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San Juan de la Peña, la casa del Grial

San Juan de la Peña, la casa del Grial

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El monasterio de San Juan de la Peña reúne todos aquellos aspectos que cautivan al viajero amante de la historia. Situado en la prepirenaica sierra de San Juan (provincia de Huesca, al suroeste de Jaca), su boscoso entorno muestra una bella y agreste naturaleza, mientras que los inmensos farallones de roca atraen irremisiblemente la vista hacia la grandeza de los parajes en los que se ubica, con especial atención hacia la misma roca en la que se recoge el monasterio.

Por encima, en el llano de San Indalecio, el llamado ‘Monasterio Nuevo’ recuerda las duras condiciones que desde el siglo X hasta la ejecución del edificio barroco debieron de vivir los monjes, expuestos a falta de sol y humedades. Los indómitos montañeses y los cristianos huidos de las tierras bajas se hicieron fuertes en esta zona del Prepirineo antes de lanzarse a la reconquista de Huesca y Zaragoza. En este lugar tan escondido e inaccesible se forjó el nacimiento del reino de Aragón.

El monasterio de San Juan de la Peña está rodeado de leyendas, a cual más interesante y bella, desde su misma fundación, desde no importa qué momento. El lugar sugiere que pudo estar habitado por ermitaños tempranamente, en la Alta Edad Media, pero nada se sabe con certeza. Por lo que respecta a la leyenda de la fundación del monasterio ‘viejo’ comienza cuando un joven ilustre de Zaragoza, de nombre Voto, iba a caballo de caza por estos parajes.

En un momento dado, comenzó a perseguir a un ciervo a galope y no se dio cuenta de que llegaba a un profundo cortado, de forma que invocó a san Juan Bautista y el caballo se detuvo al mismo borde del abismo. No creyendo lo sucedido, descendió entre rocas hasta llegar a la inmensa cavidad rocosa en la que hoy está el monasterio, en la que encontró una fuente y un eremitorio bajo la adveración, precisamente, de san Juan Bautista.

Ni se puede afirmar ni negar la existencia del eremitorio antes del siglo X, pero es en este siglo cuando se documentan las primeras donaciones al cenobio por lo tanto ya existente, probablemente bajo la adveración de san Juan Bautista y del que quedan algunos elementos. Sancho el Mayor de Navarra lo redundó en 1030, ya como San Juan de la Peña, bajo la regla de san Benito.

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Los capiteles del claustro de San Juan de la Peña son una maravilla de la escultura románica.

Si atendemos a la tradición cristiano-católica, el Grial es el que está expuesto en la catedral de Valencia y entró a España por San Juan de la Peña, en donde estuvo oculto mucho tiempo. Si nos atenemos a la tradición esotérica, el de Valencia no es el cáliz místico de la leyenda, pero en cambio también llegó y estuvo en San Juan de la Peña.

San Juan de la Peña es un libro de texto que cuenta cómo la mano del hombre es capaz de poner las fuerzas invisibles de la naturaleza a la medida y al servicio del ser humano. Pero dicen que en San Juan de la Peña el peregrino recibía la enseñanza de que Cristo era ‘hijo de hombre’ a la par que ‘hijo de Dios’ y ese Hombre sagrado que él era tenía un sanctasanctórum más sagrado si cabe: su propio corazón, el Grial.

A pesar de todo el poder que llegó a alcanzar el monasterio durante el siglo XI y la primera mitad del siguiente, su decadencia inició su andadura en la segunda mitad del XII; la monarquía ya había desplazado sus preferencias hacia otros puntos cuando comenzaron los pleitos con nobles aragoneses y, sobre todo, con los obispos de Jaca, Pamplona y Zaragoza. Siglos después las tropas napoleónicas incendiaron y saquearon el monasterio nuevo de San Juan de la Peña a comienzos del siglo XIX y la desamortización desencadenó el abandono definitivo.

El monasterio viejo de San Juan de la Peña presenta una sobriedad exterior digna de la roca de la que parecen brotar sus dependencias. Dividido en dos plantas, la inferior conserva parte de lo que fueron las estancias del monasterio prerrománico: la iglesia (del año 920) y la mal llamada Sala de los Concilios (probablemente el dormitorio primitivo de los monjes) En la planta superior, la iglesia, consagrada en 1904, la capilla gótica de san Victorián y la de los santos Voto y Félix, el panteón de Nobles y el Panteón Real, trasladado y rehecho en época de Carlos III.

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Panteón Real del monasterio oscense.

El claustro románico del siglo XII es la obra más bella del monasterio, sin duda, la que llama la atención del viajero. Sobre él se cierne el peñasco que actúa de cubierta de este conjunto monacal. Consta de varias galerías con capiteles que recogen escenas de la historia sagrada. Suponen una obra cumbre en la escultura románica española.

En la explanada de la San Juan de la Peña, que está a dos kilómetros del monasterio medieval, se localiza el cenobio nuevo. Fue construido entre los siglos XVII y XVIII y su mayor interés reside en las portadas, de recargada decoración. De uno de sus extremos parte el camino que lleva al Balcón de los Pirineos, un mirador natural orientado al norte desde el que, con tiempo despejado, se distingue perfectamente la cordillera pirenaica.

Cómo llegar: El mejor acceso para llegar al conjunto monumental es el que se produce a través de la carretera N-240 (Jaca/Pamplona), tomando el desvío al bello pueblo de Santa Cruz de la Serós. Una carretera de montaña que parte del pueblo nos lleva hasta el Monasterio Viejo, a 7 km, y desde ahí es necesario recorrer 1,5 km más hasta el Monasterio Nuevo y los Centros de Interpretación.

Dónde dormir: Hotel A Boira; Calle Valle de Ansó, 3; 22700 Jaca (Huesca); teléfono: 974363528.

Dónde comer: Restaurante Corbacho; Calle Ramiro I, 2; 22700 Jaca (Huesca); teléfono: 974363643.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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