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La ínsula Barataria de Sancho Panza

La ínsula Barataria de Sancho Panza

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El viajero amante del pasado y de la lectura busca nuevo destino en una de las obras cumbres de la literatura universal, española para más señas. Pone rumbo a tierras aragonesas, a un lugar en el que, según se narra en la segunda parte de El Quijote (capítulo XLV), Sancho Panza ejerció de gobernador con muy mala fortuna: sus súbditos le tuvieron varios días sin comer por miedo a ser envenenado y pasando la noche en vela por culpa de los pleitos que le planteaban sus vecinos y los asedios de sus enemigos. Se trata de la ínsula Barataria, en Alcalá de Ebro (Zaragoza), según aseguran la mayor parte de los cervantistas.

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Alcalá de Ebro se arracima sobre el río aragonés.

El genio creador nacido en Alcalá de Henares dice que don Quijote y Sancho Panza habían llegado a Aragón a fin de participar en unas justas que se anunciaban en Zaragoza y lo habían hecho siguiendo el curso del río Jalón desde su manantial en tierras de Soria, cerca de Medinaceli, hasta su confluencia con el río Ebro, aguas arriba de la capital.

Allí, aparte del chapuzón sufrido, la fortuna les hizo coincidir, apenas reanudado su camino por la orilla, con unos cazadores a cuyo frente iban unos duques que, “por haber leído la primera parte desta historia, en seguida los reconocieron y, con grandísimo gusto y con intención de divertirse a su costa, les invitaron a su palacio”.

Ese edificio parece ser el palacio de Villahermosa, situado en la villa de Pedrola. Y cerca está Alcalá de Ebro, una pequeña aldea al lado del río que pertenecía también a los duques (Carlos de Borja y María Luisa, primos entre sí) y de la que, siguiendo con sus divertimentos, estos hicieron a Sancho Panza gobernador tras convencerle de que se trataba de una verdadera ínsula.

La entrega de la ínsula Barataria fue utilizada por el Caballero de la Triste Figura como promesa a Sancho para convencerlo y le acompañara en sus aventuras. Pero, “la séptima noche de los días de su gobierno”, harto y hambriento, el fiel escudero del hidalgo abandonó la ínsula no sin antes rogar por su antigua libertad.

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Una estatua de Sancho da la bienvenida al viajero en Alcalá de Ebro.

No sabemos muy bien por qué se fijó Cervantes en Alcalá de Ebro (¿quizá porque era originario de Alcalá de Henares?), pero lo cierto es que las descripciones de Cervantes en su libro se ajustan tanto al palacio ducal de Pedrola como a Alcalá de Ebro, de poco más de 300 habitantes, que durante las crecidas del Ebro casi se convierte en una isla al estar rodeado por el río. Sobre todo en primavera. Quizá también porque Cervantes se hospedara en Pedrola como paje del cardenal Julio Aguaviva y Aragón en el invierno de 1568.

¿Qué permanece en Pedrola y en Alcalá de Ebro del delirio cervantino? En la primera sigue el palacio ducal, que domina la plaza del pueblo. Además, una de las calles principales de Pedrola se llama Miguel de Cervantes. En Alcalá se erige la escultura de un meditabundo y verde Sancho Panza que recuerda que el viajero se halla en una región literaria de trayectoria universal. “Hoy día, a tantos de tal mes y de tal año, tomó posesión desta ínsula el señor don Sancho Panza, que muchos años la goce”; así reza el pie del monumento.

No solo de las andanzas del Quijote y su fiel escudero vive la historia de Alcalá de Ebro. Las primeras noticias relativas a la localidad hacen referencia al castillo de origen musulmán que a orillas del Ebro formaba parte del sistema defensivo de la ciudad de Zaragoza.

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Palacio de los Duques de Villahermosa en Pedrola.

Tras la conquista de Zaragoza en el año 1118, la fortaleza pasó a formar parte de la nobleza de la época. La propiedad sobre Alcalá correspondió a la casa de los Luna y con posterioridad a Pedro de Quesada; también se le vinculó por sucesivas relaciones matrimoniales con la casa de los duques de Villahermosa, instalada en la villa de Pedrola.

Esta villa zaragozana agrupa un centenar de casas en torno a un meandro del Ebro. Es difícil creer que Sancho la percibiera como su ínsula soñada, y hoy aguarda el retorno del fiel y bonachón escudero.

Dónde dormir: La palmera de la ínsula; Calle Don Miguel de Cervantes 56 Bis; 50691 Alcalá de Ebro (Zaragoza); teléfono: 685097249.

Dónde comer: Bar Álex; Calle Don Miguel de Cervantes, 2; 50691 Alcalá de Ebro (Zaragoza); teléfono: 670234498.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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