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Rohingyas: Los ‘sin tierra’ de Myanmar

Rohingyas: Los ‘sin tierra’ de Myanmar

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En la frontera entre Bangladesh y Myanmar (la antigua Birmania) existe una tierra de nadie que oculta una terrible realidad: la presencia de la etnia musulmana de los rohingyas, un pueblo “sin Estado” reconocido por las Naciones Unidas. Más de cien mil personas permanecen en Rakhine sobreviviendo hacinados en campos para desplazados.

Estos indígenas del estado de Rakhine son, según aseguran ellos mismos, descendientes de comerciantes árabes. Sin embargo, Myanmar les considera musulmanes originarios de Bangladesh que emigraron a su país durante la ocupación británica. Versiones que difieren y provocan un conflicto.

En la antigua Birmania, donde la religión mayoritaria es el budismo, los rohingyas no están considerados ciudadanos porque carecen de reconocimiento como grupo étnico. Y desde que Myanmar se independizara en 1948 y el país adoptara un nuevo nombre, han sido marginados (tienen prohibido casarse y poseer propiedades) y padecido como víctimas de torturas.

El régimen de crueldad impuesto por Myanmar ha provocado una diáspora en los últimos años de los rohingyas, que se han visto obligados a huir y concentrarse en regiones como Maungdaw y Buthidaung, en Rakhine, uno de las zonas más pobres al oeste de Myanmar.

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Los rohingyas viven hacinados en Rakhine, Myanmar./ Imagen cedida por Shutterstock

Conflicto entre musulmanes y budistas

Otros miles de rohingyas viven indocumentados en Bangladesh, pero el Gobierno de ese país tampoco los reconoce como refugiados. El conflicto entre musulmanes y budistas se remonta a la Segunda Guerra Mundial: en el año 1942, los rohingyas se enfrentaron a los budistas locales; los primeros estaban apoyados por el Reino Unido, y los segundos, por Japón.

La dura realidad de esta comunidad musulmana nos lleva a conocer un poco mejor el país donde viven en condiciones muy duras. La apertura democrática que vive Myanmar desde el año 2015 cuando escogió a su primer Gobierno democrático en más de medio siglo ha permitido que muchas partes del país asiático, cerradas durante años, puedan visitarse libremente.

El viajero puede descender el río Ayeyarwady en un viejo barco de vapor, contemplar una playa en el golfo de Bengala, caminar hasta aldeas de las minorías shan en las colinas y conocer a los nativos: amables, simpáticos, comprometidos, inquietos y apasionados, deseosos de formar parte del mundo.

Conocer la realidad del país

De entre lo imprescindible para ver en Myanmar: Shwedagon Paya, el monumento más impactante del sureste asiático, presidido por una magnífica estupa. Es tanto un peregrinaje religioso como un parque de diversiones. La cita obligada en la capital, Rangún.

Aparte de los más de 3.000 templos y pagodas distribuidos por la llanura de Bagan que se pueden disfrutar en globo, otra de las visitas obligadas en Myanmar es la del lago Inle, lo bastante grande para que todo tipo de viajero tenga una experiencia vital única.

Un lugar de interés que añadir en la visita al país asiático es la de Sagaing, lugar de peregrinación para los budistas birmanos. La ciudad está dominada por cerros cubiertos por numerosas estupas blancas y doradas, que otorgan una visión espectacular. Llamará la atención del viajero.

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Shwedagon Paya, uno de los santuarios más impactantes de Asia./ Imagen cedida por Shutterstock

Después de este peregrinaje rápido por la antigua Birmania, es momento de reflexionar sobre la problemática que encabeza este artículo. Los rohingyas necesitan ayuda urgente.

La comunidad internacional no puede mirar hacia otro lado ante este grave problema de lesa humanidad. Cada minuto de reloj cuenta. Sobre el terreno y en vivo trabajan duro organizaciones de ayuda como ACNUR, una reputada ONG que vela por el bienestar de refugiados como esta minoría perseguida por su etnia de la antigua Birmania.

Tú puedes aportar tu grano de arena en forma de donación de ayuda humanitaria. De esta forma ACNUR tiene la posibilidad de llevar vacunas, agua y comida desde sus almacenes en todo el mundo a miles de personas. Con 10 euros ya estás contribuyendo de forma notable al permitir que un niño pueda vacunarse. Entre todos podemos hacer algo.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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