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Ibiza y sus murallas

Ibiza y sus murallas

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En esta isla se sintió más que en las otras la presencia de fenicios, cartagineses, romanos, moros, cristianos y piratas y corsarios. La ciudad de Ibiza, rodeada de impresionantes fortificaciones abaluartadas (construidas por Felipe II para protegerla de los piratas turcos o ingleses) sobre las que se dominan estupendas vistas sobre le puerto y el mar, se divide en dos barrios: el bajo (Sa Penya) y el alto (Dalt Vila) Ibiza, junto con Formentera, fueron conocidas en la Antigüedad como islas Pitiusas, que en griego significa “abundante en pinos”.

Fueron los cartagineses los que en el año 654 a.C. fundaron la antigua Ibosim. En poco más de un siglo, el enclave se convirtió en una estratégica colonia del Mediterráneo occidental. La Ebusus romana, denominada Yebisah bajo el poder musulmán, pasaría al gobierno del rey Jaime I tras su reconquista en 1235. Los continuos asedios de piratas hicieron que en el siglo XVI la ciudad se fortaleciera con murallas.

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Estampa de postal de la ciudad de Ibiza y sus murallas./Forbfruit

Resulta muy interesante para el viajero un paseo por las callejuelas de la parte alta de la ciudad, en la que también se encuentran la catedral (gótica pero remodelada en el barroco), y el castillo árabe, con su robusta torre del homenaje, además de diversas iglesias y conventos de dispares méritos. Se mezcla la severidad de la muralla renacentista, coronada por la adusta torre-campanario de la catedral, con las múltiples viviendas que escalan las alturas mezclándose unas con otras para formar un cuadro de extraordinaria armonía y variedad.

Se trata del conjunto amurallado mejor conservado del Mediterráneo, después de La Valetta (Malta) Aunque en el siglo pasado, cuando soplaban los aires modernizantes, a punto estuvieron de derribarlo. Curiosamente, todavía hay partes que no han sido acabadas, ya que la construcción fue larga y penosa, y en el XIX seguían trabajando en ella. El conjunto amurallado tiene forma de heptágono irregular, está compuesto por siete baluartes y un revellín, unidos por cortinas de muralla.

Cuando el viajero llega en barco se topa con una de las visiones más hermosas de la isla, cuando al doblar el espigón del puerto se puede contemplar toda la ciudad antigua, casi igual que hace siglos. Desde la calle Comte de Rosselló, al principio de la avenida Vara de Rey, se contempla el baluarte de Sant Joan. Más allá, y dominando todo el puerto, se halla el de Santa Llúcia. A continuación se levanta el de Santa Tecla, al que le siguen los de Sant Bernat, Sant Jordi y Sant Jaume, todos ellos mirando al mar.

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Yacimiento fenicio de Sa Caleta./stavros1

Ibiza tiene una arquitectura popular de mucho encanto, con sobrias y elegantes casitas cuyo blanco luminoso contrasta con la sombra oscura del porche. Las viviendas rurales ibicencas se caracterizan por las ventanas pequeñas, techos casi horizontales, chimenea triangular y, en las más antiguas, horno y pozo. El escritor José María Quadrado definió con precisión el encanto de la capital pititusa al escribir que “Ibiza carece de monumentos, pero su situación toda es monumental”. Se trata, en efecto, de un conjunto urbano único, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Ibiza cuenta con un notable museo arqueológico (de obligada visita) que muestra una notable colección de objetos púnicos, entre ellos estatuillas de la diosa Tanit y el dios Baal. Esta parada en su camino puede complementarse con la de la necrópolis de Es Puig des Molins, el poblado fenicio de Sa Caleta y la Reserva Natural de Ses Salines. Aquí se han descubierto más de 4.000 tumbas púnicas y romanas.

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Cala Bassa (Ibiza), repleta de sombrillas, hamacas y bañistas./Eduardo Pitt

Cuando cae la tarde la bella ciudad se hace noctámbula, la calle Barcelona y sus aledañas, junto al puerto ibicenco, encienden sus luces y los corazones ávidos de vivencias invaden pacíficamente las terrazas de los numerosos restaurantes y bares, las tiendecitas con diseño ibicenco o bisutería fina, las discotecas de diseño y elegantes locales de ambiente y diversión. Ibiza es uno de los paraísos europeos de ocio nocturno. No en vano cuenta con casi medio centenar de discotecas. Casi nada.

Son Viver, Talamanca, Portinatx, Port de Sant Miquel y Sant Vicent playas de finas y doradas arenas, calas de aguas transparentes que no envidian a las del Caribe ni a las Seychelles. En total, 210 kilómetros de costa, donde sobresalen, además, Sa Trinxa (Salines) y Es Cavallet. Para llegar a estos y otros litorales y, en definitiva, recorrer los rincones de la isla como viajero amante de la historia, resulta necesario un medio de transporte. Es posible alquilar coches baratos en Ibiza si se indaga bien por la Red.

Dónde dormir: Don Quijote; País Basc, 10; Ibiza (Baleares); teléfono: 971302266; hotelpiscispark@telefonica.net.

Dónde comer: Restaurante Plaza del Sol; Plaça del Sol, 7; Ibiza (Baleares); teléfono: 971187481.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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