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La Barcino romana: el retiro de las legiones cántabras

La Barcino romana: el retiro de las legiones cántabras

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Fundada en época de Octavio Augusto para servir de capital administrativa de la provincia de la Tarraconensis diez años antes de la llegada del considerado como Mesías por los cristianos, la antigua colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino se levantó sobre la cima del menudo monte Tàber, un paraje situado junto al puerto natural del Rubricatum Flumen, el actual río Llobregat y que ahora lo ocupa el Barrio Gótico de la Ciudad Condal.

El primer emperador de Roma erigió Barcino para premiar a sus veteranos centuriones tras las Guerras Cántabras con una plácida y merecida jubilación.

Como muchas otras ciudades fundadas por los romanos, bajo las directrices urbanas del cardus y decumanus, Barcino pasó a disponer de un recinto de tipo cuadrangular de unas 12 hectáreas, que se modificó tras las destrucciones que padeció la ciudad. Al parecer, el cardo máximo comprendía desde la puerta que se abría a la actual Plaza Nueva hasta la calle Regomir. El decumanus o eje menor abarcaba de la plaza del Ángel hasta el cruce de Call y Aviñón.

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Una de las puertas de entrada a la antigua ciudad romana de Barcino.

Barcino, cuyo foro se situaba en la actual plaza de Santiago, alcanzó su máximo desarrollo en la época del emperador hispano Trajano (años 98-117) El lugar de esparcimiento público y eje central de la vida romana de Barcino contaba con un templo (el ubicado en la calle Paradís), pero los arqueólogos no han encontrado la curia, ni el mercado, ni la basílica. Sospechan que están soterrados bajo la plaza de San Jaime, donde nunca se ha excavado, o un poco más arriba, es decir, bajo el Palau de la Generalitat.

La Barcelona romana era una ciudad atípica, pequeña pero de gran importancia comercial (estaba exenta de impuestos) y administrativa por donde transcurría la Vía Augusta, con muchos libertos (sirvientes que habían logrado su libertad), domus de lujo y grandes villas fuera de las murallas.

Para ser una urbs menuda, hay documentados hasta tres conjuntos termales públicos, dos en la puerta de Mar y otro en la plaza de Sant Miquel, al lado del foro. Sin embargo, no se ha localizado todavía ningún edificio de espectáculos, como circo, teatro o anfiteatro. Aunque algunos historiadores sitúan el antiguo anfiteatro donde ahora se alza Santa María del Mar.

La plaza del Rey puede ser el punto de partida de la Barcino romana. El circuito arqueológico pasa por un ‘barrio industrial’ con talleres y factorías dedicadas a actividades artesanales. Se puede visitar el interior de dos talleres del siglo II dedicados a lavar y teñir la ropa.

Después de atravesar una calle, el cardo minor, que llevaba al foro, el viajero entra en una factoría del siglo III donde se hacía salazón de pescado y el ‘exquisito’ garum. Después se llega al barrio cristiano de Barcino, donde se localizaba el Grupo Episcopal, uno de los mejor conservados de toda la península ibérica, formado por un baptisterio (siglo IV), el aula episcopal (siglo V), el palacio episcopal del siglo VI y una iglesia en planta de cruz rodeada de un cementerio.

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Columnas del Templo de Augusto en Barcino.

No cuenta con los fastuosos restos conservados en otras ciudades que pertenecieron al Imperio, pero Barcino puede presumir de contar con importantes vestigios arqueológicos de la antigua muralla romana, las columnas de su templo, termas, acueductos y hasta un sector de la trama urbana que puede visitarse en la parte subterránea del Museo d’Història de la Ciutat de Barcelona, algo similar a lo que ocurre en Valencia, la antigua Valentia romana, con su museo de L’Almoina. O bien en Caesaraugusta, la actual Zaragoza.

De entre la memoria romana que perdura en forma de restos en Barcelona sobresalen varias columnas corintias de lo que era antiguamente el ciclópeo templo consagrado a Augusto, el fundador de Barcino. Construido a principios del siglo I de nuestra era, tenía nada menos que 35 metros de largo y casi 18 de ancho. Las ceremonias en honor al emperador se realizaban en el exterior del templo, en el mismo foro.

Precisamente, junto al lado del templo de Augusto, el viajero tiene la oportunidad dede reservar un alquiler mensual frente a unas vistas auténticamente históricas. Casi puede tocar las ciclópeas columnas con la palma de la mano. Las Ramblas, la catedral de Barcelona o el Museo Picasso, entre otros lugares de interés, están a un paso de esta oferta de alojamiento.

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Bajo el Barrio Gótico aún perduran los vestigos de la Barcelona romana.

En la Ciudad Condal la buena mesa y la rica gastronomía se dan de la mano. Barcelona se ha convertido por derecho propio en una de las capitales culinarias de Europa en los últimos años. Todo un referente al paladar.

Aparte de los más de 20 restaurantes con alguna estrella Michelín, también se concentran en Barcelona un sinfín de locales adaptados a la economía de cualquier viajero.

En el audio que os dejo del programa radiofónico Ágora Historia, se detallan las averiguaciones arqueológicas que buscan el posible anfiteatro que hubo en Barcelona durante la ocupación romana de la Península Ibérica.

Dónde dormir: Grand Hotel Central Barcelona; Via Laietana, 30; 08003 Barcelona; teléfono: 932957900.

Dónde comer: Pla Restaurant; Bellafila, 5; 08002 Barcelona; teléfono: 934126552.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora colabora en blogs y publicaciones digitales.

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