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Oráculos del mundo: Lugares de la adivinación por el mundo

Oráculos del mundo: Lugares de la adivinación por el mundo

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Durante cientos de años, sirvieron para consultar las dudas que cualquier persona pudiera tener sobre su presente o futuro. Delfos, en Grecia, fue el más famoso. Pero los hubo en muchas otras culturas.

Cuenta la leyenda que Zeus envió dos águilas a la misma velocidad, desde los extremos opuestos de la Tierra, para localizar el centro del mundo. El lugar donde ambas aves se cruzaron fue Delfos, sede del famoso oráculo erigido hacia 1400 a.C. Al principio, este podía consultarse un solo día al año, pero después se habilitó un día de cada mes.

Del oráculo se encargaban tres sacerdotisas (llamadas pitias) de más de 50 años de edad que, sentadas sobre un banquillo trípode, escuchaban las preguntas e, inspiradas por Apolo, daban una respuesta que los sacerdotes anotaban en versos hexasílabos. Fue tanta la demanda que hubo que crear dos oráculos: uno para responder a los asuntos de Estado y otro para las preguntas que requerían respuestas simples.

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Ruinas de Pachacamac, em Perú./ Imagen cedida por Shutterstock

De tierras helenas el viajero se traslada a la isla galesa de Anglesey. En el año 60, los ejércitos romanos invadieron el centro druídico que había en la fortaleza celta de la isla de Mona, matando a todos los druidas que encontraron y talando y quemando sus bosques de robles sagrados. Con aquella incursión, Roma destruía uno de los enclaves religiosos más importantes de la Antigüedad y también el principal oráculo celta.

Los Anales de Tácito hablan de un lugar donde se practicaban numerosas supersticiones, incluyendo la práctica prohibida por Roma de ‘honrar los altares con sangre de cautivos’. Eran ceremonias oficiadas por los druidas, de los que se decía que eran capaces de cambiar el estado del tiempo, aparecer bajo forma animal, volverse invisibles y, por supuesto, predecir el futuro.

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Interior de la cueva donde vivía la Sibila de Cumas.

Rumbo a México, el viajero salta el charco para conocer un lugar especial. Sin una fecha clara de fundación, Tenochtitlán, en México, fue la capital del Imperio mexica y uno de sus principales centros ceremoniales. Entre los cometidos de sus sacerdotes, se encontraba interpretar los astros para adivinar el futuro. Para ello, se servían del Tonalamatl, un códice pictórico que contenía una serie de mensajes que conformaban a su vez el Tonalpohualli o calendario ritual azteca.

La estructura de este calendario se articulaba en torno a un año de 260 días, quedando asociado a cada día un dios o diosa y un punto cardinal. Dependiendo de estas y otras combinaciones y siguiendo una serie de cálculos precisos, los sacerdotes del oráculo de Tenochtitlán eran capaces de conocer los avatares que sufriría cada uno de sus habitantes.

Situado en la actual Suecia, el templo de Upsala era un centro religioso ungido para venerar a los diferentes dioses vikingos a través de rituales. El más importante se llamaba blot y consistía en sacrificar, cada nueve años, a un total de nueve machos de diferentes especies animales, incluidos hombres, que después eran colgados en árboles colindantes.

Aún se discute la forma que tenía el templo: si era un edificio, un complejo o un salón del trono consagrado a esta finalidad. Si se sabe que en su interior había figuras en madera de los principales dioses, que en las ceremonias participaban todos los pueblos vikingos y que los sacrificios tenían una función oracular: servían para indagar cómo serían las próximas cosechas y otros aspectos de la vida cotidiana.

En la antigua Roma destacó la Sibila de Cumas, una profetisa de una ciudad del sur de Italia. En su caso, es difícil separar leyenda de realidad, pero se cuenta que la Sibila vivía en una cueva donde, durante un trance, escribió sus profecías en griego para entregárselas al quinto rey de Roma, Tarquinio Prisco.

En la localidad india de Dharamsala, muy cerca de la residencia en el exilio del Dalái Lama, se levanta una réplica del auténtico monasterio tibetano de Nechung. Según la tradición, su oráculo (cuya figura se remonta al año 1544) debe ser consultado al menos en el inicio del Año Nuevo tibetano, pero se cuenta que el Gobierno en el exilio le realiza en torno a veinte consultas por año.

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Desde Chiclana se otea la siueta del antiguo Templo de Hércules./Pablo Jones. Peejayem

Consagrado al dios del mismo nombre, el enclave arqueológico de Pachacamac (en la margen derecha del río Lurín; provincia de Lima, Perú) constituyó uno de los principales centros religiosos incas. Cuenta entre sus edificios con el llamado Templo del Sol, la edificación más grandiosa y mejor conservada de esta civilización.

Viajamos a España para descubrir un santuario de origen fenicio, que estuvo consagrado al dios Melkart. El Templo de Hércules se encontraba frente a la actual San Fernando, en el golfo de Cádiz, y según la leyenda, albergaba reliquias tan importantes como los restos de Hércules o el cinturón de Teucro, otro héroe griego. La fama de su oráculo atrajo la atención de personajes históricos como Aníbal o Julio César.

Enclavado en medio del desierto, en el oasis de Siwa, el oráculo de Amón no fue el oráculo egipcio más conocido. Sin embargo, fue escogido en el año 332 a.C. por Alejandro Magno para realizar una consulta sobre su campaña en Persia. La respuesta fue clara: Alejandro era un dios y, por tanto, el legítimo faraón de Egipto.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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