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La ruta de los lugares imaginarios y legendarios

La ruta de los lugares imaginarios y legendarios

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La imaginación del viajero está poblada de tierras y lugares que nunca han existido, pero que han marcado el pasado de la literatura o de la historiografía. Desde la cabaña de los siete enanitos a las islas visitadas por Gulliver, del templo de los Thugs de Salgari al piso de Sherlock Holmes. Estos espacios no son son más que un producto de la fantasía de un narrador o de un poeta. De la mano del gran escritor y pensador Umberto Eco nos adentramos en una galería de arte temática, regiones universales, tierras inencontradas. Historia y leyenda se mezclan en este apasionante viaje.

Desde tiempos muy remotos, la humanidad ha fantaseado con lugares que se han considerado reales, como la Atlántida, Mu, Lemuria, las tierras de la reina de Saba, el reino del Preste Juan, las Islas Afortunadas, El Dorado, la última Thule, Hiperbórea y el país de las Hespérides, el lugar donde se conserva el Santo Grial, la roca de los asesinos del Viejo de la Montaña, el país de Jauja, las islas de la Utopía, la isla de Salomón y la tierra austral o el misterioso reino subterráneo de Agartha.

Muchos de estos lugares han sido el origen de fascinantes leyendas; otros han alimentado la fantasía de los cazadores de misterios, y los hay que incluso han estimulado viajes y exploraciones. Lugares con historia desgrana lugares novelescos, ficticios, inspirados en espacios reales, tierras y lugares que ahora o en el pasado han creado quimeras, utopías e ilusiones porque mucha gente ha creído realmente que existen o han existido en alguna parte.

La Biblia es uno de los principales compendios que más lugares de ficción alberga entre sus hojas. Hay pocas cosas que nos resulten más conocidas que la geografía de la Palestina bíblica y las hierras circundantes. Jericó y Belén todavía existen, así como el Mar Rojo que atravesó Moisés y su pueblo. Sin embargo, en el relato bíblico se nombran algunos lugares cuya geografía hunde su raíces en la leyenda. Una de ellas hace referencia a las 12 tribus que se asentaban en Israel (Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín) Cuando el pueblo de Israel, guiado por Josué, se estableció de nuevo en tierras israelíes (en torno al 1200 a.C.), el país se dividió en 11 partes y en cada una de ellas se asentó una tribu. A la de Leví no se le asignó ningún territorio. Pero con la conquista de Israel por parte de los asirios en el 712 a.C., las tribus se dispersaron y se perdió su rastro.

Respecto a la conocida historia de la Reina de Saba, cuenta la Biblia que la monarca fue a conocer a Salomón, atraída por la fama de su sabiduría y la suntuosidad de su palacio. Sabemos donde estaba Salomón: en Jerusalén. Pero, ¿de dónde procedía la reina? Según una tradición, la reina procedía de Etiopía, pero Saba se hallaba en el punto en que se cruzaban las caravanas que transportaban incienso en dirección al mar Rojo, en la Arabia Felix, que corresponde más o menos al actual Yemen. Salomón deslumbró a la reina de Saba con el esplendor del templo de Jerusalén, conocido como Primer Templo, que el rey había mandado construir en el siglo X a.C. y que fue destruido por Nabucodonosor II en 586 a.C. El Segundo Templo fue erigido al exilio del regreso babilónico, a partir de 536 a.C. y luego fue ampliado por Herodes el Grande hacia 19 a.C. y destruido por Tito en el año 70.

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La leyenda atribuye a Glastonbury la posible localización de Avalon y el rey Arturo.

No hay leyenda que nos resulte más familiar que la de los Reyes Magos. Su fugaz aparición en la historia se sitúa entre dos lugares legendarios, el de su origen y el de su sepultura. El Evangelio según Mateo es la única fuente cristiana canónica que describe el episodio de los Magos, a finales del siglo I. Y Mateo no solo nos dice que fueran tres, sino que tampoco asevera que fueran reyes. Quizás procedían de Persia, aunque también podían provenir de Caldea. Probablemente eran un blanco, un árabe y un negro.

Conocemos bien todo el mundo de la mitología griega: el Ática, el Olimpo, los ríos, los lagos, los bosques, el mar. Sin embargo, la fantasía griega transformaba continuamente cualquier aspecto del mundo que conocía en lugar legendario. Poco se puede fantasear sobre el lugar donde se levantaba Troya o el palacio de Agamenón; muchos turistas visitan Argos y Micenas, y todavía se sigue discutiendo dónde estaban los lugares visitados por Ulises en el transcurso de sus peregrinaciones. Se ubicaban entre el mar Jónico y el estrecho de Gibraltar, pero aún se debate qué lugares reales corresponden los lugares de La Odisea. El periplo de Ulises le lleva, después de una estancia de siete años en la isla de Ogigia, prisionero de la ninfa Calipso, a la isla de los feacios, Esqueria. Esta isla correspondería a Corfú, que se encuentra a poca distancia de la actual Ítaca. ¿Fueron en realidad estos los lugares del viaje de Ulises? Algunos historiadores sitúan la isla de Léucade como la Ítaca de Homero.

Entre los lugares legendarios del mundo antiguo, debemos también registrar las siete maravillas del mundo: los jardines colgantes de Babilonia, el Coloso de Rodas, el Mausoleo de Halicarnaso, el templo de Diana en Éfeso, el faro de Alejandría en Egipto, la estatua de Zeus en Olimpia y la pirámide de Keops en Giza. Esta última es la única que sobrevive y la que quizás ha suscitado más leyendas.

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Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo.

En el año 1165 empezó a circular la que se denominaría Carta del Preste Juan, escrita por el preste a Manuel Commeno, emperador de Bizancio. La carta contaba que en el lejano Oriente, más allá de las regiones ocupadas por los musulmanes, más allá de las tierras que los cruzados habían intentado arrebatar al dominio de los infieles, florecía un reino cristiano gobernado por un fabuloso Presbyter Johannes. A mediados del siglo XIV, el reino del Preste Juan se desplazaría de Oriente a África. Los portugueses creyeron identificar el reino con Etiopía, menos rico y fabuloso que el descrito en la famosa carta.

De la isla de Taprobana también hablaron los antiguos. Según Plinio, Taprobana fue descubierta en tiempos de Alejandro. La isla de Plinio se podía identificar con Ceilán, y al menos así se deduce de los mapas de Ptolomeo. También Isidoro de Sevilla la situaba al sur de la India. Según Mandeville, Taprobana se encontraba cerca del reino del Preste Juan. Los autores modernos concluyen que la actual Sumatra. Tomás Moro situó su ‘Utopía’ entre Ceilán y América. Según otra opinión, Adán y Eva vivieron los años de su exilio en la isla de Serendib, o Ceilán. Es una creencia de origen musulmán.

Entre las maravillas de Oriente se encontraba el Paraíso terrenal. Según la Biblia, en su Génesis se cuenta la historia del jardín de las delicias en el que vivían Adán y Eva. En el jainismo, hinduismo y budismo se habla del monte Meru del que brotan cuatro ríos y sobre el que se alza la morada de los dioses y antigua patria del hombre.El paraíso de los sumemos se llamaba Dilmun, mientras que las montañas del Kunlun lo eran para el taoísmo. Tanto en la mitología china como en la japonesa de habla del monte Penglai.

Desde el principio, la tradición ha situado el Edén bíblico en Oriente, en el oriente más extremo, allí donde nace el sol. Pero este oriente no parecía ser tan extremo, ya que del jardín brotaban cuatro ríos, dos de los cuales eran el Tígris y el Éufrates que regaban la antigua Mesopotamia. La mayoría de mapas medievales sitúa el Paraíso dentro del círculo del Océano, Dante lo ubicó en la cima de la montaña del Purgatorio y otros lo han situado en tierras identificadas con la Atlántida o las Islas Afortunadas. En cualquier caso, se creía en la Antigüedad que el Edén se hallaba en un lugar muy elevado, porque solo así habría podido sobrevivir al Diluvio universal.

El mito de El Dorado nace cuando los indios le hablan al conquistador español Juan Ponce de León en el siglo XVI de la fuente de la eterna juventud en un lugar que estaba situado entre la costa septentrional de América del Sur hasta Florida, pasando por el Caribe.

Entre todas las tierras legendarias y a lo largo de los siglos, la Atlántida es la que más ha estimulado la fantasía de los filósofos, científicos o cazadores de misterios. Lo que ha ido reforzando la leyenda ha sido la convicción de que en realidad existió un continente desaparecido y que es difícil hallar su rastro porque se hundió en el mar. No es una hipótesis descabellada que hubo tierras sobre nuestro planeta que luego desaparecieron. Se considera que hace 225 millones de años el conjunto de las superficies terrestres constituía un único continente: Pangea, que después comenzó a escindirse hasta originar lentamente los continentes actuales. Platón, en sus diálogos Timeo y Critias, nos habla de ello; Ya Heródoto (siglo V a.C.), aunque sin nombrar a la Atlántida, menciona a los atlantes como pueblos del norte de África. Cuenta Platón que más allá de las Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) había una isla más grande que Libia y Asia juntas.

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La pirámide de Keops es la única de las siete maravillas del mundo antiguo que permanece en pie.

La memoria obsesiva nacida de las página platónicas ha llevado a formular la hipótesis de otros continentes desaparecidos, entre los que estaría Lemuria, otra presunta cuna de la raza humana. Lemuria habría estado situada entre Australia, Nueva Guinea, las islas Salomón y las islas Fidji y habría unido África con Asia. Sin embargo, los científicos han establecido que en el Pacífico o el Índico no hay ninguna formación geológica que pueda corresponder a la hipotética Lemuria.

Pariente de Lemuria es el continente de Mu. En el siglo XIX el abad Charles Étienne Brasseur intentó traducir un códice maya aplicando un método de desciframiento que era erróneo. Entendió, equivocadamente, que el manuscrito hablaba de una tierra hundida a consecuencia de un cataclismo. Como encontró signos que no entendía, decidió traducirlo como Mu. Según esta teoría, Mu estaba poblada por una raza blanca que difundió la ciencia, la religión y el comercio por todo el mundo. Se vio afectada por volcanes y maremotos, y se hundió hace 13.000 años, antes que la Atlántida.

Thule aparece citada por vez primera en una relación de viaje del explorador griego Piteas, que la describió como una tierra del Atlántico Norte, una tierra de fuego y hielo donde el sol no se ponía nunca. La isla fue identificada en su momento con Islandia, las islas Shetland, las islas Feroe o la isla de Saaremaa. El mito de Thule se fusionó después con el de los hiperbóreos, un pueblo que vivía en una tierra lejanísima situada al norte de Grecia. Esta región era un país perfecto, iluminado por un sol que brillaba seis meses al año.

Parte de la leyenda medieval sitúa el Grial en Avalon, lugar donde se reunían Arturo y los caballeros de la tabla redonda en la Edad Media. La tradición identifica a Avalon con la ciudad de Glastonbury, en Somerset. Una lápida reza que en 1278 los rezos mortales de Arturo y Ginebra fueron enterrados en el interior de la abadía, y desaparecieron con su destrucción en 1539. A Camelot lo sitúan en Winchester, en cuyo Grand Hall se expone una tabla redonda, y también en Gales. La búsqueda del Grial traslada al viajero a Montsalvat, probablemente Montsegur, la fortaleza pirenaica de los cátaros y su último baluarte antes de su destrucción.

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El Viejo de la Montaña estableció su centro de operaciones en Alamut.

Alamut es uno de esos lugares reales que se transforman en lugares legendarios, a menudo por razones políticas. Esta fortaleza de la que se elevan todavía hoy algunas ruinas, se sitúa al sudoeste del mar Caspio. En ella habitó la Secta de los Asesinos durante la Edad Media, en la época de las Cruzadas. Estuvo dominada por un personaje fascinante, místico y feroz: Hasan-i-Sabbah, el llamado Viejo de la Montaña, que reunía allí a sus acólitos, los fida’iyyin o fedain, fieles hasta la muerte, que utilizaba para llevar a cabo sus asesinatos políticos. La leyenda dice que adoctrinaba a sus discípulos a base de placeres, vino, mujeres y hashish (hachís)

El anhelo de una sociedad ideal ya había aparecido en La República y Leyes de Platón, pero Tomás Moro fue el primero que descubrió la isla de Utopía en su obra de 1516 como modelo positivo de un estado inexistente. Mide 200 mllas en su parte central y tiene un perímetro de 500 millas. Su aspecto es de luna creciente. Está formada por 54 ciudades, magníficas, grandes e idénticas en lengua, costumbres y leyes. Otra civilización ideal, la de los Hoyhnhnm, aparece en Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift (1726) o el socialismo utópico de los Henri de Saint-Simon y Charles Fourier en oposición a la sociedad capitalista de su época.

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La isla griega de Ítaca es el punto de destino de Ulises en ‘La Odisea’.

¿Qué ocurre en el corazón de la Tierra? Toda la tradición antigua imagina que, si se penetra en las entrañas de la Tierra, se entra en el reino de los muertos. Así era el Hades en Homero o Virgilio o el infierno de Dante. Las entrañas de la Tierra también han atraído a los vivos. Penetrar en el corazón del planeta, bajo la corteza terrestre, es algo que siempre ha atraído a los seres humanos. La primera hipótesis del planeta Tierra completamente hueco lo formuló un científico como Edmund Halley, el que da nombre al cometa. Afirmaba que nuestro globo estaba constituido por tres esferas huecas concéntricas que no se comunicaban entre sí, y por un núcleo caliente, también esférico, situado en el centro del sistema. En cualquier caso, Halley no creía que se pudiera penetrar en el interior del planeta.

Para soñar con un mundo subterráneo no es indispensable plantear la hipótesis de una Tierra hueca sobre cuya superficie interior vivimos nosotros. Basta pensar en una inmensa ciudad subterránea que todavía exista bajo nuestros pies. A partir de experiencias reales como Derinkuyu, en la Capadocia turca, de la pluma de algunos autores fantasiosos nació en el siglo XIX el mito de la ciudad de Agartha. Se trata de una inmensa extensión que se despliega debajo de la superficie terrestre, un auténtico país construido a base de ciudades conectadas entre ellas, un mundo depositario de conocimientos extraordinarios, que influye en todos los acontecimientos el planeta. Agartha se extendería en el subsuelo de Asia.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

Comment(2)

    1. Gracias por tus palabras.

      Todas las leyendas tienen un poso de realidad. Quizá podamos hallar algún día la Camelot del Rey Arturo…

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