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Santuario de Jaraba. La roca que mana aceite (Zaragoza)

Santuario de Jaraba. La roca que mana aceite (Zaragoza)

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La población de Jaraba se encuentra en el límite suroccidental de Zaragoza, allí donde el territorio provincial se encaja entre tierras sorianas y alcarreñas. El conjunto urbano se extiende por un pequeño valle a la salida del cañón del río Mesa. Enseguida el curso fluvial se abre ligeramente en una fértil vega y un poco más adelante une sus aguas al río Piedra en el embalse de la Tranquera.

Dos cosas abundan en el término de Jaraba: las paredes de roca y las fuentes, algunas de las cuales son aprovechadas por tres balnearios y por una embotelladora de agua mineral. De hecho, son 80 las fuentes que entregan sus aguas al río Mesa en el territorio municipal.

Por lo que se refiere a la roca, los cortados de los desfiladeros citados son de extraordinaria belleza y verticalidad. El río, en algunos tramos, se encierra entre altas paredes que sobrevuelan los habitantes de las oquedales de los riscos, los buitres o el águila real.

La zona debió de tener un significado especial para los moradores de hace siete mil años cuando se datan las pinturas rupestres antes citadas. Jaraba salta a la historia en época romana, ya que el ramal de una calzada procedente de Bilbilis (Calatayud), seguía el cañón del río Mesa aguas arriba. Los romanos establecieron guarniciones en Jaraba, Calmarza, Ibdes y Sisamón, siendo el origen de Jaraba el propio poblado fortificado.

Hasta épocas recientes se utilizó el llamado puente del Diablo, igualmente de origen romano y situado en pleno desfiladero del Mesa, pero no se conserva porque la mejora de la carretera hizo que fuera necesaria la construcción de uno más adecuado al tránsito de vehículos.

Hay historiadores que vinculan el nombre de Jaraba a su época mora, cuando la taifa de Calatayid (Kalat-Ayub) hizo levantar la fortaleza sobre la fortificación romana referida. Según ellos, Jaraba haría referencia a la abundancia de agua.

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Las aguas de Jaraba al parecer tienen propiedades curativas.

Por su parte, la fama de las aguas termales de Jaraba, como aguas saladoras, se remonta a muchos siglos, de ahí que la tradición quiera que Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, en sus batallas contra los musulmanes de la zona de Calatayud, tras conquistar esta en 1118, conociera las propiedades cicatrizantes y saladoras de los manantiales y abasteciera a sus tropas heridas con las fuentes que nacían en el propio barranco de la Hoz Seca.

Un tiempo después de la conquista aparece documentada por primera vez la existencia del santuario de Nuestra Señora del Jaraba, en concreto en 1201, cuando fue puesto bajo la tutela de Nuestra Señora de la peña de Calatayud. Desde entonces las fuentes se conocen con el nombre de Aguas de Nuestra Señora de Jaraba.

En Jaraba, agua y tierra se hermanan en un lugar de visita absolutamente imprescindible, al que se llega después de seguir el desfiladero que serpentea desde el río Mesa y que muy pronto se asoma al farallón en donde cuelga la ermita de la Virgen.

Las aguas salutíferas de Jaraba fueron ya conocidas desde la más remota antigüedad y usadas por los romanos. Pero fue la aparición de la Virgen por estos lares a unos pastores lo que hizo que los cristianos las considerasen además como milagrosas, allá por el lejano 1118. Después se construyó una primitiva piscina a la que acudían cientos de peregrinos para curarse de sus enfermedades.

Es un santuario dividido en dos edificaciones; la propia iglesia y la casa del cantero, aunque en la actualidad están unidos en un solo conjunto. El santuario actual data del siglo XVIII y está parcialmente construido bajo la roca, aunque la Virgen se apareció a los pastores en el otro extremo del barranco; pero allí, debido a lo escarpado del terreno, no se pudo construir ermita alguna.

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Panorámica de Jaraba./benedii

Ni que decir tiene que el poder milagroso de las aguas era conferido por la presencia de la Virgen. Pero estas aguas, que son llamadas ‘aguas de las ninfas’, fueron visitadas desde tiempos aún más remotos, anteriores a la aparición el cristianismo. Pero hay algo más que la profusión de aguas salutíferas. Se cuenta que aún hoy, de las piedras del techo de la cueva mana un aceite mineral que en otros tiempos era tan abundante que servía para el combustible de las lámparas que se utilizaban en el santuario.

Jaraba tiene todo el aspecto de lugar doblemente iniciático. A la purificación con las aguas de cuerpo y espíritu se añadía la posterior unción. El primer dictamen médico del beneficio de las aguas de Jaraba procede del siglo XVI. Eran numerosos los enfermos que se acercaban a la balsa de aguas minerales en busca de la cura de sus males.

Cómo llegar: Para llegar por carretera desde Zaragoza, deberemos tomar la A-2 en dirección a Madrid. Se toma la salida 231 (Nuévalos-Monasterio de Piedra) a través de la A-202 hasta Nuévalos, para coger después la A-2503, hasta la A-1501 que conduce, una vez pasado el embalse de La Tranquera y la localidad de Ibdes, a Jaraba.

Dónde dormir: Balneario Sicilia; Carretera Calmarza, km 1; 50237 Jaraba (Zaragoza); teléfono: 976848011.

Dónde comer: Restaurante Milú; Calle San Valero, 10; 50237 Jaraba (Zaragoza); teléfono: 976848192.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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