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La Alpujarra granadina: el destierro de los últimos moriscos

La Alpujarra granadina: el destierro de los últimos moriscos

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Las crónicas más antiguas cuentan como los poetas árabes de finales del siglo XV lloraron sobre sus versos la pérdida de Granada. Culminada la conquista por los Reyes Católicos, derrotado el reino nazarí, los perdedores fueron recluidos en las Alpujarras, a espaldas de la nueva Alhambra cristiana. Hoy, en este territorio se esconde un pintoresco paisaje de pueblos blancos bajo las montañas más altas de España. Sin duda, uno de los lugares con más historia de Andalucía. De obligada visita y recuerdo

Boabdil, el último rey de Granada, llegó exiliado a esta solana escarpada y rugosa atado a u costumbres y a su cultura, a su peculiar y refinado sentido de la vida y las artes. Sus súbditos acomodaron sus viviendas en imposibles pendientes, sembraron los campos de exóticos árboles frutales y canalizaron las lomas y los cerros con canales y acequias que aún sacian la sed de las huertas. Las Alpujarras son la herencia directa de aquellas otras que cautivaron a a los viajeros románticos del siglo XIX, un territorio literario y místico a un escalón del Mediterráneo, elegido por decenas de poetas y escritores que hallaron en sus pequeños pueblos blancos la inspiración para su obra.

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Hermosa estampa de la Alpujarra granadina y sus pueblos./Miguel303xm

Lanjarón es la puerta de entrada de la Alpujarra granadina, una villa aristocrática de calles anchas y arboladas donde aún manan las cinco fuentes que alimentan su romántico balneario. Una carretera serpenteante conduce a Órgiva, capital administrativa de la comarca baja, arracimada a orillas del río Guadalfeo, Órgiva es un pueblo fácil de distinguir kilómetros antes de llegar a él gracias a las torres gemelas de su altiva iglesia de Nuestra Señora de la Expectación. De aquí parten los caminos que trepan hacia la Alpujarra Alta, hasta los pueblos escondidos entre valles cerrados, constantes desfiladeros, circos de origen glacial y espectaculares precipicios que convocan al vértigo.

Con la subida, las carreteras se encrespan, se vuelven ariscas. Cáñar es el primer pueblo donde se advierte que la arquitectura es otra. Kilómetros más arriba aguarda Soportújar, donde los vecinos conviven desde hace años con los visitantes que acuden al centro budista O Sel Ling en busca de la meditación y el sosiego. En Mondújar, con su castillejo, Boabdil quizás vio las ruinas romanas de la Villa de Feche y sus termas. Cruzó por Lecrín, que da nombre al valle de hermosa y bien regada huerta donde hoy, como ayer, florecen los limoneros y naranjos.

Cerca de Béznar, donde ahora hay un pantano, dicen que Boabdil y su gente se adentraron hacia las Alpujarras. Fue en estos parajes donde se empezaría a quebrar el último sueño de un reino moro: el de Abén Humeya, rey en las Alpujarras, al que el 10 de enero de 1569 derrotaron las tropas del marqués de Mondéjar. Era el último suspiro.

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Localidad de Busquistar./Seglea

Al final del camino se distinguen las formas angulosas del barranco del Poqueira, un territorio vertical que es como un país en miniatura. Recostado sobre la ladera, reposa Pampaneira. Los pueblos de la Alpujarra comparten un mismo modelo urbanístico: las calles, estrechas y empinadas; las plazas, asimétricas; y las casas, aterrajadas. El techo de primera sostiene a la que se alza encomia, y los terrazos están cubiertos de launas, piedras de pizarra que soportan unas peculiares chimeneas.

Por encima de Pampaneira se hallan Bubión y Capileira, de donde parten los caminos que conducen hasta el Veleta y el Mulhacén, las montañas más altas de la península ibérica. En la Alpujarra, las carreteras son hilos curvos esparcidos entre las montañas. Pitres y Pórtugos conservan algunas de las más llamativas muestras de arquitectura vernácula, y Trévelez se encarama a las faldas de Mulhacén, allí donde los ríos son rápidos y por primavera descienden sin freno alguno.

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Sierra Nevada vista desde la Alpujarra granadina./Feranza

Trévelez es el pueblo más alto de España (1.476 metros de altura). Posee tres barrios: Alto, Medio y Bajo. En el primero de todos abren sus puertas los secaderos de jamón que curan al viento de la sierra miles de piezas de exquisito cerdo. En 1862 la reina Isabel II les concedió a los jamones el privilegio de lucir el sello real. Después se llega a Narila, donde se conserva la casa del rey de las Alpujarras, Abén Humeya. Cerca, en la pedanía de Yátor, hay un puente romano. Mecina Bombarón, como tantos otros pueblos de las Alpujarras, fue fundada por los beréberes en el siglo X.

Válor está ligada a la memoria de la rebeldía morisca, y Yegen, a uno de los más bellos libros escritos sobe estas tierras. Su autor fue Gerald Brenan, uno de los más reconocidos hispanistas de todos los tiempos. Llegó joven y vivió aquí el tempo suficiente para alentar el retrato literario de estos lugares. Al sur de Granada es una declaración de amor a las Alpujarras, un testamento poético construido com la memoria y los caminos que separan Granada del Mediterráneo.

Dónde dormir: Hotel Maravedí | Capilerilla, 18414 Pitres, Granada – Teléfono: 958 766 292.

Dónde comer: Bodega Asador El Lagar; Calle Silencio, s/n; 18411 Pampaneira (Granada); teléfono: 673636394.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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