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Jarandilla de la Vera: el descanso de Carlos V (Cáceres)

Jarandilla de la Vera: el descanso de Carlos V (Cáceres)

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“Lo mejor de España es la Vera; lo mejor de la Vera es Jarandilla. Allí está lo mejor del mundo. Y allí quisiera que me enterrasen para irme al cielo”. Así alababa este lugar el emperador Carlos I de España, el hombre más poderoso de la tierra y también el mayor viajero de su tiempo.

Jarandilla de la Vera, emplazada en la provincia de Cáceres, ha estado poblada desde antiguas épocas. Así lo atestiguan los puentes y calzadas romanos, y los vestigios medievales que el viajero que explora la región va encontrando por la zona.

¿Pudo haber elegido Carlos V un rincón más hermoso para su retiro? Tal vez sí, tal vez no. Lo cierto es que esta comarca extremeña enamora

Puente romano de Jarandilla de la Vera./JAAA

Los romanos construyeron un templo en honor de Minerva donde en la actualidad se alza la ermita de Nuestra Señora de la Berracosa, en el camino de Losar de la Vera. Los árabes dieron el nombre a la localidad de Jaravilla (villa de prados verdes)

Reconquistada por los caballeros templarios, el rey Alfonso VIII la entregó a la orden monástico-guerrera. En el siglo XIV Enrique II donó la villa y el castillo a don García Álvarez de Toledo, maestre de Santiago y conde de Oropesa.

Castillo de los condes de Oropesa./Author

En la bisagra de los siglos XIV al XV, los condes de Oropesa, marqueses de Jarandilla y señores del lugar, construyeron el castillo, hoy convertido en Parador, sobre las ruinas de la antigua fortaleza templaria. Sirvió de residencia temporal a Carlos I mientras se acondicionaban sus dependencias de Yuste.

Tres meses permaneció el monarca. Tiempo suficiente para que el monasterio de Yuste, por entonces un pobre cenobio de jerónimos, acometiera a contrarreloj reformas a la altura de la elección imperial.

El castillo de Jarandilla es, por fuera, una fortaleza cuadrangular con entrada acodada, puente levadizo, matacanes, troneras y fuertes torreones angulares; que se transforma en un palacio renacentista organizado en torno a un patio plateresco en el que combinan con armonía la yedra, el ciprés y la palmera.

Castillo de Jarandilla./Author

En la iglesia de Jarandilla, Santa María de la Torre, construida por los templarios, se conserva una pila bautismal adornada con el signo ancestral de la cruz esvástica. También destaca su ábside, semicircular, decorado con dos grandes ventanas geminadas de arcos lobulados.

Del antiguo monasterio de San Agustín solo se conserva la iglesia con puertas de hierro forjado en la sacristía. La ermita de Nuestra Señora de Sopetrán, patrona del municipio, de estilo barroco, conserva un bello retablo en forma de concha.

Iglesia Santa María de la Torre./JAAA

Resulta asimismo recomendable la visita de la casa de don Luis de Quijada, preceptor de don Juan de Austria durante su niñez.

Jarandilla de la Vera es un vergel rodeado de frescos valles amenos. Los abundantes manantiales de la comarca forman torrentes impetuosos al deslizarse por las gargantas, pero luego atemperan su furia y brindan aguas sosegadas a las feraces huertas y a las prietas arboledas.

Antes de llegar a Jarandilla, el viajero puede visitar Tornavacas, otro pueblo relacionado con la ruta de Carlos V. Allí, en el valle del Jerte, llegó el rey para descansar una noche, antes del gran desafío de superar la tierra de Tormantos. Y allí, en el número 23 de la calle Real, la casa en la que se hospedó, mantiene una vieja inscripción: “Juan Méndez de Ávila, criado de su Majestad”.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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