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Santillana del Mar: la ciudad de las tres mentiras (Cantabria)

Santillana del Mar: la ciudad de las tres mentiras (Cantabria)

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Dicen que es la ciudad de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. La cornisa occidental de Cantabria esconde una fisonomía medieval y su entorno encierra el mayor legado de la Prehistoria. Resulta imposible no detenerse en Santillana del Mar y perderse durante horas.

Los escudos blasonados de las casas construidas en piedra, que abarcan del siglo XII al XVII, nos hablan de un lugar en otros tiempos poderoso, donde los hidalgos adornaban sus viviendas con muebles románticos, bibliotecas y jardines con plantas expresamente traídas de los más recónditos rincones del planeta.

El casco antiguo, peatonal, conserva toda su impronta medieval, algo por lo que ha sido declarado Monumento Histórico Artístico. El Parador de Gil Blas es un buen centro de operaciones para descubrir Santillana del Mar sin prisas.

Junto a él sobresale, majestuosa, la Colegiata de Santa Juliana, del siglo XII, con un precioso claustro románico. Los capiteles historiados de las columnas conforman un conjunto escultórico de enorme valor.

Alrededor de la Colegiata cabe destacar otros edificios como el Ayuntamiento, del siglo XVII, la Torre del Merino (siglo XIV), la Fundación Jesús Otero, el Palacio de los Velarde y el Museo del Barquillero.

El atractivo de este bello municipio no puede resultar más etéreo: reside en sus calles empedradas y en sus tiendas de artesanía local, donde, por ejemplo, poder degustar los exquisitos sobaos pasiegos y las quesadas. Resulta curioso visitar el Museo de la Inquisición.

A escasos dos kilómetros de distancia de Santillana emerge la Capilla Sixtina del Cuaternario o, lo que es lo mismo, las Cuevas de Altamira, declaradas Patrimonio de la Humanidad.

Sus grabados y pinturas rupestres, con trazos rojos, amarillos y violetas que forman figuras imposibles y posibles, fueron realizados hace más de 15.000 años.

Ahora están cerradas al público en pos de su conservación. Pero hace unos años abrió sus puertas la Neocueva, en el interior del Museo de Altamira, justo al lado, que reproduce las pinturas originales con una absoluta exactitud y que, sin duda, merece la pena visitar.

Precisamente, el director del Museo de Altamira, José Antonio Lasheras, opina en Ágora Histora sobre la reapertura al público, eso sí, con restringidas visitas, de la cueva original:

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

Comment(10)

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Javier, tienes toda la razón, sin duda alguna es un lugar precioso, estuve por aquellos parajes hace años y repetiría sin pensármelo dos veces.

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