Baiona, el primer lugar que conoció el descubrimiento de América


Fue Baiona, en las Rías Baixas gallegas, el primer lugar de Europa que tuvo noticias sobre el descubrimiento de América, al llegar hasta su costa La Pinta, una de las carabelas que capitaneó Cristóbal Colón durante su expedición a las Indias.

Ocurrió en marzo de 1493. Para conmemorar aquella fecha se celebra, cada 1 de marzo, la Festa da Arribada, que se festeja en torno a la réplica que de la embarcación existe en uno de los muelles del Puerto. Un monolito en la plaza del Ayuntamiento recuerda Baiona y el Descubrimiento de América.

Y es que Baiona es de esos lugares que, sin promesas grandilocuentes para merecer una visita, lo tiene todo para construir un recuerdo memorable en la mente del viajero. Basta con llegar, mirar alrededor y entender que aquí han pasado cosas importantes… y que, de algún modo, todavía siguen pasando.

Baiona tiene contexto, un marco de excepción construido gracias a su puerto, sus calles de piedra y su excepcional ubicación frente al Atlántico. Un simple paseo será suficiente para que penetre la sensación de estar pisando un lugar donde la historia sigue viva, mezclada con la vida diaria.

Un poco más adelante, cuando ya te has acostumbrado al ritmo tranquilo del lugar, aparece otra conexión con el pasado viajero de Baiona. Muchos peregrinos eligen iniciar aquí el Camino de Santiago desde Baiona, una variante costera con menos ruido y mucho sentido histórico.

Si el viajero quieres profundizar en este particular recorrido, puedes hacerlo en este enlace: https://www.mundiplus.com/caminos/a-pie/camino-portugues-costa/camino-de-santiago-desde-baiona/ Más que ruta alternativa, los expertos afirman que es una forma distinta de empezar el camino, más pausada, más pegada al mar.

Hermanada con Palos de la Frontera

El día 1 de marzo de 1977 se produjo el hermanamiento oficial de esta villa con la ciudad onubense de Palos de la Frontera (cuna del Descubrimiento de América), puerto de donde salieron las carabelas descubridoras el 3 de agosto de 1492.

Baiona (Pontevedra), bañada por el océano Atlántico, tiene raíces marineras, tal y como queda reflejado en su monumento más popular, la Virgen de la Roca, realizada en granito en los años 30 del pasado siglo sobre las rocas del monte Sasón.

La espectacular virgen sostiene, en una de sus manos, una barca-mirador a la que se accede después de subir una escalera de piedra.

Las primeras referencias históricas de la villa son de principios del siglo XIII, si bien existen noticias anteriores del desaparecido cenobio de San Cosme de Baíña.

Los restos castreños y romanos son escasos en todo el municipio gallego, contándose con una área extensa de petroglifos en Baíña y una calzada romana que discurre por la Groba hacia Vigo.

castillo de Biona
Castillo de Monterreal.

Alfonso VII le dio a Baiona su nombre actual, que sustituía al anterior de Erizana. Durante la Edad Media, Baiona tuvo una vida agitada, dada su importancia estratégica, con su puerto natural cerrado y defendido por el Monte Ferro y los islotes de As Serralleiras y As Estelas. Fue en Baiona donde el temido Pero (o Pedro) Maruga proclamó rey de Castilla a Fernando I de Portugal.

De ruta por su calles y tapeo de marisco

Pero en esta localidad gallega, ubicada en la provincia de Pontevedra, hay muchas otras cosas que hacer, además de mirar. Una de ellas es caminar por su casco antiguo de estrechas callejuelas y disfrutar del marisco que ofrecen sus tabernas.

El casco antiguo tiene esa irregularidad propia de los sitios que han crecido con el tiempo, adaptándose a la idiosincrasia de sus gentes y del océano.

En ese recorrido aparece la Fortaleza de Monterreal. Sus murallas, hoy perfectamente transitables, fueron durante siglos un elemento clave de defensa.

Ensenada Baiona
Ensenada y bahía de Baiona.

Por estas tierras el caudillo lusitano Viriato combatió con fiereza las tropas romanas de Flavio Serviliano. En el siglo I antes de Cristo, Julio César llegó a Baiona con la intención de asaltar con sus tropas las islas Cíes y destruir a la tribu de los herminios, que se rindieron ante el bloqueo ordenado por el general romano.

Felipe II llamó a Baiona «llave de mis reinos» y en su puerto llegó a concentrar hasta un centenar de barcos para combatir a los piratas ingleses y normandos.

El puerto de Baiona fue eje comercial durante siglos, hasta que, a finales del siglo XIX, se produjo el gran despegue económico e industrial de Vigo. Este sigue siendo un espacio activo, con aspecto de postal, con embarcaciones que entran y salen, gente trabajando, charlas profesionales que ignoran al visitante, que enseñan la verdadera identidad del lugar.

Considerado como un enclave estratégico por árabes y cristianos, en este municipio tuvo lugar el martirio de la ex santa Librada, también conocida como Santa Liberata, quien fue descanonizada en 1969. Se puede visitar su capilla.

El viajero que arribe hasta aquí no debe perderse, además, el Puente de Ramallosa, la iglesia de Santa María de Baiona (del siglo XIII) o el Faro Silleiro.

Una colegiata que impresiona

Baiona merece una tranquila visita por sus calles, donde el viajero encontrará la Colegiata de la Anunciada, un templo del siglo XIII, de pórtico románico con un gran rosetón y adornos ojivales, además de adornos que representan los distintos gremios.

Cerca del paseo marítimo hay un hermoso cruceiro, llamado de la Santísima Trinidad; es del siglo XV y tiene un altar desde el que se oficiaba misa para los marineros.

Parador de Baiona
Parador de Baiona/ Adrian Painter

El Parador de Baiona es otro monumento digno de ver. Se trata del Castillo de Monte Real, una gran fortaleza medieval aunque de marcado carácter gallego. Su muralla, perfectamente reconstruida, y que se puede recorrer a pie por la parte superior, bordea la pequeña península.

La construcción, que data de entre los siglos XII y XVI, es un testimonio de la importancia estratégica de Baiona a lo largo de los siglos. Situada en una península con vistas al Atlántico, la fortaleza ofrece unas vistas panorámicas impresionantes y es un punto de interés esencial para cualquier visitante.

Este parador, también llamado Conde de Gondomar, fue un antiguo convento franciscano del que solamente se conserva la cúpula de la capilla mayor, hoy rico techo de la escalera principal.

El Parador, construido sobre los restos de un antiguo castillo, es un laberinto de dependencias y pasajes, de patios y escalinatas, en el que se entrecruzan recuerdos y arquitecturas de distintas épocas.

En el pinar que rodea el edificio, intramuros de los baluartes, el aroma de la residencia matiza el yodo que llega del mar.

El ataque del pirata Drake

Precisamente, en el siglo XVI el famoso pirata inglés Francis Drake, al mando de 1.500 hombres, atacó la fortaleza, pero la población de la comarca, ordenada por el entonces conde de Gondomar, Diego Sarmiento de Acuña, le conminó a abandonar la bahía.

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Panorámica de la zona marítima y pesquera de Baiona./ alma

Antes, durante la razia del año 997, Almanzor destruyó el castillo anterior, del cual solo se conservan tres torres: la de la Tenaza, la del Reloj y la del Príncipe.

El viajero puede recorrer la barbacana que cierra el istmo y defiende la diminuta península rodeada de acantilados. Mirando su perímetro desde el alto mirador, el promontorio es como una balconada verde que se asoma al océano, o como un navío de robusta quilla que deja rastro en las aguas pujando por arrastrar al continente.

El municipio lo componen cinco parroquias: Baíña, Belesar, Baredo, Santa Cristina da Ramallosa y Baiona. Cada una con identidad propia y todas juntas conforman la amplia oferta de la villa pontevedresa.

La piedra de sus calles y edificios y el aroma salado del mar, así como el verde de sus campos y montes, consiguen convertir a Baiona en un lugar especial para el goce de los más exigentes. El municipio cuenta además con casi cuatro quilómetros de playas, que no es poco.

Playas de Baiona

Los litorales de Baiona son otro de sus principales atractivos. La playa de A Ribeira, situada en pleno centro urbano, es perfecta para aquellos que buscan relajarse en un entorno tranquilo y familiar. Sus aguas cristalinas y arena fina la convierten en un lugar ideal para nadar y disfrutar del sol.

Otra opción popular es la playa de Barbeira, que ofrece un ambiente más natural y menos concurrido, ideal para los que buscan un poco más de privacidad.

Para los amantes de los deportes acuáticos, Baiona ofrece una gran variedad de opciones, desde la vela hasta el surf y el kayak. La marina de Baiona es un lugar vibrante donde los navegantes pueden amarrar sus barcos y disfrutar de las instalaciones.

Además, las aguas alrededor de Baiona son perfectas para la pesca deportiva, una actividad popular entre los locales y visitantes por igual.

La gastronomía de Baiona es uno de sus mayores atractivos. Con una ubicación privilegiada junto al mar, los mariscos frescos son una parte esencial de la cocina local. Desde percebes y mejillones hasta pulpo y vieiras, la variedad y calidad de los mariscos en Baiona es insuperable.

Si el viajero coincide la visita con la fiesta de la Arribada, la experiencia cambia bastante. El pueblo se llena, hay recreaciones, mercado medieval… pero incluso en ese ambiente más animado, se mantiene cierta autenticidad difícil de conservar en este tipo de eventos y en estos tiempos de turismo masificado.

Youtube video

Una vez recorrida Baiona, resulta de obligada visita una excursión rumbo a las Islas Cíes. Solo es posible acercarse hasta ellas en verano, cuando un catamarán une Baiona con el archipiélago.

Con una extensión de 1.658 hectáreas marinas y 433 terrestres, las Cíes son un paradisiaco enclave, que cuenta, además, con la playa de Rodas, considerada como una de las más hermosas del mundo.


Javier Ramos de los Santoshttps://lugaresconhistoria.com/acerca-de
Periodista e investigador editorial en Lugares con Historia, donde analiza y documenta lugares históricos, enclaves patrimoniales y acontecimientos relevantes a partir de fuentes contrastadas, documentación histórica y análisis contextual riguroso.

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