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La ruta de los cátaros

La ruta de los cátaros

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El catarismo es una herejía cristiana de carácter gnóstico y maniqueo que logró propagarse por el Mediodía francés (el sur del país), en especial por la región del Languedoc, durante el siglo XII. Sus adeptos fueron considerados herejes por la Iglesia católica, que organizó una brutal cruzada militar que acabó con su existencia.

Los cátaros defendían la existencia de una dualidad creadora en permanente conflicto, una presidida por Dios, que controlaba el mundo espiritual, y otra regida por Satán, el forjador del mundo material. Por este motivo, la realidad terrenal (incluida la propia Iglesia católica) fue considerada como una obra diabólica, lo que les empujó a alejarse de ella para optar por un tipo de existencia más mística y rodeada por un sobrecogedor paisaje que aún hoy sigue impactando a todos los visitantes que cada año recorren el país de los cátaros.

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El castillo de Montsegur./ Imagen cedida por Shutterstock

Javier Martínez-Pinna, colaborador habitual de Lugares con historia y autor de obras como Grandes tesoros ocultos, El Nombre de Dios o Operación Trompetas de Jericó, ha visitado recientemente toda esta zona de relevante pasado y nos lleva de ruta para viajar en el tiempo más de ochocientos años atrás y conocer los paisajes que marcaron uno de los capítulos más interesantes de la Edad Media.

En la actualidad, las huellas del catarismo se conservan, desafiando al paso del tiempo, en una región que parece estar bendecida por la naturaleza, y en la que nos podremos sumergir recorriendo unas serpenteantes carreteras que se internan por profundos valles arropados por una exuberante vegetación. Sobre las montañas que jalonan nuestro trayecto, observamos imponentes castillos, erigidos en cimas prácticamente impenetrables, motivo por el cual fueron utilizados como refugio por los últimos supervivientes de la herejía antes de desaparecer de la historia.

Iniciamos nuestro recorrido en la localidad francesa de Foix, una presumida ciudad que guarda con orgullo los recuerdos de un pasado de esplendor. Situada en el departamento de Ariège, en la región de Mediodía Pirineos, Foix se articula en torno al conmovedor castillo en el que sobresalen las tres torres construidas en los siglos XII, XIV y XV. Levantado sobre una peña de roca calcárea, que permite la existencia de numerosas grutas ocupadas desde tiempos prehistóricos, la fortificación cobró fama por su relación con el catarismo y por permanecer inexpugnable ante los virulentos ataques del sanguinario Simón de Utrech, famoso por haber regado con sangre inocente los campos de Occitania durante la cruzada albigense.

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Un bonito castillo domina la localidad gala de Foix./ Imagen cedida por Shutterstock

Además, el viajero no debe dejar pasar la oportunidad de visitar la abadía gótica dedicada a San Volusiano, arzobispo de Tours en el siglo V. Construida en estilo románico por el conde Roger II de Foix (reconstruida en 1300 por Roger Bernat III), la iglesia fue consagrada en 1112 con el traslado de las reliquias del santo hasta la cripta.

A menos de una hora en coche desde Foix, a través de la carretera D117 en dirección este, tenemos el castillo de Montségur, símbolo de la resistencia cátara, y un lugar emblemático debido en parte al trágico final de los últimos herejes que buscaron refugio en el interior de este casi inaccesible edificio situado a más de 1.200 metros de altura. También sobresale por la aparición de una serie de tradiciones que nos informan sobre la existencia de un importante tesoro que habría sido evacuado del castillo antes de que cayese en manos del ejército real francés en marzo de 1244.

Cuenta la leyenda que el castillo de Montségur fue el lugar elegido para cobijar el Grial, buscado, entre otros, por el arqueólogo de las SS Otto Rahn. Se dice que unos días antes de la rendición, un pequeño grupo de cátaros se habría descolgado por uno de los lienzos de la muralla, llevándose consigo este objeto de culto para después ocultarlo en alguna de las muchas grutas subterráneas que abundan por la zona.

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La ciudad medieval de Carcasona impresiona al viajero./ Imagen cedida por Shutterstock

Pocos metros después de iniciar la ascensión a la montaña nos encontramos con una pequeña pradera (El Prat del Cremats) con un monumento conmemorativo que nos recuerda a los 220 hombres y mujeres que fueron arrojados a las llamas purificadores tras la rendición del castillo.

La travesía por la búsqueda de los asombrosos reductos cátaros detiene su paso en los castillos de Peyrepertuse y Queribus, cuya visita no dejará indiferente al viajero. El primero se encuentra en la localidad de Duilhac-sous-Peyrepertuse, en la región del Languedoc-Roselló, sobre la cima de una cresta rocosa, con vertiginosas paredes verticales que alcanzan los 80 metros de altura.

Se trata de un auténtico ejemplo de arquitectura militar de la Edad Media europea, con una recia muralla de 102 metros de longitud reforzada por torres semicirculares. Durante la cruzada albigense, Guillem de Peyrepertuse decidió ponerse a favor de los cátaros, motivo por el cual fue excomulgado, aunque tras el fracaso del sitio de Carcasona, terminó aceptando la realidad y sometió esta fortaleza, que quedó en manos del rey de Francia en 1240.

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En Morella también se puede seguir el rastro del último cátaro./ Imagen cedida por Shutterstock

A escasos siete kilómetros encontramos el castillo de Queribus, otra importante fortaleza cátara sita a 628 metros de altura. Consta de tres recintos defensivos construidos a distinto nivel, y en su interior sobresalen varias salas góticas de extrema belleza. De visita obligada es la torre del homenaje, desde cuya cima se disfrutan de unas inolvidables vistas de los Pirineos.

Con este recuerdo imborrable ponemos punto y final a nuestra ruta por el corazón del país de los cátaros, pero con la vista puesta en un horizonte en el que se adivina la cercanía de la ciudad de Carcasona, cuya ciudadela amurallada sigue siendo uno de los destinos turísticos más visitados de toda Francia.

En la Península Ibérica también contamos con destinos de notable pasado que de alguna manera u otra están relacionados con los cátaros. El viajero amante de la historia podrá seguir los últimos pasos del cátaro que puso fin a esta doctrina en lugares como Morella o San Mateu, localidades de la provincia de Castellón por donde Guillem de Belibaste anduvo y se estableció una pequeña comunidad albigense.

Dónde dormir: Logis Auberge la Barguillère; 18 Le Pont, 09000 Saint-Pierre-de-Rivière (Francia); teléfono: +33 561651402.

Dónde comer: Sud Asie; 34 Cours Irénée Cros; 09000 Foix (Francia); teléfono: +33 561028261.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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