Home Comunidad Valenciana Lucentum, la Alicante romana
Lucentum, la Alicante romana

Lucentum, la Alicante romana

0
0

La Comunidad Valenciana, y en concreto su pasado, en especial el romano, no tiene secretos para él. En tres de sus novelas históricas (Princeps. El Primer Ciudadano De Roma; Devotio. Los Enemigos de César, y Valentia, las memorias de Cayo Antonio Naso) ha dado buena cuenta de ello. El escritor Gabriel Castelló se vuelve a dar una vuelta por la memoria de los escenarios en los que ambienta sus obras. En esta ocasión pone rumbo a la época que tan bien conoce para descubrirnos el fascinante pasado que atesora la Alicante romana. Lugares con historia cuenta de nuevo con la presencia de Gabriel Castelló (ya nos invitó a viajar a Ilici), que acaba de publicar Archienemigos de Roma.

Alicante, luminosa ciudad mediterránea, segundo núcleo poblacional de la Comunitat Valenciana y undécimo de España, es un enclave histórico de primer nivel que atesora joyas arqueológicas de valor incalculable. De clima agradable y bien comunicada, es un destino fantástico en cualquier época del año. Los primeros poblados en el área que hoy ocupa el municipio alicantino se remontan al siglo IV a.C., siendo, según Estrabon y Plinio el Viejo, iberos contestanos los habitantes oriundos de estas tierras cuando, y todavía sujeto a controversia, aparecieron los cartagineses en la zona y el gran Amílcar Barca estableció en el 231 a.C. un bastión en un punto costero que ya entonces era conocido por su topónimo griego como Ἂκρα Λευκῆ (Akra Leuké) y que posteriormente las fuentes romanas asociaron como Castrum Album. El promontorio blanco en griego, o el cerro blanco, en latín, en ambos casos destacan una fisonomía litoral que nos ha llegado hasta hoy: Costa Blanca.

entrada_lucentum
Entrada al yacimiento de Lucentum./Gabriel Castelló

Todavía no hay consenso en establecer que la ciudad ibero-púnica del Tossal de Manises, junto a L’Albufereta, fue la Akra Leuké de Amílcar. La arqueología da indicios, pues la cisterna y muralla del siglo III a.C. son claramente púnicas, pero otros restos iberos anteriores hacen pensar en una asimilación de un poblado ya existente en vez de una ciudad-fortaleza de nueva planta. No obstante, frente al Tossal de Manises, al otro lado de la entonces navegable Albufereta, había un segundo asentamiento en el Cerro de las Balsas, puramente ibero.

El conflicto entre las potencias marítimas de Roma y Cartago no dejó grandes devastaciones en la región. Tras la toma por sorpresa de Qart Hadash (hoy Cartagena) por Publio Cornelio Escipión, la Contestania quedo tácitamente bajo el control de Roma y lo púnico fue quedando relegado ante el ímpetu de aquellos nuevos extranjeros que se habían impuesto a los antiguos señores de Spania.

En el 197 a.C., la zona pasó a estar sujeta a la administración de la provincia Hispania Citerior y, desde entonces hasta la conclusión de las guerras cántabras, la fisonomía fue cambiando hacia el estilo urbano imperante en la República: una nueva muralla a finales del siglo II a.C., un amplio espacio lúdico y religioso en el centro de la ciudad (el foro), un nuevo sistema de cloacas y cisternas, dos termas (como las de Marco Popilio Onixs, un rico liberto que las financió de su propia pecunia), tabernae y demás negocios propios de una ciudad con un amarradero natural tan transitado que, a mi humilde parecer, le dio la vida y la muerte.

yacimiento_lucentum
Aspecto actual de las ruinas de Lucentum./Gabriel Castelló

Durante el principado de Augusto, Lucentum (también llamada Leucante para sus habitantes, pues el termino Lucentum es más propio de topografía que de uso común) asciende a rango de municipium. Fue entonces cuando la ciudad tuvo su máximo apogeo en producción agropecuaria, pesca, población, infraestructuras, comercio y edificios públicos, bonanza que comenzó a decaer ya a finales del siglo I y se acentuó a principios del II, en época de los Antoninos, quizá por varios factores concatenados… ¿Qué sucedió en Lucentum?

Por los estudios arqueológicos sabemos que a finales del siglo I la cloaca ya se había colmatado, es decir, que los ediles no podían sostener las infraestructuras públicas con la recaudación local. A mi parecer, la decadencia de Lucentum devino por la perversa conjunción de dos cosas: en primer lugar, una nueva ciudad con rango de colonia, y bajo la protección de Tito Estatilio Tauro, uno de los hombres de confianza del prínceps, acaparaba el comercio y la atención de la administración provincial. Sita en el ramal de la Vía Augusta que unía esta con Cartago Nova a través del corredor del Vinalopó, y con un puerto secundario al abrigo de las corrientes del golfo, el Portus Ilicitanus (hoy Santa Pola), Ilici era por entonces la ciudad más populosa de las cuatro que había en el actual territorio alicantino, seguida por Dianium y Alonis (Dénia y Villajoyosa)

lucentum_virtual
Reconstrucción virtual del foro de Lucentum./Gabriel Castelló

Así pues, el despoblamiento de Lucentum bien tuvo que ver con su lejanía de las rutas comerciales más transitadas, dícese de la Via Augusta, junto con otro factor climático ajeno a las conductas humanas. Es muy probable que L’Albufereta comenzara a desecarse por aquellos tiempos, dejando de ser un amarradero seguro al abrigo del Benacantil para convertirse en un marjal impracticable para las naves de cabotaje, y menos aún para las corbitas de gran calado.

A este cambio hay que sumarle un daño colateral: las fiebres. Todos sabemos que las zonas pantanosas no son las idóneas para ser habitadas, y quizá esa desecación paulatina convirtió una rada en un pantano. La paralización del tráfico portuario, así como la falta de tránsito comercial por carretera, sumieron a la ciudad en el más profundo abandono. Probado está que cuando los francos asolaron la región entre el 260 y 272, la antaño prospera Lucentum era ya una ciudad fantasma…

bronce_lucentum
Con Augusto, Lucentum adquirió la categoría de ‘municipium’./Gabriel Castelló

Tuvieron que pasar 1.500 años hasta que el Conde de Lumiares, D. Antonio Valcárcel Pio de Saboya y Moura, en 1780, indicó que en el Tossal de Manises se encontraba la perdida Leucante, la Lucentum de los mapas que los árabes habían llamado Al-Laqant respetando el topónimo anterior. En 1930 el profesor Belda retomó los trabajos de excavación y se comenzó a destapar esta joya del olvido, rescatando infinidad de piezas extraordinarias que hoy pueden visitarse en las galerías del Museo Arqueológico de la ciudad.

Curioso es que si hoy podemos pasear por este yacimiento tan evocador disfrutando del sol y la historia, en buena parte se lo debemos a una valiente señora sueca, Solveig NordStrom, arqueóloga de profesión y residente en Benidorm, que en los años 60 se opuso visceralmente a que un plan urbanístico al estilo de los que hemos sufrido hubiese arrasado el Tossal de Manises para construir sobre el magníficos apartamentos playeros… Gracias, Solveig. Estaremos siempre en deuda contigo.

Dónde dormir: Hotel Mio Cid; Avenida de la Costa Blanca, 22A; 03540 Alicante; teléfono: 965152700.

Dónde comer: Restaurante Mauro Sensai; Av. de Ansaldo, 10; 03540 Playa San Juan (Alicante; teléfono: 965164560.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *