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José Luis Hernández Garvi: “Franco se sirvió de tradiciones y símbolos mágicos para considerarse un Mesías”

José Luis Hernández Garvi: “Franco se sirvió de tradiciones y símbolos mágicos para considerarse un Mesías”

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De la Guerra Civil y el franquismo disponemos de una amplísima bibliografía en nuestro país. Ambos han sido dos episodios de los más estudiados por los historiadores españoles. Sin embargo, pocos conocemos la cara oculta de la personalidad de Francisco Franco, muy alejada de la idea que en su día fue difundida por la propaganda del régimen.

El último trabajo de José Luis Hernández Garvi (1966), Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo, nos descubre cómo el general atribuyó su papel en la Historia a la baraka que le protegía, las causas que motivaron su obsesión por la masonería, el carácter de lucha esotérica entre el bien y el mal que concedió a la guerra fratricida entre españoles, la relación ‘especial’ que mantuvo con los nazis y otros sorprendentes enigmas.

Garvi, que ha obtenido más de veinte galardones literarios a nivel nacional, es autor también, entre otras obras, de Los cruzados de los reinos de la Península Ibérica, Glorias y miserias imperiales, Héroes, villanos y genios o Episodios Ocultos Del Franquismo.

¿Favoreció el ocultismo y la magia Francisco Franco?
No se puede hablar realmente de que Franco favoreciera abiertamente las ciencias ocultas. Hay que tener en cuenta que en el régimen surgido de la Guerra Civil, modelado por los principios del nacional-catolicismo, hubiera resultado difícil encajar todo aquello que tuviera algo que ver con el ocultismo y la magia, elementos considerados de naturaleza pagana que eran inaceptables desde la concepción místico religiosa del franquismo. Pero de lo que no hay duda es de que Franco se sirvió de tradiciones y símbolos de carácter mágico de diferentes culturas, ya fueran de origen ancestral, cristiano o incluso judía, para modelar la concepción mesiánica que tenía de sí mismo como un elegido por la providencia para devolver a España su pasado esplendor imperial.

¿Qué influencia tuvo en el régimen?
Muchas de las decisiones militares y políticas tomadas por Franco durante la Guerra Civil y durante los casi cuarenta años de dictadura estuvieron influenciadas por su convicción y su fe en lo que algunos llegarían a calificar como supersticiones carentes de fundamento, pero en las que el general creía firmemente. Su naturaleza esotérica y sobrenatural, íntimamente ligada a la providencia divina, era interpretada desde la tradición católica y le conferían la infalibilidad reservada a los héroes en su lucha contra las fuerzas del mal.

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Según Garvi, Franco y Hitler nunca se cayeron bien.

¿Cómo era la relación entre Franco y Hitler?
En este sentido conviene diferenciar claramente entre la relación de la dictadura franquista con el régimen nazi, y la que existía entre Franco y Hitler, conceptos que tienden a confundirse. En lo referente al primer caso, durante los primeros años del franquismo el régimen se inclinó con escasas fisuras del lado del bando alemán, tal y como demuestra la estrecha colaboración de algunas autoridades germanófilas del Gobierno español, deslumbradas por la fascinación que el nazismo provocaba en ellos, con sus homólogos alemanes. Esta situación se invirtió cuando las derrotas alemanas decantaron la balanza de la victoria del lado aliado.
En el plano personal, Franco y Hitler nunca se cayeron bien, en contra de la imagen de supuesta cordialidad que las propagandas de ambos regímenes dictatoriales se encargaron de difundir. Son conocidas las declaraciones despectivas que en el ámbito de su círculo íntimo de colaboradores el Führer dedicó al Generalísimo. Después de su famosa entrevista en Hendaya, única ocasión en la que ambos dictadores coincidieron, Franco vio en su interlocutor a un hombre intransigente que despreciaba las opiniones de los que consideraba inferiores y que no estaba dispuesto a conceder desinteresadamente lo que España, encarnada en la figura del Caudillo, exigía para condicionar su entrada en la Segunda Guerra Mundial apoyando a las fuerzas del Eje.

¿Por qué ese odio de Franco hacia la masonería?
Si se me permite la expresión, esta es posiblemente la pregunta del millón. Personalmente, estoy convencido de que el declarado odio de Franco hacia la masonería, uno de los pilares del manido contubernio judeo-masónico del que tantas veces hizo uso la propaganda del régimen, estuvo motivado por razones de índole personal, política, y también de frustrado reconocimiento social.
En el ámbito más familiar, las simpatías que el padre del general Franco, hombre tiránico que encarnaba muchos de los vicios y defectos que su hijo despreciaba, mostró hacia la masonería, sin que todavía haya podido demostrarse que formara parte de la sociedad secreta, empeoró la relación que existía entre ambos. Más conocida es la supuesta pertenencia de Ramón Franco, el díscolo hermano pequeño y oveja negra de la familia, a la masonería, aunque posteriormente, con el estallido de la Guerra Civil, renegase de su pasado como masón y militante en partidos de izquierdas. Teniendo en cuenta estos antecedentes y su peculiar forma de pensar, el general Franco pudo considerar a la masonería como culpable de llevar a su padre y hermano por el mal camino.
En el plano político, Franco acusó a la sociedad secreta de haberse infiltrado en las clases dirigentes, a las que responsabilizó de los grandes males sufridos por España desde la segunda mitad del siglo XVIII, problemas que se habrían agravado en los turbulentos años de la década de los treinta del siglo XX.
En su madurez, Franco fue un hombre ambicioso que siempre aspiró a alcanzar la cima del reconocimiento social que su falta de empatía hacia los demás le había negado. El mito, por entonces bastante extendido, de que la masonería podía servir para abrir muchas puertas, le habría inspirado su deseo de convertirse en masón, siguiendo el ejemplo de otros militares de aquella época. El supuesto rechazo de sus reiteradas solicitudes, motivado por sus ideas reaccionarias contrarias a los principios de la sociedad secreta, habría generado el odio que en forma de venganza Franco dirigió contra la masonería.

¿Qué fue la Ahnenerbe española?
Conviene recordar que la conocida como Ahnenerbe, la Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, fue una institución creada por los nazis para dar cobertura científica a las descabelladas teorías planteadas por algunos ideólogos nazis sobre los orígenes de la raza aria. En ningún caso puede hablarse de que existiera una Ahnenerbe española, aunque a principios de la década de los cuarenta se dieron algunos pasos dirigidos a crear una institución parecida desde algunas instancias del franquismo. Los intentos en ese sentido emprendidos por el arqueólogo Julio Martínez Santa-Olalla, director de la Comisaría General de Excavaciones, y amparados por algunos dirigentes falangistas, acabaron en un vano esfuerzo que se disolvió cuando los alemanes empezaron a perder la Segunda Guerra Mundial.

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La mano de Santa Teresa de Jesús fue una de las reliquias más adoradas por el Caudillo./ todoliteratura

¿Buscó Franco alguna reliquia que le transmitiera poderes ‘sobrenaturales’?
En realidad no llegó a buscar ninguna, porque realmente las tenía al alcance de la mano. Tan solo tuvo que apoderarse o disponer de ellas, derecho que le fue reconocido en la mayoría de las ocasiones desde la cúpula del estamento eclesiástico por haber liderado una Cruzada contra las que el régimen del nacional-catolicismo consideraba que eran las fuerzas del mal. La más conocida de todas ellas es la mano de santa Teresa de Jesús, religiosa venerada durante el franquismo como la Santa de la Raza. El valioso relicario que la envolvía presidió la mesa del despacho y los aposentos privados de Franco en El Pardo. Pero al contrario de lo que hicieron los nazis, que interpretaban las reliquias sagradas como objetos mágicos de poder que podían hacer a sus ejércitos invencibles en el campo de batalla, Franco echó mano de aquellas que, relacionadas con la Historia de España, podían interceder por él ante la divinidad, satisfaciendo así su ambición megalómana mientras le iluminaban a la hora de tomar decisiones importantes. Desde una perspectiva supersticiosa y místico-religiosa, también funcionaban como una especie de amuletos protectores que debían servir para protegerle frente a sus enemigos, ya fueran terrenales o ‘sobrenaturales’.

El Valle de los Caídos, ¿esconde alguna clave oculta?
En el enorme complejo del Valle de los Caídos podemos encontrar numerosas claves de naturaleza esotérica que suelen pasar desapercibidas para el visitante, tanto en el paraje de Cuelgamuros como en el interior de la impresionante cripta excavada bajo la gigantesca cruz que preside todo el enclave. En su arquitectura podemos encontrar el rastro de una misteriosa numerología que nos pone en contacto directo con rituales ancestrales y una simbología tenebrosa patente en los conjuntos escultóricos que adornan el recinto. Por poner un ejemplo, resulta llamativa la historia que rodea la talla del crucifijo que preside el Altar Mayor. La madera de la Cruz es de un enebro elegido personalmente por Franco en los montes que rodean la localidad segoviana de Valsaín. Según la tradición cristiana, de las bayas del enebro puede extraerse un brebaje que permitirá al que lo bebe ponerse en comunicación directa con los ángeles, que se mostrarán dispuestos a atender los deseos del iniciado. Teniendo en cuenta todo esto, es curioso que Franco se tomase tantas molestias en elegir ese árbol precisamente para tallar en su madera la cruz que debía presidir el lugar donde iba a ser enterrado.

El caso de las Caras de Bélmez, ¿fue un enigma, un fraude o una tapadera para el régimen?
Desde luego este polémico suceso, que algunos investigadores se han atrevido a calificar como el hecho sobrenatural más extraño de todos los tiempos, ha planteado una serie de incógnitas que todavía no han sido resueltas. Sin entrar a valorar su autenticidad o su verdadera naturaleza, juicio que dejo a la opinión de los expertos y mis lectores, el impacto mediático que en su día provocó la noticia en la opinión pública española vino muy bien al decadente régimen franquista para distraer la atención sobre algunos de los problemas sociales, y sobre todo escándalos económicos, que salpicaron esa etapa final de la dictadura. Mientras me documentaba para escribir mi libro visité la casa de María Gómez Cámara en Bélmez de la Moraleda, escenario donde tuvo lugar el extraño fenómeno. Cuando me encontré frente a frente ante las perturbadoras imágenes de las caras, debo reconocer que experimenté una profunda impresión.

¿Qué momento histórico del pasado de España considera más importante?
En un país con una historia tan rica e impresionante como la de España resulta muy difícil elegir un momento concreto de su pasado. Si tuviera que optar por uno, me decantaría por la España de los Austrias, periodo que abarca dos siglos deslumbrantes en muchos sentidos y en el que se produjo una sucesión tan apabullante de acontecimientos trascendentales para la historia, no solo de nuestro país sino del resto del mundo, que por sí solo serviría para escribir, varias veces, las páginas del pasado de otras naciones, además de proporcionar una fuente inagotable de temas para obras de ficción, tanto en el cine como en la literatura.

Si tuviera que destacar un lugar con historia de nuestro territorio, ¿cuál sería?
También resulta una difícil elección. Buscando entre todos ellos un lugar emblemático que resuma en sus piedras lo que fuimos, tanto para lo bueno como para lo malo, me quedaría con el Monasterio del Escorial, obra que abarca por si sola los rasgos positivos y negativos del reinado de Felipe II, monarca al que considero responsable en gran parte de forjar nuestra identidad nacional. Su sobria monumentalidad, impresionante en austera belleza y en la perfección de sus proporciones, su simbolismo religioso y hermético, íntimamente ligado a su concepción como centro de poder, junto con los misterios y secretos que encierra, muchos de ellos todavía no desvelados, lo convierten en una obra arquitectónica que debe ser considerada, con todo merecimiento, como una de las maravillas del mundo. Su visita, aunque sea reiterada, nunca deja de asombrar y sobrecoger al viajero.

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Para el autor madrileño, el Valle de los Caídos esconde muchas claves ocultas.

Y de los que ha visitado, ¿con cuál se queda?
Sería injusto citar a uno concreto olvidando otros muchos. Por toda la geografía española existen enclaves maravillosos en los que perderse dejándose arrastrar por la corriente de la historia. Contradiciendo esta premisa y obligado a escoger, me decantaría por muchos de los rincones que ofrece Andalucía, por supuesto sin menospreciar a otras regiones de nuestro país. Los motivos que inspirarían esta decisión, personal y por tanto discutible, radicarían en la elevada concentración de hermosos vestigios históricos que podemos encontrar en su territorio, testigos solemnes de las diferentes civilizaciones y culturas que a lo largo de los siglos han pasado por nuestro país.

Para escribir un nuevo libro, ¿qué periodo o lugar de nuestra historia escogería?
La historia de España es tan rica en episodios, personajes y lugares que daría para escribir una obra inabarcable. Aunque se centrase exclusivamente en un único tema, el trabajo incesante del más prolífico de los escritores o los historiadores encontraría en él inspiración suficiente para dedicarle la obra literaria de toda una vida. Tal vez por eso mismo resulta fácil, y a la vez condenadamente complicado, escoger uno solo. En mi caso, dirigiría mis pasos hacia el siglo XIX, sobre todo el periodo comprendido entre el final de la Guerra de Independencia y el Desastre del 98, quizá porque a pesar de la relativa corta distancia en el tiempo que separa aquella etapa de nuestros días (unas cuantas décadas es apenas un suspiro para la Historia) considero que se trata de una de los periodos más desconocidos y olvidados en el devenir de nuestro país, lugar común donde podemos encontrar algunas de las claves que marcaron traumáticos acontecimientos posteriores.

¿Viajar es un placer?
Es un placer en todos los sentidos, hasta el punto de que puede hacernos experimentar el vahído emocional que conocemos como síndrome de Stendhal. También nos enriquece como personas al entrar en contacto con pueblos y lugares muy distintos a los que pertenecemos, ampliando, además de nuestros conocimientos, nuestra perspectiva del mundo en el que vivimos, tirando abajo las barreras que levantan los prejuicios y tendiendo puentes al entendimiento mutuo. Viajar puede tener incluso efectos terapéuticos, al ayudarnos a romper con las rutinas cotidianas en las que a veces nos encontramos atrapados.

De todos los lugares en los que ha estado, ¿cuál ha sido el que más le ha marcado?
En España hay multitud de lugares impresionantes y mágicos, tanto desde un punto de vista histórico como paisajístico, que me han causado una gran impresión. Su simple enumeración superaría los límites de esta entrevista. Esta percepción es aplicable a los viajes que he realizado al extranjero. Pero llegado a este punto, y ante la disyuntiva de tener que escoger, me decantaría por la ciudad de Petra, la capital de la civilización nabatea. Tuve la suerte de visitar este enclave sin las aglomeraciones del turismo masificado, perdiéndome entre los templos y tumbas excavados en las laderas rojizas que encajonan el valle. Sentado en el interior de una de ellas, la luz del atardecer daba tonalidades imposibles a las vetas de la roca de la inmensa sala. Sentado en soledad y rodeado por el más absoluto silencio, contemplé aquel maravilloso espectáculo durante unos instantes mágicos. Nunca podré olvidar aquella experiencia.

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José Luis Hernández Garvi es un enamorado de Andalucía.

¿Qué lugar le gustaría visitar?
Demasiados, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Debo reconocer que tengo demasiadas asignaturas pendientes en este sentido. A veces, a uno le gustaría disponer de varias vidas para tener tiempo y poder visitarlos todos con calma, dejándose llevar por sus gentes, sus paisajes, guiado por la historia escrita en sus ruinas y en sus monumentos. En muchos casos, suplo esas carencias refugiándome en las páginas de los libros, universos paralelos que me permiten vivir esas otras vidas en las de sus protagonistas.

¿Qué época de España encuentra más atractiva si tuviera que escoger un destino para visitar?
Siempre he sentido una atracción especial por la Edad Media, tiempo que es considerado por muchos como una época oscura, en la que la civilización occidental llegó a estancarse, pero que a mí me resulta fascinante. Desde mi modesta opinión, creo que en esos siglos se sentaron las bases sociales, culturales y económicas sobre las que se construyó el mundo de nuestros días. Aunque si dispusiera de una máquina del tiempo como la que ideó el escritor H. G. Wells, un deLorean como el diseñado por Doc en la película Regreso al Futuro, o en su defecto hubiera aprobado unas oposiciones al Ministerio del Tiempo, estaría saltando todo el día de una época a otra, siempre y cuando sobreviviera a tanto sobresalto.

¿Considera que España es uno de los destinos más recomendables para conocer por su pasado histórico?
Sin duda alguna. Desde tiempos ancestrales nuestro país ha sido crisol de pueblos y culturas que nos han dejado un legado histórico que, aun a riesgo de ser catalogado de exagerado, creo que no tiene parangón con ningún otro país del mundo, razón más que suficiente para considerarnos privilegiados. Más allá de los prejuicios impuestos por el sectarismo de nuestros días y las directrices marcadas por lo políticamente correcto, prejuicios por los que se condena erróneamente nuestro pasado desde el punto de vista de los principios que rigen las sociedades de nuestros días, debemos reivindicar el incalculable valor de esta herencia que nos pertenece a todos. No se trata de una cuestión ligada a una rancia ideología, sino de saber de dónde venimos y conocer nuestros verdaderos orígenes, más allá de las manipulaciones y tergiversaciones que se imponen en la actualidad como realidades inmutables.

¿Nos podría adelantar algún proyecto en el que esté trabajando?
Influido por una absurda superstición propia de escritor, nunca me ha gustado adelantar el contenido de mi próxima obra. Teniendo presente esta condición, tan solo puedo decir que va a consistir en un nuevo ensayo histórico que en esta ocasión va a tratar oscuros acontecimientos del pasado de una gran potencia. En mi faceta como autor de ficción, trabajo en una novela muy alejada de todos estos temas y en un libro de poesía, obras mucho más personales que espero algún día compartir con los lectores.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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