El acueducto romano de la Penya Cortada en Calles

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Existen lugares donde la historia no se contempla detrás de una vitrina, sino que se pisa, se atraviesa y se descubre mientras el paisaje cambia a cada paso. El acueducto romano de Penya Cortada, en el interior de la provincia de Valencia, es uno de ellos.

Aquí, una antigua obra de ingeniería hidráulica romana se abre paso entre barrancos, túneles, paredes verticales y puentes de piedra para formar uno de los conjuntos arqueológicos más sorprendentes de la Comunidad Valenciana.

La experiencia tiene algo de viaje en el tiempo. El viajero puede caminar por el trazado de una conducción construida hace aproximadamente dos mil años, atravesar galerías excavadas directamente en la roca y llegar finalmente a la espectacular Penya Cortada, el enorme tajo abierto artificialmente en la montaña que ha dado nombre a todo el conjunto.

Pero Peña Cortada es mucho más que un bonito lugar para hacer fotografías. Es una de las grandes muestras de la capacidad constructiva de la Roma imperial y, al mismo tiempo, uno de esos monumentos arqueológicos que todavía conservan importantes interrogantes sobre su trazado completo, su destino y el uso que finalmente llegó a tener. Los restos conocidos se extienden por los términos de Tuéjar, Chelva, Calles y Domeño, en la comarca de Los Serranos.

Una obra romana escondida en la Serranía valenciana

Para comprender Penya Cortada hay que imaginar el paisaje hace casi dos mil años. Frente a las suaves llanuras de la costa valenciana, el interior de la provincia presenta un territorio montañoso, surcado por barrancos y cursos fluviales.

Llevar agua de un punto a otro exigía resolver un problema que los ingenieros romanos conocían perfectamente: cómo mantener una pendiente constante durante kilómetros sin que el agua perdiera velocidad ni se desbordara.

La solución romana fue construir una compleja infraestructura que combinaba diferentes recursos. No se trataba únicamente de un puente elevado. El acueducto incorporaba canalizaciones, túneles, tramos excavados en la montaña, puentes y viaductos, adaptándose continuamente a la orografía.

En el recorrido actualmente identificado se conservan unos 28 kilómetros de trazado, aunque investigaciones realizadas en las últimas décadas han planteado una dimensión mucho mayor para el sistema hidráulico completo.

La cronología generalmente aceptada sitúa su construcción en época imperial, en torno al siglo I d. C. y, como máximo, la primera mitad del siglo II. La técnica constructiva y la tipología de los restos permiten identificar claramente su origen romano.

El punto de captación se relaciona con el entorno del río Tuéjar, en el término de Chelva. Lo verdaderamente extraordinario es que los constructores tuvieron que mantener la conducción a través de un territorio tremendamente accidentado.

Y aquí aparece una de las grandes lecciones de Penya Cortada: los romanos no lucharon contra la montaña; aprendieron a atravesarla.

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Vista de Chelva./ Falconaumanni

El agua como protagonista

Los acueductos romanos tenían una función esencial. El agua era imprescindible para el abastecimiento de las ciudades, las fuentes públicas, las termas, las actividades artesanales y, en determinadas infraestructuras, también para la agricultura.

En Penya Cortada, sin embargo, continúa existiendo una cuestión fundamental: ¿hasta dónde llegaba exactamente el agua?

Durante mucho tiempo se ha relacionado la conducción con posibles necesidades de abastecimiento o irrigación de poblaciones situadas más hacia el este. La investigación arqueológica ha ido ampliando el conocimiento del trazado, pero el recorrido completo y el destino final continúan siendo objeto de estudio.

Una investigación presentada en 2020 llegó a plantear que los distintos restos de conducciones conocidos podían formar parte de una infraestructura hidráulica de aproximadamente 98,6 kilómetros, desde la zona de captación en la Serranía hasta el entorno de la actual ciudad de Valencia.

Esta interpretación amplió considerablemente la dimensión atribuida tradicionalmente al acueducto, aunque debe entenderse como una propuesta de investigación y no como una cuestión arqueológica cerrada.

Precisamente esa combinación de certezas e incógnitas convierte Penya Cortada en un lugar especialmente atractivo para quienes disfrutan de la arqueología.

Penya Cortada: cuando los romanos cortaron la montaña

El momento más espectacular de la visita llega cuando el acueducto se encuentra con la montaña que le da nombre. La Penya Cortada es un impresionante corte vertical practicado directamente en la roca.

Los constructores romanos tuvieron que eliminar una enorme cantidad de piedra para abrir paso a la canalización y mantener el trazado previsto. Hoy el visitante puede caminar por este espectacular tramo y contemplar cómo la conducción queda literalmente encajada en la montaña.

La escena resulta difícil de imaginar sin pensar en las herramientas disponibles hace dos mil años. No existían excavadoras, explosivos modernos ni maquinaria pesada. La montaña fue transformada mediante trabajo manual, herramientas de hierro, organización de cuadrillas y una extraordinaria planificación geométrica.

Y esa es precisamente una de las grandes virtudes de Peña Cortada: permite entender la ingeniería romana de una forma mucho más directa que muchos monumentos arqueológicos.

El espectacular puente del Barranco de la Cueva del Gato

Otro de los grandes protagonistas del recorrido es el puente del Barranco de la Cueva del Gato, considerado uno de los elementos mejor conservados y más impresionantes del conjunto.

La estructura alcanza aproximadamente 36 metros de longitud y se eleva unos 33 metros, según la información turística oficial de la Comunidad Valenciana. Está formada por tres arcos apoyados sobre pilares escalonados y construida mediante grandes bloques de piedra cuidadosamente trabajados siguiendo la técnica conocida como opus quadratum.

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La obra aparece suspendida sobre el barranco y demuestra hasta qué punto los ingenieros romanos eran capaces de integrar diferentes soluciones constructivas dentro de una misma conducción.

Primero la canalización puede internarse en la montaña. Después sale a la luz. Más adelante necesita salvar un barranco y se transforma en puente. Unos metros después vuelve a penetrar en la roca. Todo forma parte de una misma infraestructura.

Túneles romanos que todavía se pueden recorrer

Uno de los grandes atractivos turísticos de la ruta del Acueducto de Penya Cortada es la posibilidad de caminar por varios de los túneles excavados en la montaña.

Son espacios que cambian por completo la percepción del paisaje. Durante algunos minutos el senderista abandona el sol y se introduce en el interior de la roca. Las paredes conservan las huellas de la intervención humana y permiten comprender el enorme esfuerzo necesario para abrir paso a la conducción.

La ruta actual aprovecha precisamente algunos de estos tramos históricos. La propia Generalitat destaca que la singularidad del itinerario reside en la combinación de puentes, arcos y túneles excavados en las paredes montañosas, algunos de ellos suficientemente amplios como para recorrerlos a pie.

Es recomendable llevar calzado adecuado y prestar atención a las condiciones meteorológicas y al estado concreto del sendero antes de realizar la excursión. Existen diferentes variantes y puntos de acceso, por lo que la duración y dificultad dependen del recorrido elegido.

El puente de la Rambla de Alcotas

Penya Cortada conserva otros vestigios que ayudan a comprender la dimensión de la infraestructura. Uno de ellos es el puente de la Rambla de Alcotas, relacionado con un tramo del acueducto que en épocas anteriores presentaba una estructura mucho más importante.

La documentación histórica resulta especialmente interesante. Autores de los siglos XVI, XVII y XVIII ya dejaron referencias al monumento. Gaspar Escolano describió en 1611 un puente de seis arcos en la Rambla de Alcotas, mientras que posteriormente Antonio José Cavanilles documentó el estado del conjunto a finales del siglo XVIII.

Estas referencias demuestran que Peña Cortada no es un descubrimiento arqueológico contemporáneo. Durante siglos, viajeros, eruditos e historiadores observaron sus restos e intentaron comprender quién había construido aquella extraordinaria infraestructura y cuál había sido su función.

¿Dónde está el acueducto romano de Penya Cortada?

Una de las dudas habituales para quienes preparan la visita es dónde se encuentra exactamente. La respuesta es que Penya Cortada no pertenece exclusivamente a un único municipio.

Los restos conocidos atraviesan los términos municipales de Tuéjar, Chelva, Calles y Domeño, todos ellos en la comarca valenciana de Los Serranos.

Sin embargo, Calles es uno de los principales puntos de acceso al tramo monumental, especialmente al sector de Penya Cortada y al puente del Barranco de la Cueva del Gato. Valencia Turismo señala precisamente el acceso desde Calles mediante la ruta PR-V 92.

Chelva constituye igualmente una excelente base para organizar la visita, especialmente si se quiere combinar el acueducto con el patrimonio histórico y la Ruta del Agua de Chelva.

El monumento está catalogado como Bien de Interés Cultural, una protección que refleja su importancia dentro del patrimonio arqueológico valenciano.

Qué ver en Calles

Visitar Penya Cortada merece la pena, pero sería un error marcharse de la zona inmediatamente después de terminar la ruta.

Calles es una pequeña población de la comarca de Los Serranos situada junto al río Tuéjar. Su casco urbano conserva el carácter de una localidad serrana, con calles estrechas, casas tradicionales y un paisaje marcado por los cursos fluviales y las montañas.

Entre sus elementos patrimoniales destaca la iglesia parroquial de la Purísima Concepción, construida en el siglo XVII. También merece la pena acercarse a la ermita y recorrer las plazas y rincones del núcleo histórico.

El entorno ofrece además diferentes posibilidades para practicar senderismo. El paisaje está profundamente marcado por los ríos Turia y Tuéjar y por una sucesión de barrancos y montañas que convierten la zona en un escenario especialmente atractivo para el turismo activo.

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La montaña fue transformada mediante trabajo manual./ Códice

Una de las visitas complementarias más interesantes es la Torre Castro, de origen medieval y vinculada históricamente a la vigilancia del territorio. El paisaje que rodea Calles permite comprender por qué esta zona tuvo durante siglos un importante valor estratégico.

Chelva: el complemento perfecto a Penya Cortada

Si Calles constituye una de las puertas de entrada al acueducto, Chelva es probablemente el mejor complemento cultural para una escapada centrada en Penya Cortada.

La localidad conserva un extraordinario patrimonio histórico y permite viajar desde la época romana hasta la Edad Media y la época moderna en apenas unas horas.

Uno de sus mayores atractivos es su casco histórico, donde todavía pueden reconocerse las huellas de las diferentes comunidades que habitaron la población.

El barrio de Benacacira conserva el trazado de origen andalusí. El Azoque recuerda la presencia de la comunidad judía, mientras que el Arrabal y el barrio de las Ollerías permiten completar el recorrido por el antiguo paisaje urbano de Chelva.

En el centro histórico destaca también la iglesia arciprestal de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los edificios más representativos de la localidad y una destacada muestra del barroco valenciano.

El Museo Arqueológico de Chelva puede ser otra parada interesante para quienes quieran profundizar en la historia del territorio.

La Ruta del Agua de Chelva

Y si Penya Cortada demuestra cómo Roma dominó técnicamente el agua, Chelva permite descubrir cómo este recurso continuó condicionando la vida de la población durante siglos.

La Ruta del Agua de Chelva ofrece un recorrido de naturaleza y patrimonio en torno al río Tuéjar. Entre sus puntos más conocidos se encuentran el Molino Puerto y La Playeta, un espacio natural asociado a cascadas y zonas de baño. También forma parte del itinerario el Paso de Olinches, un túnel de aproximadamente 100 metros excavado en la montaña.

La combinación de ambas rutas permite construir una escapada especialmente completa: por la mañana, ingeniería romana; después, casco histórico medieval; y finalmente, agua, naturaleza y paisaje.

El verdadero valor de Penya Cortada no está únicamente en sus dimensiones. Lo fascinante es comprender qué significa construir una conducción de agua de semejante complejidad hace casi dos mil años.

Los ingenieros romanos tuvieron que estudiar el terreno, calcular pendientes, decidir por dónde debía avanzar la canalización y determinar cuándo era más eficaz atravesar una montaña, bordearla o construir un puente.

El resultado fue una infraestructura que todavía hoy sorprende. Y, paradójicamente, algunas de las preguntas fundamentales permanecen abiertas. No conocemos con absoluta certeza todo el recorrido de la conducción ni existe consenso definitivo sobre su destino final.

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Interior del acueducto romano./ Falconaumanni

Incluso se ha planteado la posibilidad de que determinados sectores del proyecto no llegaran a completarse o a funcionar como se había previsto. Estudios arqueológicos han señalado precisamente la ausencia de evidencias en algunos tramos y las dificultades geomorfológicas que habría tenido la continuación de la obra.

Es decir, Penya Cortada no es solamente una ruina romana. Es también un enigma arqueológico.

Una escapada entre historia, arqueología y naturaleza

Hay muchas formas de conocer la Comunidad Valenciana. Las playas y las ciudades monumentales concentran buena parte del turismo, pero en el interior existe otra Comunidad Valenciana, mucho más montañosa, rural y silenciosa.

Aquí el viaje comienza con una carretera que conduce hacia Los Serranos y continúa a pie entre pinares, barrancos y paredes de roca. Después aparece una canalización romana. Luego un túnel. Más adelante, un puente. Y finalmente, la enorme cicatriz de Peña Cortada abierta en la montaña.

Todo ello explica por qué esta ruta se ha convertido en uno de los grandes itinerarios de turismo cultural y senderismo en Valencia.

La propia oferta turística de la Comunidad Valenciana señala que el recorrido puede realizarse mediante diferentes variantes entre Calles y Chelva y que la dificultad oscila según el itinerario elegido entre baja y media.

Para una escapada completa, lo ideal es reservar tiempo suficiente para conocer también Calles y Chelva, recorrer sus cascos históricos y, si las condiciones lo permiten, enlazar la experiencia con la Ruta del Agua.

Penya Cortada, un viaje de dos mil años

El acueducto romano de Penya Cortada demuestra que algunas de las grandes historias de la Antigüedad no necesitan grandes museos para impresionarnos. Están ahí fuera.

En una montaña cortada a mano. En un túnel oscuro. En un arco de piedra suspendido sobre un barranco. En una canalización que todavía conserva la geometría con la que fue concebida hace unos dos mil años. Y también en los pueblos que han crecido alrededor de aquel antiguo sistema hidráulico.

Calles, Chelva, Tuéjar y Domeño forman hoy el paisaje humano de un monumento que nació en época romana, mientras que sus senderos permiten al viajero descubrirlo de una manera especialmente atractiva: caminando.

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Javier Ramos de los Santoshttps://lugaresconhistoria.com/acerca-de
Periodista e investigador editorial en Lugares con Historia, donde analiza y documenta lugares históricos, enclaves patrimoniales y acontecimientos relevantes a partir de fuentes contrastadas, documentación histórica y análisis contextual riguroso.

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