No muy lejos de la villa romana de Els Munts, a unos 20 kilómetros al nordeste de Tarragona se alza, majestuoso a la par que orgulloso, un arco triunfal de casi 13 metros de altura dedicado al emperador Octavio Augusto. Es el arco de Bará.
Este monumento contiene inscripciones alusivas a su restauración a principios del siglo II d.C. Levantado entre los años 15-5 a.C., seguramente se trata de un arco honorífico, estrechamente relacionado con la Vía Augusta, uno de los muchos que se levantaron a partir de la época de Augusto por todo el orbe romano.
Es de piedra del lugar, una arenisca mala que el salitre del cercano Mediterráneo ha dañado mucho habiendo sido necesarias algunas reparaciones sustanciales.
La historia del arco de Bará
El arco se ha ubicado cronológicamente a principios del siglo II a partir de la lectura de una inscripción que se conserva parcialmente en el arquitrabe de uno de sus lados, en la que se hace referencia a un personaje llamado Lucio Licinio Sura, identificado con el influyente senador de este nombre (tres veces cónsul con Trajano), a quien se pensó que se debía la construcción del monumento por disposición testamentaria.
Lo erigió para marcar los límites territoriales y terminar con las disputas entre las tribus de los ilergetes y los cosetanos. No obstante, trabajos arqueológicos más exhaustivos han permitido datar el arco en una época bastante anterior, a finales del siglo I a.C.
Quizás debería atribuirse a un antepasado homónimo del senador de la época de Trajano, que habría muerto en el último cuarto del siglo I a.C. y en cuyo honor se habría levantado el monumento.
Se presenta como un arco honorífico constituido por un cuerpo central sobre un podio, decorado con falsas pilastras acanaladas con el tercio inferior relleno por medias cañas y que culminan en capiteles corintios y basas áticas canónicas, pero sin plintho.
Del mismo grosor que el vano. Tiene una única abertura en arco de medio punto. La parte superior de la construcción muestra un entablamento formado por arquitrabe, friso y cornisa. En cambio resulta bajo el entablamento, a no ser que llevase un ático del cual no hay restos.
Tanto la cornisa como el ático que, sin duda alguna, coronaba el monumento han desaparecido. La antigua imagen del arco era diversa de la actual ya que, por un lado, presentaba el citado ático, probablemente con estatuas, y, por otra parte, la cota de base era unos 0,90 metros inferior a la que ahora podemos observar.
Las dimensiones del edificio pueden reconstruirse en 14,65 m de altura, 11,84 de fachada y 3, 7 para los lados menores. Como curiosidad, el Arco de Bará fue dinamitado por los republicanos en 1936 adosando una carga explosiva en la cara interna de su columna oriental, lo que provocó un gran desperfecto en el monumento aunque no logró destruirlo. Con posterioridad a esta fecha ha sido objeto de diversas rehabilitaciones.
El arco de Cabanes (Castellón)
En el actual municipio de Cabanes (a 30 kilómetros de Castellón) se levantó en época romana una villa rural, junto a la Vía Augusta, que transcurría por las proximidades.
Precisamente en esta vía de comunicación, tal vez la más importante de la Hispania romana y una de las más significativas de todo el Imperio, se levantó el conocido como Arco de Cabanes, uno de los arcos más relevantes de todo el patrimonio cultural valenciano originario de época romana.
Este monumento, declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) está tan íntimamente vinculado al paisaje de la zona, que se la conoce con el nombre de Pla de l’Arc (Llano del Arco). En la actualidad, el arco se encuentra a unos dos kilómetros de la población.
El monumento, de 6 metros de altura y, pese a que existen varias hipótesis sobre la finalidad de su construcción, es extendido el conocimiento de que se trata de un elemento funerario de carácter privado, tal vez de algún personaje importante de la villa romana anterior a Cabanes.
El arco se levantó durante el siglo II antes de Cristo y también existe la posibilidad de que su función fuera la de determinar los lindes entre dos villas romanas, que se corresponderían en la actualidad con la Vall d’Alba y Cabanes.
El monumento romano de época imperial se proyectó siguiendo el modelo de los arcos triunfales más sencillos y se calcula que su altura total superaría los siete metros. No obstante, ahora solo perdura la rosca del arco y sus dos pilastras laterales, al haberse perdido su entablamento y las enjutas. La altura de los restantes es de aproximadamente seis metros.
El elemento principal del conjunto es el arco en sí, compuesto por 14 dovelas de sillar. La calidad y accesibilidad de la piedra propició que durante siglos se fueran expoliando los sillares, algunos de los cuales se han encontrado en viviendas cercanas. Los únicos elementos decorativos son las molduras de las impostas y los plintos.
La Carta Puebla de Cabanes, del año 1243, cita el arco como marca de deslinde. En 1533 lo visitó el cronista Pedro Antonio Beuter, quien relató una leyenda que consideraría el monumento como recordatorio de una victoria militar a manos del capitán romano Lucio Marcio contra los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica (siglo III antes de Cristo), historia que ha sido superada por las investigaciones posteriores. También dice la tradición que por el Arco de Cabanes pasó el santo San Vicente en su viaje a Valencia desde a Francia.
Arco de Iaunus
Del famoso arco de Ianus en la Bética solo nos han llegado insistentes testimonios epigráficos que van de Augusto a Domiciano, es decir, todo a lo largo del siglo I de nuestra era.
Debió ser obra de Octavio, aunque no es posible situar con precisión el lugar donde se alzó. Se sabe únicamente que estaba dedicado a Ianus y que señalaba el paso de la Vía Augusta en el punto en que la Tarraconense entraba en la provincia Bética. Probablemente, uno de los rostros de Ianus miraba a la Tarraconensis y el otro a la Baetica.
Cabe suponer que el arco de Ianus se hubo de levantar en o cerca de la antigua Ossigi Latonium, cerca por tanto de la actual Mengíbar, unos kilómetros al norte de la ciudad de Jaén. El arco de Ianus tenía el valor, pues, de un simple mojón o señal de límite.
Arco en Aragón
Cambiamos de geografía. Cerca de la actual Sádaba (Zaragoza) hubo una gran ciudad de la que quedan aún importantes restos (termas, acueducto, calles porticadas, mausoleos…) pero de cuyo nombre no tenemos noticias seguras. Entre sus monumentos tenía también un arco de un solo vano que se alzaba sobre unas pilas altas a modo de basamento del arco.
Dos arcos más podríamos añadir a la lista, uno en Málaga (antigua Malaca) y otro en Itálica. Parece que ambos conmemoraron una victoria militar. De ellos no nos han llegado mas que las figuras de las aladas victorias de las claves. Los dos monumentos son de un arte tosco, provincial y van adosadas a mensulones en doble espiral.
¿Qué es el arco de triunfo romano?
Un arco de triunfo es un monumento construido para conmemorar una victoria militar, aunque en realidad se usó para festejar a un gobernante. Los primeros arcos de triunfo fueron levantados por los romanos en la Antigüedad y cada uno estaba dedicado a un general victorioso.
Cada batalla ganada acababa en la antigua Roma en un gran desfile por las calles de la ciudad hacia el templo de Júpiter, en la colina del Capitolio, en el que el general vencedor y sus soldados iban acompañados por los más importantes de los dignatarios derrotados y por el botín que habían capturado. Hispania no era una excepción, aunque en menor escala.
Estos grandes monumentos que aún perduran en la península ibérica son solo algunos del medio centenar que recoge mi libro La historia de la Hispania romana en 50 lugares, de editorial Cydonia. Un recorrido por los principales hitos de la Hispania romana que podemos visitar a lo largo y ancho de nuestro país.
