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Los diez sitios con más historia de Madrid (II)

Los diez sitios con más historia de Madrid (II)

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La que fue desde tiempos inmemoriales una tierra de paso situada en el centro de la Península Ibérica, se convirtió en su centro político al decidir Felipe II establecer la capital de su corte en Madrid, y, sin olvidar su estirpe castellana, acabó por encontrar su propia identidad en la autonomía. De villa a capital europea, Lugares con historia completa su particular selección de los diez lugares con más historia de Madrid; en esta ocasión con la segunda entrega.

6. El Templo de Debod
La existencia de un templo egipcio en Madrid, en el parque que antaño ocupó el histórico y sangriento cuartel de la Montaña, quizá requiera de una explicación. El Templo de Debod fue un regalo del Gobierno egipcio a España (1968) como reconocimiento por la ayuda en el estudio y salvamento de los templos de Nubia amenazados por la construcción de la presa de Asuán y el lago Nassuar. Traído piedra a piedra desde el Alto Egipto (más de 1.300 sillares de un pequeño templo ptolemaico), se ubica en el pague del Oeste, cerca de la plaza de España. Se trata de uno de los pocos restos arquitectónicos de la civilización egipcia que se encuentran completos lejos de su país originario.

El templo, erigido hacia el año 200 a.C. y decorado posteriormente, se encontraba en la aldea de Debod, a orillas del Nilo, no lejos de la isla de Filé, famoso santuario de la diosa Isis. Está dedicado a Amón de Debod y a la diosa Isis. La construcción del templo la inició el rey de Meroe Adijalamani. Con posterioridad, distintos reyes de la dinastía ptolemaica construyeron nuevas estancias alrededor del núcleo original hasta darle un aspecto cercano al actual. Luego de ser anexionado Egipto al Imperio Romano, fueron los emperadores Augusto, Tiberio y, tal vez Adriano, quienes culminaron la construcción y decoración del edificio. Con el cierre de los santuarios de Isis en Filé, en el siglo VI, el templo quedó abandonado.

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El Templo de Debod./Osvaldo Gago

7. Cerro de los Batallones
Hace nueve millones de años animales prehistóricos como el temible tigre dientes de sable, un perro-oso o un pariente del panda rojo perecieron en un paraje situado a pocos kilómetros de Madrid, en el término municipal de Torrejón de Velasco. Dejaron unos valiosos restos fósiles de casi un centenar de mamíferos carnívoros que han convertido a los nueve yacimientos que componen el conjunto del Cerro de los Batallones en una joya mundial de la Paleontología. Descubierto en 1991, el yacimiento alberga fósiles de animales del Mioceno Superior (abarca el periodo comprendido desde hace 11,5 hasta hace 5,3 millones de años)

Los trabajos llevados a cabo por los paleontólogos del CSIC permitieron descubrir en el nivel inferior de Batallones más de 80 individuos de unas diez especies de carnívoros: aparte de los mencionados tigres dientes de sable, con dos ejemplares (Promegantereon ogygia y Machairodus aphanistus), un anficiónido o perro-oso (Magericyon anceps), y un ailúrido pariente del panda rojo (Simocyon batalleri), también se hallaron cráneos completos y esqueletos íntegros de una una hiena (Protictitherium crassum), dos felinos (Styriofelis vallesiensis y otra especie aún no determinada), un mustélido y dos mefítidos.

8. El subsuelo de la M-30
Restos de animales antediluvianos, vestigios del hombre prehistórico como puntas de sílex, remanentes de villas romanas, trincheras de la Guerra Civil…, todo eso y más se esconde bajo el suelo de la actual carretera M-30 de Madrid. Las obras de soterramiento de esta vía, que comenzaron en el año 2004, han sacado a la luz esta excelente amalgama de joyas arqueológicas y paleontológicas. La historia de la capital a través de un recorrido por el trazado de la M-30, con un eje vertebrador como es el río Manzanares, auténtico origen generador del poblamiento de la ciudad.

La ruta del viajero apasionado por el pasado se traslada hace 16 millones de años, al Mioceno, sobre una extensa sabana con un lago central de escasa profundidad en la que habitaban mamuts, rinocerontes, mastodontes, cérvidos, bóvidos, jabalíes, tortugas gigantes y otros pequeños vertebrados. Aquel lugar se asentaba sobre el yacimiento de la Hidroeléctrica (próximo al estadio de fútbol Vicente Calderón), descubierto en 1920 en el paseo de la Virgen del Puerto, y en la Casa de Campo.

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Debajo de la actual carretera M-30 se han hallado piezas arqueológicas de indudable valor.

El curso del Manzanares y su entorno comenzaron a poblarse de homínidos hace al menos 300.000 años. El hombre prehistórico de por aquel entonces ocupó las zonas de El Butarque, Parque Darwin o las estribaciones del arroyo Abroñigal. Los restos hallados en el valle proceden de diferentes periodos históricos: Paleolítico, Epipaleolítico, Neolítico, Calcolítico, Edad del Bronce y Edad del Hierro. Asentamientos y comunidades neolíticas se han datado en el entorno de la calle O’Donnell o Villaverde asociados a la ocupación del valle del Abroñigal o del Manzanares.

Un gran salto adelante en el tiempo permite al viajero estacionar en el año 1561, cuando las márgenes del Manzanares se empiezan a ocupar con lavaderos, canales artificiales y puentes. De entre los primeros destaca la Casa-Lavadero de Policarpo Herrera (1831), donde se han encontrado varias pilas para el tratamiento de la ropa y la fabricación de jabón y lejía, una noria de sangre y una amplia zona de almacenaje. De bastante antes proceden los restos de una villa romana situada junto al puente de Segovia, cerámicas islámicas y cristianas y restos de los puentes de Toledo y Segovia (que funcionó entre 1345 y 1579). Del pasado visigodo del lugar (siglos VI al VIII) da fe un enterramiento localizado en el yacimiento de Pista de Motos, en Villaverde.

De la Guerra Civil se han encontrado restos de obuses, material balístico y un pequeño refugio realizado con traviesas de tren y una trinchera que con probabilidad perteneció al bando republicano, levantado para la defensa de la ciudad de Madrid a finales de 1936 y principios de 1937.

9. Museo Naval y Museo del Romanticismo
Seis siglos de historia militar y política alrededor de los mares patrios y allende los océanos le contemplan, desde la época de los Reyes Católicos hasta la actualidad. En el paseo del Prado, 5, de Madrid, separado del palacio de Comunicaciones por la calle Montalbán, se encuentra el Museo Naval, en el edificio antaño sede del Ministerio de Marina, ahora Cuartel General de la Armada, con dos salas dedicadas a la batalla de Lepanto y el descubrimiento de América, dos de los grandes logros del Imperio Español.

Su monumental escalinata de mármol de Carrara da acceso al que está considerado como el museo más antiguo de Europa, que alberga, entre los objetos que merecen citarse, la espada de don Juan de Austria, numerosos portulanos (mapas que hicieron posible el uso de la brújula), como el plano de Juan de la Cosa (siglo XV), la cartografía más antigua de América que se conoce, además de maquetas y bibliografía naval.

El Museo Naval cuenta en su espléndida colección con 642 modelos y maquetas de embarcaciones, 553 uniformes, 1.376 cuadros y estampas, 1.067 armas, 1.100 monedas y armas, 525 banderas y estandartes, 663 instrumentos científicos y 686 fondos etnográficos. En total, más de 10.000 piezas de incalculable valor,… Casi nada.

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Maqueta del acorazado Maine cuya explosión en 1898 motivó la guerra hispano-estadounidense./Rowanwindwhistler

Fundado por el marqués de Vega Inclán, el Museo del Romanticismo (C/ San Mateo, 13) ocupa un antiguo palacio construido en 1779. La galería expositiva recrea el ambiente romántico de las residencias nobles del Madrid del siglo XVIII y XIX. No puede decirse que albergue piezas de gran interés artístico, pero sí hermosas estancias de la burguesía adinerada de por aquel entonces (como el Salón de Baile), muebles originales de la época, cerámicas, cortinas, lámparas y retratos de artistas del Romanticismo. Destaca un retrete que perteneció al rey Fernando VII, el velador donde se suicidó Mariano José de Larra y la pistola que utilizó para tal fin.

El museo bebe de una corriente estética social y política caracterizada por su reaccionismo revolucionario contra el racionalismo propio de la Ilustración y el Clasicismo, que otorgaba prioridad a los sentimientos. Nacido a finales del siglo XVIII, sus defensores buscaban la libertad individual por encima de todo, la creatividad, la originalidad y valoraba lo diferente frente a lo común. El centro expositivo, que fue fundado como Museo Romántico en 1924, ha evolucionado desde sus orígenes. De sus 12 salas iniciales, ha pasado a tener 26 y de 86 piezas, ahora cuenta con más de 20.000 objetos. Algunos de ellos pertenecientes a insignes literatos de nuestras letras como José Zorrilla o Juan Ramón Jiménez.

Su colección no es nada desdeñable; en la actualidad, el Museo del Romanticismo tiene catalogados 16.126 fondos museográficos y 4.368 fondos documentales. En el archivo pictórico el viajero pueden encontrarse con obras tanto de importantes artistas considerados como precedentes del mundo romántico (Francisco de Goya entre ellos), como propios románticos (Jenaro Pérez Villaamil, José Elbo, Leonardo Alenza o Francisco Lameyer) Una de las principales colecciones del museo es la que está referida al mobiliario de la época. Está compuesta por alrededor de 600 piezas, con una cronología que abarca desde el reinado de Fernando VII hasta el de Isabel II.

10. Historia de la NASA en España
El hombre ha podido llegar a la Luna, robots colonizar planetas como Marte o satélites artificiales orbitar por los planetas del Sistema Solar. Y en buena parte de todas estas misiones espaciales ha tenido gran parte de culpa la intervención de la Red del Espacio Profundo de la NASA instalada en Robledo de Chavela (Madrid), un conjunto de ciclópeas antenas imprescindibles para el correcto desarrollo de las comunicaciones y el contacto constante de las naves que surcan el Universo con alguna estación en la Tierra.

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Una de las antenas del complejo madrileño da la bienvenida al visitante./Hector Blanco de Frutos

La estación de seguimiento espacial del gigante espacial americano se ha convertido en un centro clave para seguir misiones a lo largo de su existencia como Curiosity (protagonista en el planeta Marte), Juno (sonda espacial dedicada al estudio del planeta Júpiter), Kepler (satélite que orbitaba alrededor del sol en busca de planetas extrasolares) o las míticas Voyager 1 y 2, sondas que han orbitado por Saturno, Júpiter, Urano o Neptuno.

Abierta en 1964 gracias a un acuerdo con los Estados Unidos, la Red del Espacio Profundo está constituida por tres complejos: además del de Robledo de Chavela, el de Canberra (Australia) y el del desierto de Mojave, a 70 kilómetros al noroeste de Barstow (California).

Quizá la intervención más destacada de la sede de la NASA en esta localidad madrileña fue su participación en la misión a la Luna en el año 1964. El régimen de Franco en España se aseguró de dar difusión al importante papel jugado por el país en la gesta del Apolo XI. Esta actuación se vio acentuada por el hecho de que la estación que controlaba las comunicaciones con el módulo Eagle en el preciso momento del alunizaje, era la de Madrid. “Sin las vitales comunicaciones mantenidas entre el Apolo 11 y la estación madrileña de Robledo de Chavela, nuestro aterrizaje en la Luna no habría sido posible”, llegó a afirmar Neil Armstrong.

Dónde dormir: Hotel Regina; Calle de Alcalá, 19; Madrid; teléfono: 915214725.

Dónde comer: Casa Lucio; Calle Cava Baja, 35; Madrid; teléfono: 913653252.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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