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La Mezquita de Córdoba y sus túneles secretos

La Mezquita de Córdoba y sus túneles secretos

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El mayor ejemplo arquitectónico del esplendor del Califato musulmán que dominó la Península Ibérica casi por completo durante casi 800 años ocupa más de 25.000 metros cuadrados y se sostiene sobre 856 columnas, unas de granito, otras de mármol veteado, otras de jade verde… Córdoba fue la capital de Al-Ándalus y su Mezquita una de las maravillas de la Edad Media, el territorio más refinado del occidente europeo. No en vano está considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Iniciada en tiempos de Abderramán I, comenzó a erigirse en el año 785 de la era cristiana, cuando ya se había hecho con el poder y había independizado el emirato cordobés de los designios de Bagdad. La grandeza de la Mezquita hizo que su construcción no fuera sencilla ni obra tan solo de un solo reinado. Abderramán II y Abderramán III la engrandecieron con incorporaciones importantes como el patio de Abluciones y un alminar; al-Hakan II continuó la obra faraónica, que finalizaría con el mandato de Almanzor.

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Vista cenital de la Mezquita de Córdoba./Toni Castillo Quero

Si el viajero accede a su interior por la puerta de los Deanes, se topará con el encantador patio de los Naranjos. Este espacio era, en época árabe, el patio de las Abluciones, que fue transformado por los cristianos que plantaron naranjos. El patio, empedrado y surcado de canalillos para riego de los árboles, está presidido por la torre campanario de la Catedral, construida sobre el alminar que hizo levantar Abderramán III.

Una de las curiosidades de la Mezquita radica en el hecho de que la pared del mihrab (quilla) no esté orientada hacia La Meca, como indica el Corán. Es posible que ello se deba a la rebeldía de Abderramán respecto a Bagdad. Lo que más puede llamar la atención del viajero es la impresionante Sala de Columnas. La doble hilera de arcos superpuestos, que se extienden en todas direcciones, produce una sensación de inmensidad. El resultado plástico se asemeja a un aparente oasis de palmeras.

Una mancha en una columna es el aleph, lugar mágico y terrible en el que confluye la energía del universo. Nadie sabe en qué columna está ni es fácil averiguarlo porque casi todas ellas son distintas y tuvieron su propia historia antes de confluir en este edificio. Hay otra columna en cuyo mármol un cautivo cristiano rayó pacientemente, con la uña, durante lustros, el signo de la cruz. Estas hazañas perseverantes ponen en el viajero pavor y grande admiración.

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La Galería de Arcos en el interior de la Mezquita./Timor Espallargas

La maravilla histórica y monumental que supone la Mezquita de Córdoba resulta de obligado interés para el viajero. No resulta de extrañar que la visiten cada año más de un millón de turistas que aprovechan para alojarse en los diferentes hoteles de Córdoba. Si el viajero descansa puede recuperar fuerzas para visitar otra maravilla histórica del Califato: la cercana ciudad de Medina Azahara. O también otras improntas del pasado relacionadas con otros periodos, como Montilla, cuna del Gran Capitán, o Priego de Córdoba, lugar de nacimiento de Niceto Alcalá Zamora.

La historia de la Mezquita también se acompaña de un halo de leyenda. Una de ellas hace referencia a la existencia de pasadizos y túneles secretos a lo largo de la ciudad, que fueron construidos en la época califal y recorrían toda Córdoba. Uno de los más populares es el que servía de enlace entre la ciudad palatina de Medina Azahara y la propia Mezquita.

Se dice que estos pasadizos eran utilizados por el mismísimo califa para atravesar Córdoba a caballo y realizar sus rezos. A día de hoy no existen pruebas documentales de la existencia de estos túneles, pero la población cordobesa ha ido trasmitiendo de generación en generación las leyendas que los rodean desde tiempos remotos.

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Mihrab de la Mezquita de Córdoba./Ingo Mehling

Sí que es cierto que existía un túnel que conectaba el Alcázar (la antigua residencia de califas y emires en Córdoba), con el Sabat, una de las mezquitas de la ciudad. Estos pasadizos se dividían en dos partes; en el interior se podía encontrar un puente con tres arcos que cruzaban la calle. La parte externa no estaba visible, puesto que estaba oculta por un muro de la alquibla en el interior de la propia Mezquita. De la misma forma, dentro del pasadizo se podían descubrir hasta ocho habitaciones diferentes.

En tiempos de Carlos V triunfó la torpe idea de incrustar una catedral renacentista en el corazón de la mezquita. De la parte cristiana pueden llamar la atención del viajero la sillería del coro, los púlpitos de la catedral, la custodia de Arfe (en el museo catedralicio) y la capilla del Zancarrón, así llamada porque los musulmanes veneraban en ella un hueso que aseguraban era del pie de Mahoma.

Dónde dormir: Hotel Eurostars Maimonides; Calle Torrijos, 4; 14012 Córdoba; teléfono: 957471500.

Dónde comer: Casa Pepe de La Judería; Calle del Romero, 1; 14003 Córdoba; teléfono: 957200744.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

Comment(3)

  1. Se omite en este articulo que bajo esa grandiosa mezquita, segundo lugar sagrado del Islam estaba la antigua Basílica Visigoda de Córdoba, donde fueron decapitados los pocos defensores de la ciudad supervivientes el día que se tomó, como capital de Califato, fue unos de los primeros mercados de esclavos del mundo en aquella época.
    Se le puede atribuir ese halo romántico al califato, pero su gran merito es la presión fiscal y religiosa a los cristianos (mozarabes) que huidos a tierras castellanas, fomentaron y promocionaron la desvirtuada reconquista que finalmente triunfo.
    También habría que resaltar que el yugo califal sobre los diferentes señoríos de AlAndalus lo hizo fragmentarse en Taifas y gran parte de esos reyezuelos, algunos de ellos con sangre hispano-visigoda, llegaron a ser aliados y servidores de los reyes cristianos.

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