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Casa de Campo (Madrid)

Casa de Campo (Madrid)

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Su tamaño es extraordinario: cinco veces más grande que el Central Park neyorkino y más de seis veces mayor que el Hyde Park de Londres. En total, más de 1.700 hectáreas de verdes y frondosas pinadas. Desde que Felipe II convirtiera en 1561 Madrid en la capital de España y un año después adquiriese la magna villa y los amplios terrenos colindantes que la poderosa familia de los Vargas tenían en la margen derecha del río Manzanares, la Casa de Campo se convirtió en villa de recreo regio, que los diferentes reyes irán modificando a su gusto, ampliándose progresivamente los terrenos, convirtiéndose en coto de caza o simple espacio de diversión de la familia real y nobles.

La historia de la Casa de Campo comienza en tiempos pretéritos. Fue habitada por el ser humano desde la época paleolítica, aunque fue con los Austrias cuando emergió como centro ecológico y de ocio real. A partir de 1559, ya propiedad de Felipe II, comenzaron los trabajos de adecuación que transformarán la antigua residencia de los Vargas en una villa-palacete de recreo, proyecto que dirigió el arquitecto Juan Bautista de Toledo. El jardinero italiano Jerónimo de Algora introdujo elementos musulmanes y flamencos para dotar al lugar de parterres con gran variedad de flores y especies vegetales. Mientras, al holandés Pierre Jasen se le encargó la construcción de varios estanques.

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Vista aérea de la Casa de Campo de Madrid.

Con el reinado de Felipe IV el interés por la Casa de Campo decayó en favor del Retiro. Concebido en un principio como lugar de descanso para la Corte, el nuevo palacio del Buen Retiro llegó a convertirse en segunda residencia del monarca. Será con la llegada de los Borbones al trono patrio cuando la Casa de Campo comience a experimentar importantes cambios, sobre todo tras la construcción del Palacio Real, circunstancia que reavivó el interés de la monarquía por el recinto.

Felipe V, el primer Bobón, introdujo la moda francesa en la Casa de Campo y en 1720 ordenó la remodelación de los jardines, donde predominaban las líneas curvas frente a las rectas del anterior diseño. Su hijo Fernando, siendo aún infante, proporcionó la que posiblemente fue la mayor ampliación de la Casa de Campo, adquiriendo más de 1.000 hectáreas hacia el norte y hacia el oeste, lo que quintuplicó la extensión del recinto.

Carlos III le insuflará un nuevo rumbo a la Casa de Campo con la introducción de cría de ganado y al cultivo de la tierra entre sus fines para hacerla autosuficiente. Antes, Fernando VI la había declarado Bosque Real. Pero un incendio, acaecido en 1878 debido a una de las peores sequías que ha perecido España arrasó 900 fanegas de superficie y más de un millar de árboles destruidos.

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La Casa de Campo es una inmensa área verde para el ocio, el paseo y el descanso.

Indalecio Prieto, ministro de Hacienda del Gobierno provisional republicano de 1931 entregaba en un acto simbólico al alcalde de Madrid, Pedro Rico, el que hoy es el mayor parque de la capital madrileña. Alrededor de 300.000 personas salieron a la calle en Madrid para disfrutar del acto. En el año 1936, la Guerra Civil asestaba su puñalada mortal. Y la Casa de Campo, aquel lugar ansiado por los madrileños, su parque público recién abierto, iba a convertirse en buena parte de los tres años que duraría el conflicto en uno de los frentes principales.

En el conocido cerro de Garabitas estuvieron emplazadas las posiciones artilleras de los sublevados que bombardearon diariamente la ciudad durante 30 meses.Tras la guerra, el Gobierno franquista mantuvo hasta el año 1946 cerrado el parque, aunque no se formará oficialmente hasta 1970 el registro del mismo como propiedad del pueblo madrileño.

La apertura del Parque de Atracciones en 1969, el Zoológico en 1972, y numerosos bares y restaurantes, lo convirtieron en uno de los lugares más activos del ocio capitalino. No son las únicas atracciones que confieren a la Casa de Campo como uno de los espacios más singulares de Madrid. El teleférico que la une con el parque del Oeste (al otro lado del Manzanares), el pabellón Madrid Arena o la Venta del Batán, donde se encerraban a los toros antes de su lidia en Las Ventas, invitan al viajero a disfrutar del entorno y recorrer toda la historia que preserva.

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La Casa de Campo vista desde el teleférico./saposyprincesas.com

Además del citado Retiro, junto a la Casa de Campo los madrileños pueden disfrutar de la historia de otro peculiar parque como es El Capricho. No son las únicas sorpresas del pasado que conserva la capital. Son muchos los lugares que atrapan el interés del viajero aficionado por estos temas.

El subsuelo de la M-30 conserva muchos retazos de la historia más antigua de Madrid, así como el Cerro de Batallones o la estación de metro de Carpetana, por citar solo algunos ejemplos.Si el viajero se decide a ampliar su aventura, deberá guardar cuidado reposo. Y para ello nada mejor que un buen alojamiento. La oferta es amplia y muy variada. A modo de recomendación el viajero puede pernoctar en uno de los hoteles de lujo en Madrid.

Dónde dormir: Hotel NH Pozuelo Ciudad de la Imagen; Calle Luis Buñuel, 1; 28223 Pozuelo de Alarcón (Madrid); teléfono: 917110222.

Dónde comer: Restaurante Montaloya; Paseo de la Puerta del Ángel, 20; 28011 Madrid; teléfono: 914643901.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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