La presencia del Imperio Bizantino en Hispania fue breve, aproximadamente entre los años 552 y 624 d.C. Durante ese tiempo, los bizantinos controlaron parte del litoral del sureste y sur peninsular, una provincia conocida como Spania.
¿Qué fue el Imperio Bizantino?
El Imperio Bizantino fue la continuación del Imperio Romano en Oriente tras la caída de Roma occidental en el año 476. Sus habitantes se consideraban romanos, aunque con el paso de los siglos desarrollaron una cultura propia marcada por la lengua griega, el cristianismo ortodoxo y la influencia oriental.
Su capital fue Constantinopla, fundada por Constantino I sobre la antigua ciudad griega de Bizancio. De ahí procede el nombre ‘bizantino’, aunque ese término empezó a usarse mucho después; ellos mismos hablaban del Imperio Romano.
El imperio sobrevivió casi mil años más que Roma occidental, hasta que cayó Constantinopla en 1453, cuando los otomanos dirigidos por Mehmed II conquistaron la ciudad.
El Monastil de Elda
Uno de los hallazgos más importantes localizados en territorio peninsular es el yacimiento de El Monastil, en Elda (Alicante), donde se identificó lo que muchos arqueólogos consideran el primer monasterio bizantino documentado de la península ibérica.
Allí aparecieron objetos litúrgicos orientales, inscripciones griegas, elementos arquitectónicos bizantinos y piezas relacionadas con el ritual cristiano oriental.

Los primeros indicios de ocupación se remontan al Calcolítico y la Edad del Bronce, donde pequeñas comunidades aprovecharon la altura del cerro para establecer poblados fortificados.
Durante los siglos V al I a.C., El Monastil se convirtió en un importante oppidum (pueblo fortificado). Las excavaciones han revelado viviendas, murallas y una producción cerámica de gran calidad, destacando el estilo decorativo conocido como ‘tipo El Monastil’.
Con la romanización, el asentamiento mantuvo su relevancia. Se identifica este lugar con la antigua ciudad de Elo mencionado en las fuentes latinas. Durante este periodo, el yacimiento funcionó como un centro de producción económica, especialmente vinculado a la alfarería y la agricultura.
Este enclave se alzaba en un punto estratégico de la Vía Augusta, controlando el corredor del Vinalopó y conectado con la cercana Ilici Augusta, núcleo clave del dominio bizantino en la región. Su localización permitía supervisar tanto rutas comerciales como movimientos militares.
Un enclave bizantino excepcional
Uno de los hallazgos más extraordinarios de El Monastil es su basílica paleocristiana y el conjunto eclesiástico de los siglos VI y VII d.C. La presencia de una sede episcopal en esta zona subraya la importancia político-religiosa que alcanzó el enclave antes de la invasión islámica.
Dos placas de hierro pertenecientes a una armadura laminar evidencian la presencia de caballería bizantina, mientras que siete pesas de bronce utilizadas para recaudar impuestos apuntan a una función fiscal directamente vinculada a la Iglesia.
Entre los restos más sorprendentes destaca un altar de mármol blanco procedente de la isla griega de Paros, prueba de conexiones comerciales y culturales de largo alcance. Aún más revelador es un píxide de marfil decorado con la escena de Hércules capturando a la cierva de Cerinea.
Más que una fortaleza aislada, El Monastil fue probablemente un vicus, un núcleo habitado estrechamente ligado al territorio de Ilici. Su evolución (de enclave romano a bastión bizantino, sede visigoda y finalmente espacio islámico) condensa en un solo lugar la compleja transición entre la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media en la península ibérica.

Otros lugares arqueológicos bizantinos
Además de Elda, hay otros lugares importantes vinculados a la presencia bizantina: como Cartagena, conocida en época bizantina como Cartago Spartaria, que fue probablemente la capital de la provincia bizantina de Spania. Allí se han encontrado murallas, cerámicas orientales, monedas y restos urbanos de época bizantina.
Málaga y parte de la costa andaluza también estuvieron bajo dominio bizantino, aunque los restos conservados son más difíciles de identificar porque muchas estructuras fueron reutilizadas por visigodos y musulmanes.
En Medina Sidonia (Cádiz) existen vestigios relacionados con la reconquista visigoda de territorios ocupados por Bizancio y restos paleocristianos de esa época.
Las Islas Baleares permanecieron más tiempo bajo influencia bizantina y conservan numerosos restos paleocristianos y bizantinos, especialmente basílicas y necrópolis.
El problema principal para identificar restos bizantinos en Hispania es que muchas veces se confunden con restos visigodos tardorromanos, ya que compartían numerosos elementos culturales y arquitectónicos. Por eso descubrimientos como el de El Monastil han sido tan importantes para la arqueología española.
Cómo llegar al Monastil: Coger la carretera CV-835. Salida Elda-Hospital desde la autovía A-31 (Madrid-Alicante).
Cabezo del Molino de Rojales
De monasterios y basílicas pasamos a camposantos. Sin salir de la provincia de Alicante, la mayor necrópolis o cementerio de origen bizantino hallado hasta el momento en la península ibérica se sitúa en el yacimiento arqueológico del Cabezo del Molino de Rojales, según explica la investigadora Teresa Ximénez, arqueóloga del Museo Arqueológico de Alicante (Marq).
Es además el mejor conservado de esta etapa histórica que data de los siglos VI y VII (Bajo Imperio Romano). Tras realizar un estudio utilizando un georadar se calcula que en esta necrópolis bizantina pueden encontrarse unas 300 fosas de enterramiento excavadas en el cerro de duna fósil donde se sitúa el yacimiento arqueológico.
Hasta el momento han sido excavadas 30 tumbas que albergaban 50 individuos de diferentes edades y sexos. Las excavaciones han descubierto también ajuares, broches y numeroso material cerámico.
Alguna de las tumbas excavadas en roca contenía uno o varios individuos y se encontraban cubiertas con lascas de piedra o tejas de cerámica. Algunas de ellas llevan talladas el símbolo XP, en alfabeto griego, conocido como crismón o anagrama de Cristo.
Las excavaciones arqueológicas del Cabezo del Molino han determinado una larga cronología humana de ocupación que comienza en el siglo IV-III antes de Cristo con la cultura ibérica. Le sigue una presencia tardorromana entre los siglos IV-V y ya en los siglos VI-VII Bizancio. Termina la ocupación en los siglos VIII y IX con una presencia musulmana.
Cómo llegar: El yacimiento se encuentra en las afueras de Rojales, junto al río Segura, en la dirección calle Limonar, 39.
