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El plan de… Javier Martínez-Pinna

El plan de… Javier Martínez-Pinna

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Pocos pueden discutir que Burgos es una de las ciudades españolas con más historia. Un pasado ligado, sin duda, a la figura del Cid Campeador y los avatares que sufrió en la Edad Media. Una ciudad con un casco antiguo rodeado por el río Arlanzón, en la que destaca su imponente catedral gótica, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Un buen destino de fin de semana, en definitiva, que nos recomienda visitar Javier Martínez-Pinna, historiador, profesor y colaborador de Lugares con historia.

Visitar la ciudad de Burgos nos permite emprender un emocionante viaje a lo largo de la Historia y sumergirnos en un pasado distante en el que somos testigos del nacimiento de una Castilla que ha tenido un destacado papel para comprender lo que somos y de dónde venimos. “En esta bella y acogedora ciudad podremos pasear por elegantes calles y disfrutar de sublimes paseos, donde el recuerdo de un tiempo pasado brota con generosidad en cada una de sus pintorescas esquinas”, nos pone en situación Martínez-Pinna.

La ruta parte desde la catedral de Burgos, declarada Patrimonio de la Humanidad; uno de los mejores exponentes del arte gótico español. El autor de Operación Trompetas de Jericó o Grandes tesoros ocultos ya advierte al viajero de lo que se puede encontrar allí: “Traspasar sus puertas es introducirse en un mundo ajeno a nuestra comprensión, cuya naturaleza solo podemos intuir cuando ya en el interior levantamos nuestra mirada para sobrecogernos con las dimensiones de este templo sagrado con el que sus constructores pretendieron emular la grandeza de Dios”.

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Arco de Santa María./ Imagen cedida por Shutterstock

Iniciada su construcción en 1221, este impresionante templo siguió el modelo purista del arte gótico francés. Destaca la imponente fachada principal y sus características agujas que apuntan directamente hacia el cielo. En su interior, sobresalen el cimborrio de Juan de Colonia y la escalera dorada de Diego Siloé. “Mientras, los interesados por los aspectos más enigmáticos de la historia disfrutarán de la presencia de dos auténticos autómatas: el Papamoscas, una figura de medio cuerpo situada en lo alto de la nave mayor, asomada sobre la esfera del reloj, que todas las horas en punto abre la boca y mueve su brazo derecho para accionar el badajo de la campana, y el Martinillo, que se encarga de señalar los cuartos”, relata Pinna.

Desde la Catedral, mediante la plaza del Rey San Fernando, nos dirigimos hasta el río Arlanzón, a través de la Puerta de Santa María, uno de los monumentos más emblemáticos de la capital burgalesa. Concebida como un enorme arco triunfal, esta puerta es una de las doce que daban acceso a la antigua ciudad medieval. En su interior, unas escaleras ascienden hasta la sala principal y luego dan a un salón octogonal, donde se reunió el concejo de Burgos hasta finales del siglo XVIII.

No abandonamos el curso del río. A su vera, paseamos hasta llegar a nuestro siguiente destino: el monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas. Punto y aparte. El conjunto, formado por la iglesia y el monasterio de estilo románico pero con claras influencias mudéjares, acoge al viajero para transportarle, de nuevo, hacia el pasado. En esta ocasión la máquina del tiempo le traslada hasta el reinado de Alfonso VIII, “cuando el monarca, junto a su esposa Leonor de Plantagenet (hermana de Ricardo Corazón de León), inician la construcción del monasterio cisterciense con la intención de convertirlo en panteón real y lugar de retiro para las damas de la nobleza castellana”, aclara el escritor alicantino. Declarado Monumento Histórico-Artístico, el monasterio de las Huelgas alberga varias sepulturas reales y el Museo de las Ricas Telas, cuya visita es más que recomendable.

Burgos no solo destaca por su historia. También por sus gentes y, cómo no, por su rica gastronomía. El asado de cordero lechal es el plato estrella de una cocina caracterizada por la variedad de sus ingredientes. El viajero podrá deleitarse con productos típicos en esta tierra bendecida por la naturaleza, como la célebre morcilla de arroz, su queso fresco, las alubias o la contundente olla podrida, todo ello regado con unos caldos de excelente calidad que podremos degustar en alguno de los excelentes restaurantes que tenemos en la ciudad. Mención especial merece el Morito, situado en el corazón del casco antiguo, muy cerca de la Plaza del Ayuntamiento y la Catedral, o el clásico Casa Ojeda.

A tan solo tres kilómetros del centro histórico, en lo que hoy es el parque de Fuentes Blancas, localizamos la Cartuja de las Miraflores, otra joya arquitectónica. Su origen lo podemos situar en el año 1442, cuando el rey de Castilla, Juan II, decidió donar un pabellón de caza construido por su padre Enrique III, a la orden de los Cartujos. Tras un devastador incendio, se iniciaron las obras para la construcción de un nuevo edificio, que solo pudo ser terminado en 1484, durante el reinado de Isabel la Católica.

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Monasterio de Santa María Real de las Huelgas./ Imagen cedida por Shutterstock

La Cartuja de Miraflores es una excelente muestra del gótico isabelino, con una iglesia de nave única rematada por una cubierta con bóveda de estrella. En su interior podemos disfrutar de un rico repertorio, en el que destacan las hermosas vidrieras traídas desde Flandes, el retablo mayor de Gil de Siloé o el sepulcro de Juan II e Isabel de Portugal, con forma de estrella de ocho puntas. El sepulcro está ricamente decorado con figuras alegóricas e imágenes de santos y en las esquinas los cuatro evangelistas en posición sedente.

En nuestros días, según aclara Pinna, el monasterio sigue habitado por monjes cartujos, “cuyo fundamento de vida se basa en la alabanza a Dios desde una vocación ermitaña. Como ha sucedido desde hace siglos, alternan su trabajo diario con la lectura, la meditación y el rezo tratándose de alejarse lo más posible un mundo ajeno a su espiritualidad y tan distante respecto a sus principios”, asegura.

Burgos es la esencia de lo que es Castilla. Una tierra sobria y orgullosa, empeñada en mirar hacia delante y progresar, pero sin renunciar a su pasado. Burgos, al contrario de lo que ocurre en otras regiones, avanza paso a paso, sin estridencias, ganándose la simpatía de un número cada vez mayor de viajeros que cada año llegan para quedar deslumbrados con la riqueza de su cultura. El monasterio de San Pedro de la Cardeña, el Museo de la Evolución Humana, el castillo de Burgos o las Casas de Íñigo Angulo, Miranda y Melgosa, así como otros pueblos más distantes: Covarrubias, San Pedro de Arlanza o Atapuerca, son sólo una muestra de lo que al viajero apasionado por los lugares con historia le espera en el corazón de Castilla.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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