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La Alberca (Salamanca)

La Alberca (Salamanca)

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La Alberca pasa por ser uno de los pueblos más pintorescos de España: calles empedradas, casas y casonas de tres plantas, fachadas entramadas de vigas oscuras y encalados blancos, encantadora plaza Mayor cuadrada rodada de soportales con columnas, antigua cárcel (hoy oficina de turismo), recoleta iglesia parroquial (siglo XVIII)… cada rincón, cada portón, cada bocacalle, cada gatera, cada reja, cada balcón florido, cada alero saledizo, merece figurar en una postal. Pero también merece la pena detenernos para estudiar la historia de este municipio que pertenece a la Sierra de Francia y Las Batuecas, un territorio de 32.000 hectáreas declarado parque natural en 1978. Uno de los lugares con más historia y belleza de Castilla y León.

El viajero que arribe hasta aquí tendrá la sensación de verse teletransportado a una época pasada. El tiempo parece no haber transcurrido en esta joya patrimonial. La Alberca se puede considerar un auténtico crisol de las culturas cristiana, judía e islámica. Poblada desde el Neolítico, por allí pasaron romanos y godos, franceses (por la repoblación que ordenó el rey Alfonso IX) que dejaron numerosos topónimos, portugueses (una tradición narra su derrota y pérdida de pendón a manos de mujeres albercanas)…

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Plaza Mayor de La Alberca.

En en el siglo XV se encontró la imagen de la Virgen de la Peña de Francia, que dio origen a la construcción de un santuario, visitable y estación de paso para el Camino del Sur que hacían los peregrinos a Santiago de Compostela. Durante esta época Juan II hizo que la villa pasara a depender de la ilustre Casa de Alba, quien años después logró el control de parte de la Sierra de Francia con el favor de Fernando el Católico agrupando estos dominios bajo la jurisdicción de la villa cacereña de Granadilla.

La Alberca, que fue el primer municipio español declarado Monumento Histórico-Artístico en España, es un pueblo encantador, casi paradisiaco. Muestra un estado perfecto de revista, repintado, barnizado, cuidado, relamido, gracias a los desvelos del Ayuntamiento y la ayuda de los vecinos de la localidad. La Alberca se alza como capital indiscutible de la arquitectura serrana. Mogarraz, Cabaco, San Martín del Castañar, San Esteban de la Sierra y Garcibuey son, entre otros núcleos de población, exponentes e esta tierra, rica en folclore, artesanías y alimentos tradicionales.

Decidir por dónde debe comenzarse a visitar La Alberca es harto complicado para el viajero debido a las empedradas calles que la conforman, por las gentes, por los pequeños comercios y por los angostos recovecos que recorren toda la villa. Todos son, en sí mismos, dignos de visita, y es que la magia de esta pequeña localidad no reside en uno o dos monumentos concretos, sino en su conjunto. Los balcones de las típicas casas castellanas, colmados de flores durante buena parte del año, colorean La Alberca concediéndole un sabor primaveral que invita a permanecer un par de días.

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Soportales y balcones encalados son típicos del urbanismo de La Alberca.

Un buen paseo habrá de llevar al viajero a recorrer las recoletas plazas que pintan las intrincadas vías de La Alberca. La de Barrionuevo o la del Castillo son algunas de ellas, pero ninguna tan bonita como la esperada Plaza Mayor, en la que varias terrazas invitan al viajero a que tome asiento y disfrute de un merecido paisaje. El Ayuntamiento se dispone en esta plaza de soportales levantados por columnas, además de la Casa Ducal, de elementos góticos, y las antiguas escuelas.

En el centro de la plaza central se erige una fuente y un crucero del siglo XVIII, y ya fuera de ella, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que data también del siglo XVIII, aunque posee elementos del XIII. El pueblo vive principalmente del turismo. La calle principal rebosa de tiendas de artesanía, gastronomía o recuerdos. Pese a ello, el viajero apasionado por la historia no se sentirá desplazado: aquí puede disfrutar del pasado de un lugar pintoresco, que le invita a conocer su idiosincrasia.

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Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Los alrededores de La Alberca están sembrados de decenas de rutas para recorrer a pie diferentes tramos de la sierra. Desde la propia localidad se puede ascender a la Peña de Francia; las vistas son maravillosas, pero conviene ir bien preparado. A unos 12 kilómetros de La Alberca se pueden visitar las pinturas rupestres del valle de Las Batuecas y el Monasterio de San José, y si el tiempo lo permite, los más calurosos pueden darse un chapuzón en alguna de las pozas que salpican todo el valle.

También se puede tomar el Camino de las Raíces, una ruta circular de unos ocho kilómetros entre bosques de robles y castaños que en su itinerario pasa por la ermita de MajadasViejas, la laguna de San Marcos y el área recreativa de Fuente Castaño.

Quienes busquen un lugar de retiro y descanso casi monacal, no errarán al instalarse en alguna de las casas rurales que siembran la villa durante el fin de semana o de lunes a jueves; entre el bullicio del turismo que transforma La Alberca los sábados y domingos, o la sosegada paz semanal del devenir de un pueblo que ha vivido casi aislado geográficamente durante muchos años de su historia.

Dónde dormir: Hotel Las Batuecas; Av Batuecas, 4; 37624 La Alberca (Salamanca); teléfono: 923415188.

Dónde comer: Restaurante El Balcón de la Plaza; Plaza Mayor, 11; 37624 La Alberca (Salamanca); teléfono: 923415224.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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