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Lisboa sigue fiel a su esencia

Lisboa sigue fiel a su esencia

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Ciudad de fados y azulejos, de cuestas y de tranvías. Los cantos desgarrados de Amália Rodrigues parecen resonar por las esquinas mientras el sol, poco a poco, ahuyenta la penumbra de Lisboa. Nuestro próximo destino con historia.

Si comenzamos a enumerar los motivos para visitar la capital portuguesa, sin lugar a dudas son innumerables. Porque a las razones personales de cada uno, se encuentran otras serias necesidades: sus lugares Patrimonio de la Humanidad, excelsos; sus precios, asequibles al menos para los ciudadanos europeos; sus bellos museos; los hoteles; sus rutas por sus barrios y calles; su hospitalidad o sus reservas naturales. Todo incita a una visita a Lisboa, porque ella misma es el mejor motivo para conocerla.

Con el espejo del caudaloso río Tajo a sus pies, el viajero empieza a adentrarse en la ciudad portuguesa desde la céntrica Praça de Comércio. Amplia, señorial, la plaza es como un punto de partida, o un punto de llegada, o un punto cualquiera del universo estrellado.

Lisboa hay que contemplarla desde lo alto. Es algo obligado, diríamos. Construida sobre siete colinas, la altura es el mirador para apreciar la belleza de una ciudad edificada siguiendo un modelo caótico de urbanismo que le confiere un encanto especial.

La melancolía del fado

La capital lusa es una ciudad que enamora, que transmite paz y el sosiego invadirá el interés del viajero por recorrer sus calles y barrios. Los que la aman dicen que hay que verla por primera vez al amanecer o al ocaso, en el tiempo exacto que dura un sollozo. Quizá por la melodía del fado que todo lo invade y transmite su ritmo como si fuera el pulso que marca la vida.

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La hermosa Plaza del Comercio en Lisboa.

En dirección al Bairro Alto el viajero se encuentra con el elevador de Santa Justa. Parece una provocación a la imaginación, una particularidad que imprime un cierto carácter irreal y de ciudad de fantasía a este lugar con callejuelas de cuestas pronunciadas y serpenteantes, así como casas forradas de azulejos con colores y formas. No hay que olvidar esta parada en nuestra ruta.

Si el viajero sigue subiendo la zona de Baixa hacia arriba, puede ir a parar a otra gran plaza lisboeta: la Praça Dom Pedro IV. Se trata de un espacio largo y urbano, con varios sitios donde tomar un tentempié o incluso comer. Aquí se encuentra el Teatro María I.

El Chiado y Bairro Alto

Otra de las opciones que tenemos si partimos de la Baixa es encaminarnos dirección al Chiado y Bairro Alto. Pasear, pasear y pasear. Ver, observar, subir, bajar, curiosear, grabar en nuestras pupilas los rostros de los edificios, la gente, los comercios, la calles empinadas, los tranvías que ascienden con su esfuerzo por el lomo de la montaña.., y más cosas…

En la Rua Garret el viajero puede sentarse al lado de la estatua del gran poeta Fernando Pessoa, que ve pasar la vida sentado en un banco. Si andamos por las calles de Lisboa es probable que nos llame la atención las fachadas de los edificios. La capital portuguesa es un lugar de casas multicolores: desde las amarillas de la Alfama a los azulejos del Bairro Alto.

La Sé (catedral) se empezó a construir en 1160 y es una mezcla de estilos románico y gótico de transición. Ya que el viajero se encuentra en este lado de la ciudad, podrá subir un poco más para llegar al Castelo de Sâo Jorge. Con unas vistas maravillosas y un aire medieval encantador, la fortaleza es de origen romano, pero fue totalmente reedificado por los visigodos y los árabes.

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Torre de Belem.

Lisboa de noche

La capital lusa es frenética cuando cae el sol, con bares de copas de toda la vida, clubes de jazz y locales elegantes tipo lounge. ¿Por dónde empezar? Quizá con unas copas en una terraza con vistas a la ciudad, viendo la puesta de sol, para luego ir de tapas al Bairro Alto, por sus calles llenas de gente y bares.

Después, el viajero puede adentrarse en Cais do Sodré, antiguo barrio chino reconvertido en patio de recreo de los más modernos, o ir hacia Bica, con sus animados bares. La noche puede terminar en el ribereño Lux, uno de los mejores clubes nocturnos de toda Portugal.

Sea como fuere, razones para visitar Lisboa le sobrarán al viajero. Antes de partir podrá encontrar consejos y guías para conocerla bien a fondo porque todo el que va repite y lo cuenta; todo el que la vive la recomienda. Si aún no estás decidido entra en Expedia.es y descubre por qué Lisboa es una ciudad que no necesita razones para amarla.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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