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Javier Martínez-Pinna: “Hitler buscó el Arca de la Alianza y el Grial para dominar el mundo y sembrar el terror”

Javier Martínez-Pinna: “Hitler buscó el Arca de la Alianza y el Grial para dominar el mundo y sembrar el terror”

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Mencionar el nazismo nos conduce a rememorar un periodo convulso de la historia con una guerra mundial de por medio, millones de víctimas y conflictos armados entre países. Pero detrás de las trincheras se libró otra batalla que no ha tenido tanta repercusión y ha pasado más desapercibida. Un campo de batalla psicológico en el que Hitler y sus secuaces emplearon el ocultismo y las ciencias heterodoxas para tratar de dominar el mundo.

Esta parte de la historia tan fascinante como la que ha trascendido en los libros de Historia ocupa buena parte del último trabajo de Javier Martínez Pinna (1974), historiador y arqueólogo. En Los exploradores de Hitler (Nowtilus), este profesor alicantino, colaborador de Lugares con historia, nos relata la apasionante aventura de las expediciones arqueológicas de los cazatesoros nazis. Pinna es autor de otros libros como Grandes tesoros ocultos, Operación Trompetas de Jericó o El nombre de Dios.

¿Qué influencia tuvo el ocultismo en la política del Tercer Reich?
Cuando hablamos sobre los orígenes del nazismo debemos tener en cuenta la grave crisis económica que sufre Alemania después de la Primera Guerra Mundial, además de las nefastas consecuencias que tiene la aplicación del Tratado de Versalles, que obliga a Alemania a ceder parte de sus territorios, a pagar una fuerte indemnización de guerra y a reducir drásticamente el tamaño de su ejército. Otro de los elementos que explica el éxito del nazismo es la influencia que tiene el nacionalismo pangermanista, surgido en tiempos del káiser Guillermo, que se va a sustentar (en esto no se distingue mucho de otros nacionalismos tanto del pasado como del presente) en una serie de falsedades y en la mitificación de un pasado que poco o nada tiene que ver con la realidad. Este nacionalismo alemán se va a caracterizar por su irracionalidad y por la influencia de diversas corrientes ocultistas vinculadas al romanticismo alemán.

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Javier Martínez-Pinna es historiador, arqueólogo y profesor.

¿Qué fue la Ahnenerbe?
La Ahnenerbe, o Sociedad de Estudios para la Historia Antigua del Espíritu, es un importante centro de investigación de la Alemania nazi, que tenía como objetivo propagar las principales tesis del partido, especialmente las de corte racial y antisemita. Es, por lo tanto, un centro que tratará de legitimar las atrocidades que se llevan a cabo en Europa al final de la Segunda Guerra Mundial en el contexto de la Solución Final. A los investigadores de la Ahnenerbe les interesó el estudio del pasado mítico de la Gran Alemania desde diversos puntos de vista, y por eso tenían departamentos especializados en el estudio de las runas (algo que obsesionó a los ideólogos del nazismo), en el estudio de la geografía sagrada, los temas paranormales y el que a mí más me interesó, el dedicado a la arqueología germánica, que tenía como objetivo último descubrir el lugar en donde permanecerían ocultos los objetos de poder más importantes, como el Grial o el Arca de la Alianza y, especialmente, corroborar la existencia de esa raza aria de la que se creían legítimos descendientes, motivo por el cual organizaron las famosas expediciones que llevan a cabo Wirth, Kiss o Ernst Schäfer.

¿Qué propósito buscaba Hitler con las expediciones arqueológicas a lugares tan remotos como el Himalaya?
El propósito de Hitler, pero especialmente de Heinrich Himmler, fue tratar de encontrar evidencias de la existencia de la raza aria, cuyo origen podría encontrarse en una serie de continentes perdidos, totalmente legendarios, pero que ellos consideraron reales, como la Atlántida o la isla de Thule. Por este motivo Wirth marchó hasta Escandinavia para estudiar unas enigmáticas esvásticas que, según él, formarían parte de una antigua escritura aria inventada por los supervivientes de la Atlántida. Algo parecido hizo Edmund Kiss, cuando viajó hacia Tiahuanaco con la delirante idea de encontrar pruebas de la existencia de una ciudad enormemente sofisticada creada por los atlantes, mientras que la intención de Schäfer fue viajar al Tíbet para, en esta ocasión, buscar las huellas de la raza aria, y de paso para dar validez científica a extrañas teorías como la de la Tierra Hueca, ligadas a leyendas orientales de Agartha y Shambala.

La expedición de Schäfer fue la más famosa. ¿Qué nos puede contar sobre ella?
Sin duda lo fue. Todo se inicia en el año 1936, cuando Himmler le encargó a un famoso aventurero alemán que se pusiese al frente de un equipo para viajar al Tíbet. Después de un duro entrenamiento tanto físico como técnico, Schäfer y sus hombres se dirigieron hacia este lugar, para protagonizar una auténtica aventura en la que tuvieron que enfrentarse a múltiples peligros, a conflictos armados, a una climatología adversa, a los problemas que les generaron las autoridades inglesas de la India, hasta que después de un largo viaje llegaron al final al Sikkim.
El Sikkim resultó ser una zona montañosa y bastante inaccesible que estaba considerada como la puerta de entrada al Tíbet, y por allí anduvo el equipo patrocinado por la Ahnenerbe haciendo todo tipo de experimentos y pruebas antropológicas para tratar de encontrar similitudes de las gentes de este lugar con los arios primigenios. Otra de las obsesiones de Schäfer fue buscar información sobre la presencia de unos mundos subterráneos de los que ya había oído hablar en Alemania. Pero el punto álgido de la expedición se produce cuando el equipo recibió el permiso para viajar hacia la ciudad sagrada de Lhasa, en donde quedaron maravillados por la existencia de mitos que para ellos parecían confirmar la existencia de la mítica Shambala. Desgraciadamente, el inicio de la guerra hizo imposible continuar con las investigaciones en una zona controlada por los británicos, por lo que Schäfer y sus hombres fueron obligados a volver a Alemania.

Los exploradores de Hitler no solo trataron de justificar teorías raciales. ¿Qué más buscaron?
Los nazis, especialmente los dirigentes del partido relacionados con la Sociedad Thule y la Ahnenerbe, creían que algunos objetos de culto, algunos puramente legendarios y otros con una base histórica, eran una especie de talismanes que podían proporcionar a sus poseedores distintos de tipos de poder, como un alto grado de sabiduría, mientras que otros tenían la virtud de otorgar el poder político a su poseedor y el dominio terrenal sobre el resto de mortales. También existían algunos que podían ser utilizados como auténticos artilugios tecnológicos, capaces de sembrar el terror entre los enemigos de aquellos que lo tuviesen bajo su control. Es el caso del Arca de la Alianza. No es de extrañar que los nazis, obsesionados como estaban por dominar el mundo, y teniendo claro su interés por lo mágico y lo irracional, sintiesen una auténtica devoción y un afán desmesurado, por el hallazgo de algunos de estos objetos de poder. Es el caso del Grial, que fue buscado por el joven arqueólogo alemán Otto Rahn, e incluso sabemos que Hitler después de la anexión de Austria mandó capturar la presunta Lanza de Longinos, que se guardaba en el museo Hofburg de Viena. También se dice que los nazis llegaron a organizar la famosa Operación Trompetas de Jericó para encontrar en España alguna pista sobre el paradero último del Arca de la Alianza.

¿Encontraron algo significativo, algún objeto de poder?
De los exploradores nazis se dice que buscaron todo tipo de reliquias. Ya hemos hablado del Grial y el Arca de la Alianza, aunque en esta extraña lista podríamos incluir la famosa Espada de Barbarroja, el Martillo de Thor, las Calaveras de Cristal e incluso la Mesa de Salomón. Esto, evidentemente, se parece más al argumento de una película de ficción que algo que debamos tener en cuenta a la hora de llevar a cabo una investigación seria y basada en el estudio de las fuentes, aunque por otra parte no podemos tener dudas a la hora de pensar que los alemanes, durante los años de la guerra, lograron hacerse con un enorme tesoro, tanto artístico como monetario, que fue ocultado a partir de 1944 para que no cayese en manos de sus enemigos. En este sentido podríamos hablar de la famosa Cámara de Ámbar, que llegó a ser buscada por la KGB soviética, del tesoro del lago Toplitz o el relacionado con Bormann, de los que hablo en el libro.

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Este es el último trabajo del escritor alicantino.

¿Qué momento histórico del pasado de España considera más importante?
No creo que podamos elegir un momento del pasado bajo este tipo de criterios. Los historiadores nos podemos sentir más o menos interesados por un periodo u otro, pero todos tienen su importancia a la hora de entender la realidad presente de un país como España. El mundo clásico, especialmente Roma sienta las bases de nuestra cultura, mientras que la fragmentación política provocada, en parte, por la conquista musulmana, explica nuestra idiosincrasia. Para mí, otro de los momentos fundamentales para entender lo que somos, es el siglo XVIII y el tránsito hacia el XIX que supone la caída del Antiguo Régimen, una etapa que es necesario conocer para evitar la manipulación de la historia que se ha hecho en los últimos años desde ámbitos políticos muy concretos.

Si tuviera que destacar un lugar con historia de nuestro territorio, ¿cuál sería?
Tratándose de España es casi imposible elegir. Nuestro país cuenta con un enorme patrimonio artístico y cada una de las regiones que lo conforman tiene una historia apasionante, pero puestos a elegir me gustaría destacar algunos como Mérida, Burgos o Toledo.

Y de los que ha visitado, ¿con cuál se queda?
Puedo presumir de haber viajado por todo el país, pero si hay un lugar que me obliga a volver a todos los años es el Valle de Arán, por sus paisajes, por el carácter acogedor de sus gentes, por sus pintorescos pueblos y cómo no, por su rica gastronomía. Para mí, el Valle de Arán es uno de los lugares más bellos de España.

¿Viajar es un placer?
Según para quién. Para los que tenemos afán de conocimiento e interés por conocer el mundo en el que vivimos es un placer y además una necesidad, pero no creo que toda la gente tenga obligación de viajar.

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Pinna es autor de varios libros en los que se mezclan la historia y el misterio.

De todos los lugares en los que ha estado, ¿cuál ha sido el que más le ha marcado?
Uno de los que más me impactó fue el Castillo de Montsegur, que pude visitar mientras me documentaba para escribir Los exploradores de Hitler. Montsegur es un enclave mágico, un auténtico lugar de poder, el símbolo de la resistencia cátara y un lugar emblemático debido, en parte, al trágico final de los últimos herejes que buscaron refugio en el interior de este casi inaccesible edificio situado a más de 1.200 metros de altura. También sobresale por la aparición de una serie de tradiciones que nos informan sobre la existencia de un importante tesoro que habría sido evacuado del castillo antes de que cayese en manos del ejército real francés en marzo de 1244.

¿Considera que España es uno de los destinos más recomendables para conocer por su pasado histórico?
Sin duda. Esto es además algo que nos debería hacer recapacitar porque en España, tradicionalmente, hemos dado la espalda a nuestra propia historia, y cuando no ha sido así, nos hemos acercado a ella, en muchas ocasiones, con desdén. Pocos países como el nuestro pueden presumir de tener una historia tan rica como la que tenemos, y esto es algo que debemos utilizar como un activo cultural pero también económico.

¿Nos podría adelantar algún proyecto en el que esté trabajando?
Por supuesto. Son varios los proyectos en los que estoy trabajando, alguno junto a buenos amigos. En uno de estos trabajos vuelvo a centrar la atención en la historia de España, y más concretamente en la que podemos considerar como la primera civilización de la Península Ibérica: Tartessos, un pueblo en donde parece querer mezclarse la leyenda con la historia, y con muchos enigmas que aún quedan por desvelar.

 

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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