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En el Bilbao más señorial

En el Bilbao más señorial

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Desde la Plaza Circular hasta el Museo Guggenheim, un paseo por la Gran Vía permite conocer el Bilbao más señorial, ese que respira arquitectura y arte por cada uno de los poros de su piel de asfalto. Un paseo a lo largo de la historia más reciente de la capital de Vizcaya, cuyo porte entusiasma la predisposición del viajero más avezado.

Desde finales del siglo XIX, el puente del Arenal une el casco viejo de Bilbao con un típico ensanche decimonónico de manzanas amplias y regulares con elegantes edificios. Para conocerlo, lo ideal es partir de la Plaza Circular, en cuyo centro se alza la escultura de don Diego López de Haro, fundado en 1300 de la noble villa de Bilbao.

De aquí parte la Gran Vía, eje central del Ensanche, que toma el nombre del fundador. Esta elegante arteria comercial y bancaria tiene el atractivo añadido de ser semipeatonal. Merece la pena dejarla por unos momentos para buscar a mano derecha los jardines de Albia, en los que la estatua del escritor Antonio Trueba descansa entre árboles y palomas.

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El Bilbao más señorial recorre parte de su ría./ Imagen cedida por Shutterstock

De regreso a la Gran Vía, nos topamos con la figura del dios Mercurio que remata el edificio del primitivo Banco de Vizcaya y, más allá, con el Palacio de la Diputación Foral de Bizkaia que, erigido en 1900, exhibe una gran balconada.

Las obras de construcción comenzaron en el año 1890, de la mano del arquitecto Luis Aladrén. El proyecto cumplió las expectativas de la burguesía de Bizkaia, que quería expresar en su nueva sede el auge económico del territorio.

La gran suntuosidad y el abigarramiento del edificio responde a ese deseo. Así, el eclecticismo domina el exterior, mientras que el interior exhibe el mismo recargamiento decorativo exterior y es un claro ejemplo del esplendor de las artes aplicadas: mármoles, maderas, estucos, espejos, escayolas, cerámicas, vidrieras…

La Gran Vía exhibe, en su parte central, la plaza Moyúa o Elíptica, a la que se asoman el edificio del Hotel Carlton, declarado Bien de Interés Cultural, y el peculiar palacio de Chávarri, actual sede del Gobierno Civil.

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El Museo Guggenheim ha cambiado por completo la fisonomía de Bilbao.

Desde el tramo de la Gran Vía que desemboca en la plaza del Sagrado Corazón accedemos a mano derecha al parque de doña Casilda de Iturrizar, une espacio verde en torno a un estanque, destacado lugar de esparcimiento de los bilbaínos. Aunque en el plan del Ensanche de 1876 ya habían proyectado realizar un parque en este lugar, no fue hasta 1907 cuando comenzaron a trabajar.

El arquitecto Ricardo Bastida y el ingeniero Juan de Eguiraun se encargaron de diseñar el espacio que lleva el nombre de la benefactora bilbaína. En un extremo del parque se halla el Museo de Bellas Artes de Bilbao, una de las mejores pinacotecas de España con obras de diversas épocas y manifestaciones artísticas.

Conforman su legado más de 6.000 pinturas, esculturas, dibujos, grabados y artes decorativas, desde el siglo XII hasta la actualidad, enclavadas en cuatro secciones principales: arte antiguo, arte contemporáneo, arte vasco u pequeñas colecciones de artes aplicadas.

Paseando por la Alameda de Mazarredo el viajero verá el paisaje de un nuevo Bilbao: el Palacio de Congresos y de la Música Eskaulduna. Con una aforo con 2.164 asientos y 18 salas independientes capacitadas para albergar varios espectáculos al mismo tiempo, el edificio es obra de Federico Soriano y Dolores palacios, e inaugurado en febrero de 1999.

Su llamativo diseño simboliza el último buque construido en el antiguo astillero Eskaulduna, terrenos sobre los que se asienta, mientras que su configuración interna conforma un enorme complejo multifuncional de 53.000 metros cuadrados en el mismo centro de la ciudad.

El viajero concluye su paseo en el icono bilbaíno más internacional, el Museo Guggenheim Bilbao, que además de ser un punto de referencia para los amantes del arte contemporáneo, es un ejemplo de emblema de cómo una construcción espectacular como la de Frank Gehry puede contribuir a regenerar toda una zona.

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El encanto de Bilbao está presente en muchos de sus rincones./ Imagen cedida por Shutterstock

Convertido en símbolo del nuevo Bilbao, el Gugghenheim constituye uno de los proyectos culturales más ambiciosos del siglo XX. Su colección permanente incluye obras de los artistas más prominentes de las últimas cuadro décadas y se complementa con fondos prestados por la Solomon R. Gugghenheim Foundation y con las programaciones especiales que auspicia la Fundación.

Además, algunas salas están dedicadas a montajes monográficos y otras albergan obras realizadas expresamente para el museo. El arte contemporáneo vasco y español también están representados con una selección de obras que, como nuevas adquisiciones de la colección permanente, proporcionan una amplia visión de las tendencias más actuales del arte.

Otro hito bilbaíno que no se puede dejar escapar es la subida al mirador del monte Artxanda en el famoso funicular. Se obtienen desde aquí las mejores vistas de toda la ciudad. Espectaculares. Viene incluido en un tour por el Casco Viejo de Bilbao.

Bilbao da lustre a la visita del viajero por tierras vascas. Pero la provincia de Vizcaya conserva otras joyas con historia que se le recomiendan al viajero aficionado por el pasado. Como por ejemplo Balmaseda, Elorrio, la villa donde se fabricaban las picas de los Tercios de Flandes, o el espectacular castillo de Butrón.

Dónde dormir: Hotel Arenal; Fueros Kalea, 2; 48005 Bilbao (Vizcaya); teléfono: 944151407.

Dónde comer: Irrintzi; Santa Maria Kalea, 8; 48005 Bilbao (Vizcaya); teléfono: 944167616.

 

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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