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Béjar, donde los cristianos sorprendieron a los árabes camuflados con musgo

Béjar, donde los cristianos sorprendieron a los árabes camuflados con musgo

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Lugar de retiro de salmantinos que residen en la capital y punto de partida de innumerables rutas por la sierra de Béjar, esta ciudad de unos 15.000 habitantes que se encuentra rodeada de un sosegado paisaje esculpido por valles, cumbres, circos y lagunas es famosa por albergar la que podría ser la plaza de toros más antigua de España. Embarquémonos en la máquina del tiempo y vayamos a conocer la historia de Béjar.

El origen de la localidad castellano-leonesa se corresponde, según algunos historiados, con la antigua Desobriga que cita Tolomeo o, en opinión de otros, con Vecor, refugio de Viriato al huir de los romanos. En el siglo XII perteneció a la corona de Castilla y en el siglo XIV a Alfonso de la Cerda. Enrique II le entregó al caballero portugués Diego López Pacheco y, más tarde, quedó en manos de la familia Zúñiga, duques de Béjar.

Aunque antes, al parecer, la tribu celtíbera de los vettones estuvo asentada allí desde el año 400 a.C., especialmente en las zonas hoy denominadas La Antigua y La Corredera. Los romanos la ocuparon en el siglo I a.C., construyendo en sus inmediaciones la Vía de la Plata.

Bajo el reinado de Alfonso VIII, un 17 de junio, día de Santa Marina, los guerreros cristianos se camuflaron con musgo sorprendiendo a los musulmanes en lo que más tarde se llamaría ‘Puerta de la traición’. Una vez alcanzada la victoria se reunieron para celebrar una misa de acción de gracias en un lugar descampado, donde después erigirían una ermita dedicada a Santa Marina. La decisión de recubrirse de musgo la emplean hoy los bejaranos también para la procesión del día del Corpus Christi, que se celebra en la villa desde esa época.

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El Bosque de Béjar es uno de los principales atractivos del pueblo./S. Hoya

La confluencia en Béjar de las cañadas trashumantes de Burgos y León hacia los pastos extremeños propició que en 1669 los duques edificaran una fábrica de paños. Como prueba de la riqueza del lugar, a comienzos del siglo XVIII se construyó una plaza de toros. Está considerada la más antigua de España. En su interior se aloja el Museo Taurino con un buen número de capas, trajes de luces y donaciones de toreros.

Pese a su rico patrimonio artístico, Béjar se mantiene alejada de las rutas turísticas, en parte por su accidentada geografía (hay que cruzar el puerto de Vallejera, 1.200 metros de altitud, 8% de pendiente) y en parte, porque nunca ha dependido su economía del turismo, pues cuenta con numerosas industrias textiles: Hay fabricas de paños ordinarios y lana fina (relata una crónica de principios del siglo XX) y de hilados y de tejido de algodón. De sus antiguas fortificaciones se conservan parte de las murallas árabes, con algunas torres de diferente planta, y varias puertas, dos de acceso, la del Pico y la de San Pedro.

Su disposición urbanística la conforman un conjunto de estrechas calles que desembocan en la Plaza Mayor. Esta, restaurada en el siglo XVIII, acoge tres importantes edificios: la iglesia de El Salvador, el Ayuntamiento (que antaño fue una prisión), y el Palacio Ducal. Este último, declarado Monumento Nacional en 1931 y convertido hoy en instituto de enseñanza, conserva la fachada principal, con las torres del Mirador y las Cadenas, y la llamada fachada del mediodía. Mantiene asimismo un patio interior de 1568 sembrado de galerías con arcos y columnas.

Otros edificios de interés que pueden verse en el casco antiguo son las iglesias de Santiago (asentada sobre una construcción visigoda), Santa María la Mayor (siglo XVI), de estilo mudéjar, y la iglesia de San Juan (siglo XIII), gótica. La villa fue declarada Conjunto histórico artístico en 1974, por lo que merece realmente la pena dar un paseo por sus rincones.

Si se sale ya del casco antiguo y se toma la carretera de Salamanca, se encuentra el jardín histórico El Bosque, un parque señorial construido en 1567 por los Zúñiga, duques de Béjar. Concebido como espacio recreativo, está sembrado de arboledas, fuentes, estatuas, un bosque de castaños, un estanque y un palacio residencial.

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Iglesia de El Salvador./S. Hoya

En sentido contrario al parque se llega, después de atravesar un frondoso paraje de castaños, zonas recreativas y miradores al Santuario de la Virgen del Castañar (siglos XVII-XVIII), donde se venera a la patrona de la comarca en un camarín. Béjar se convierte en un destino idóneo para disfrutar de un fin de semana de ocio e historia. Por ejemplo, desde Salamanca se puede idear una escapada con autocares grupo ruiz. Lejos del casco urbano, el Convento de San Francisco acoge, además de dependencias municipales, el Museo Valeriano Salas, con una valiosa colección de pinturas españolas del siglo XIX, así como pintura europea, muebles y arte oriental.

Y sobre todo… el viajero no debe perderse la sierra de Las Batuecas ni la estación de esquí de La Covatilla. Las vistas son inolvidables y por el camino encontrará pequeños pueblos de sorprendente belleza. La provincia de Salamanca cuenta con auténticas maravillas como La Alberca o Alba de Tormes. Viajar a todos estos y más destinos es posible con grupo ruiz. Excursiones y viajes a medida.

Dónde dormir: Hotel Colón; Calle Colón, 46; 37700 Béjar (Salamanca); teléfono: 923400650.

Dónde comer: Mesón El Quijote; Travesía Cruz, 9; 37700 Béjar (Salamanca); teléfono: 923402401.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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