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El legado de Sefarad en la Península

El legado de Sefarad en la Península

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Los primeros asentamientos judíos en España debieron establecerse después del siglo VI a.C. en la costa mediterránea (en las actuales Ampúrias, Mataró, Tarragona y Málaga) y desde allí extenderse al interior de la Península. Mucho más tarde, cuando las legiones romanas destruyeron por segunda vez el Templo de Jerusalén (año 70), otros judíos se establecieron en África del norte, primero, y, luego, en España. Se dice que el apóstol Pablo tenía la intención de ir a España para visitar las comunidades judías que existían allí en el primer siglo de nuestra era.

Los judíos no constituían una etnia aparte; se distinguían por su condición religiosa, no por la raza, y excepto por esto, en nada se diferenciaban de los demás habitantes del Imperio romano. El judaísmo fue siempre una religión, no una etnia. Allí donde se instalaban, los judíos formaban comunidades relativamente autónomas con el visto bueno de las autoridades. Aquellas comunidades estaban gobernadas por un consejo propio, con uno o varios rabinos sacerdotes que cuidaban de la sinagoga. Tenían sus escuelas, bibliotecas, hospitales, cementerios, a veces sus baños. No se les obligaba a recluirse en guetos. Los había ricos y los había pobres y de todos los niveles.

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Sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo.

Pese a que Roma se mostró más bien tolerante con el judaísmo, desde fecha muy temprana los judíos fueron hombres poco simpáticos a ojos de los romanos y de los que vivían en torno a ellos, sobre todo por el monoteísmo que profesaban y ciertas costumbres (la circuncisión, el rechazo de determinados alimentos, la importancia del sábado) En todas partes tuvieron conflictos internos porque estaban dividíos entre sí en sectas rivales: fariseos, saduceos, esenios, zelotes,…

En la Península Ibérica, discusiones y polémicas sobre cristianos que judaizaban al contacto con elementos judíos aparecen en el Concilio de Elvira a principios del siglo IV. Existían comunidades judías en Aragón, Cataluña (Barcelona, Tarragona, Tortosa), en las Baleares, en el Levante (Orihuela, Elche), en el valle del Guadalquivir, en Granada, así como en algunas zonas del interior (Toledo, Ávila, Astorga, Mérida) Lo que provocó el recelo de los obispos ante el proselitismo de los israelitas.

En el año 589, el sucesor de Leovigildo, Recaredo, una vez convertido al catolicismo, motivó el cambio de los judíos en territorio hispano, única minoría disidente en un reino que ya era oficialmente católico. Recaredo inició la política discriminatoria, como la prohibición a los judíos de tener esclavos cristianos, de los matrimonios mixtos y la exclusión de los cargos públicos. Con su sucesor Sisebuto el proselitismo judío se vio castigado por la pena de muerte y la confiscación de bienes. Les obligó a convertirse al catolicismo o, si no, a salir de España. Más duro fue Recesvinto, quien en el siglo VIII llegó a imponerles la pena de muerte por lapidación o en la hoguera.

La llegada de los árabes a la Península Ibérica fue casi una liberación para los judíos del yugo godo. Es probable que fueran muchos los judíos que se convirtieron al Islam en los siglos VIII, IX u X. Se formaron muchas comunidades judías como en Córdoba, capital del Al-Ándalus, Granada, Tarragona, Jaén, Zaragoza, Sevilla, Almería, Barcelona y, sobre todo, Lucena (Córdoba), donde existía una academia rabínica famosa. En todas las ciudades en las que vivían, los judíos estaban organizados en aljamas, lo que serán más tarde los concejos en las ciudades cristianas. Regidos por sus propias leyes el Talmud y la Torá.

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Panorámica de la localidad de Lucena, sede de una importante comunidad hebrea./ redjuderias.org

Hasta la caída del Califato de Córdoba, eran pocas las comunidades judías en los estados cristianos de la Península. Cartularios y documentos del siglo X aluden a judíos que vivían en ciudades como Sahagún, León, Astorga, Aguilar de Campoo, Burgos, Nájera, Haro, Miranda de Ebro, Calahorra, Santillana del Mar… Su número se incrementó bastante a partir de la llegada de los almorávides.

Los monarcas cristianos estaban encantados de la llegada de unos hombres competentes y cultos. A partir de 1146 fueron las persecuciones de los almohades las que obligaron a miles de judíos a salir de Al-Ándalus para refugiarse en las tierras del norte. Fueron bien acogidos por su especialización en el comercio y la artesanía, poseían bienes mobiliarios y dinero para financiar la guerra y también despuntaban a nivel cultural, sobre todo en ciencias y, en particular, en medicina.

Su peso demográfico en la Castilla del siglo XIII era de 3.600 judíos. Otros historiadores hablan, al menos de 100.000 almas. El antropólogo Julio Caro Baroja asegura que, por ejemplo, en Ribadavia, donde los primeros judíos se establecieron en el siglo XI, llegaron a constituir la mitad del vecindario. Tudela, la gran judería de Navarra, mayor que Estella o Pamplona; así como Gerona. En el siglo XIII cinco ciudades destacan en los reinos de Castilla: Burgos (150 familias) y Segovia (con cinco sinagogas) en el norte, Toledo en el centro (entre 1.000 y 4.000 personas con diez sinagogas y cinco centros de oración), Sevilla (200 familias y 23 sinagogas) y Córdoba en el sur.

Otras localidades también contaron con una importante presencia judía. Son los casos de Ávila, Valladolid, Guadalajara, Trujillo o Hervás, ambas en Cáceres. En este último pueblo los judíos se establecieron en 1133. Las juderías catalanas eran probablemente las más importantes de toda la Península; no debían representar más del 3 al 5% de la población, pero allí los judíos formaban un grupo homogéneo en ciudades como Barcelona, Villafranca del Penadés, Tarragona, Montblanc, Lérida, Balaguer. Tárrega, Gerona y Besalú.

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La ciudad de Girona contó con una importante judería./ Imagen cedida por Shutterstock

El reino de Valencia tendría, a finales del siglo XIII, unas 250 familias judías establecidas en Valencia, Xàtiva, Castellón, Dénia y Sagunto. Toledo era para los judíos como una nueva Jerusalén, foco religioso, filosófico y económico a la vez. La bellas sinagogas de Santa María la Blanca y del Tránsito que se conservan todavía dan idea de lo que pudo ser en los siglos XII y XIII.

La primera escuela de Cábala judía se fundó en Gerona. El cabalista más destacado fue Mose ben Nahmán, autor del libro Sosán Sodot (El lirio de los secretos), sobre los valores numéricos de las palabras a partir de sus letras. La Cábala se extendió pronto por toda España.

Lo que hubo en la Edad Media, en España como en toda la cristiandad, no fue antisemitismo, sino antijudaísmo; un antijudaísmo constantemente reivindicado por la Iglesia católica desde los orígenes del cristianismo. El odio a los judíos se extendió a toda Europa. En la Península Ibérica hay que distinguir tres zonas, correspondientes a las distintas entidades políticas: Navarra, Corona de Aragón y Castilla. Las juderías de Navarra eran bastante nutridas en el siglo XIV; las más importantes eran las de Tudela (más de 1.000 individuos), Pamplona (500) y Estella (200)

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Sinagoga del Tránsito en Toledo./ Imagen cedida por Shutterstock

La guerra civil con la posterior victoria de la dinastía Trastámara significó un golpe muy duro para el judaísmo castellano. A finales del siglo XIV subsistían cuatro grandes aljamas: Toledo, Burgos, Sevilla y Murcia. Luego venían una serie de juderías medias como las de Aguilar de Campoo o Alcalá de Henares, así como una serie más numerosa de aljamas pequeñas por toda Castilla. La comunidad judía de España servía de chivo expiatorio para los males que aquejaban la sociedad: los judíos son los culpables de la muerte de Cristo.

Se les obliga a los judíos ahora a vivir en barrios exclusivos y cerrados de los cuales no podrían salir sino bajo ciertas condiciones; desde entonces empiezan a formarse juderías o barrios judíos en distintas ciudades. También se les retira el derecho de cambiar libremente de domicilio. Se les hace la vida imposible para que acaben prefiriendo convertirse al cristianismo. En las crónicas judías, el año 1391 es recordado como el de las persecuciones y de la presión, pero el de 1414 como el de la apostasía.

A partir de esta época merma considerablemente el número de judíos en la Península. En la Corona de Aragón muchas aljamas principales habían desaparecido, como las de Valencia y Barcelona; solo sobrevivieron 35 (una en Palma de Mallorca, cinco en el reino de Valencia, 8 en Cataluña, 22 en el reino de Aragón…) En la Corona de Castilla, el hecho más destacado fue la decadencia de las grabes juderías del sur. La Meseta norte conserva juderías importantes. Los 100.000 judíos de los territorios castellanos están repartidos en más de 200 aljamas. En Toledo solo quedaban unas 40 familias de hebreos.

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Interior de la sinagoga de Córdoba./ Imagen cedida por Shutterstock

Con la llegada al poder de los Reyes Católicos, ¿qué representaban los judíos en España en el siglo XV? Las conversiones habían mermado considerablemente; en vísperas de su expulsión no pasarían de 200.000 personas, 150.000 en los territorios castellanos y 50.000 en la Corona de Aragón, o sea menos del 2% de la población total de la doble monarquía. Las grandes aljamas del siglo XIV (Sevilla, Toledo, Burgos) o habían desaparecido o habían perdido su esplendor de antaño. Las juderías más importantes eran las de Segovia, Toledo, Trujillo, Guadalajara, Ocaña, Almazán, Soria, Ávila, Valladolid y Murcia, con más de 300 familias cada una.

Pero no se había acabado con el orden público en las calles; había que acabar con la conflictividad latente entre judíos, conversos y cristianos viejos. El primer paso fue la decisión de segregar a los judíos. En las Cortes de Toledo de 1480 se decide el apartamiento riguroso de los judíos en barrios separados de donde no podrían salir sino de día para sus ocupaciones profesionales.

Llegó 1492 y la expulsión de los judíos de la Península Ibérica, que llevaban siglos viviendo en territorio hispano; era su tierra, la de sus padres y antepasados. ¿Cuántos fueron los judíos que salieron entonces de España? Las evaluaciones que se han dado varían entre 40.000 y 350.000. Dejaron atrás a su añorada Sefarad.

Fuente: Los judíos en España; Joseph Pérez; Marcial Pons; 2005.

Dónde dormir: Casa Rural Cortijo El Romeral; Diseminado Contadero El Villar s/n; 14900 Lucena (Córdoba); teléfono: 957590586.

Dónde comer: Caracas; Rúa do Ribeiro, 8; 32400 Ribadavia (Ourense); teléfono: 988470110.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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