón y alero sostenido por canecillos zoomórficos.
Queda por ver la Real Fábrica de Paños (siglo XVIII), circular, portada barroca, que conserva unos románticos jardines. Durante el siglo XVIII, Brihuega vivió un importante desarrollo económico gracias a esta Real Fábrica, impulsada bajo el reinado de Fernando VI.
El complejo industrial, hoy convertido parcialmente en espacio cultural y turístico, recuerda el pasado manufacturero de la villa.
Las cuevas árabes de Brihuega
Bajo las calles de Brihuega se esconde una impresionante red de galerías subterráneas de origen medieval que supera los ocho kilómetros de longitud.
Estas cuevas fueron utilizadas durante siglos como almacenes, bodegas, refugios y estructuras defensivas gracias a su temperatura constante.
Actualmente parte del recorrido puede visitarse y constituye una de las experiencias más singulares del turismo histórico en Guadalajara.

Los campos de lavanda: el fenómeno turístico que transformó Brihuega
Cada verano, entre finales de junio y julio, los campos de lavanda y espliego convierten el entorno de Brihuega en un paisaje que recuerda a la Provenza francesa.
La floración ha impulsado un enorme crecimiento turístico y cultural, incluyendo conciertos al atardecer, festivales y experiencias gastronómicas relacionadas con la lavanda.
El fenómeno ha transformado la economía local y ha convertido a Brihuega en uno de los destinos rurales más populares de España.
Algunos vecinos recuerdan que tradicionalmente el cultivo predominante era el espliego silvestre y no la lavanda ornamental que hoy protagoniza las campañas turísticas.
En Brihuega se celebran los encierros más antiguos de España, que convocan a una multitud en torno a los valles y barrancos que rodean la población. Mientras, en el cercano pueblo de Torija se conserva un castillo de supuesto origen templario que alberga en su torre del homenaje un museo dedicado al libro Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela.
El periodista y escritor Manu Leguineche encontró en Brihuega uno de sus grandes refugios personales y culturales. La localidad trabaja actualmente en la creación de una casa museo y un espacio cultural dedicado a su legado periodístico.
Pasear por Brihuega supone atravesar puertas medievales, descender a túneles históricos y descubrir plazas tranquilas donde todavía se conserva la atmósfera pausada de la Alcarria.
Las vistas sobre el valle del Tajuña y los jardines históricos convierten la localidad en un destino especialmente fotogénico durante cualquier época del año.
Y no olvidemos su excelente gastronomía. Ya que mantiene la esencia tradicional de la Alcarria, con platos como las migas, el cabrito asado, las gachas y la miel alcarreña con denominación de origen. Muchos restaurantes locales incorporan actualmente productos derivados de la lavanda en postres, infusiones y bebidas.
Por esta y todas las razones expuestas, no le cabe duda al viajero que debe hacer una parada con historia en Brihuega. Se empapará de pasado. Seguro que no le decepcionará.
Cómo llegar a Brihuega: A unos 90 kilómetros de Madrid, es una de las escapadas rurales más populares del centro de España, especialmente durante la floración de la lavanda. La forma más rápida y práctica de llegar es por carretera. Desde Madrid, hay que ir por la CM-2011 hasta llegar a Brihuega. Tomar la autovía A-2 dirección Zaragoza/Barcelona. Coger la salida 73 hacia Torija / Brihuega.

