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Ametlla de Mar y la Orden de San Jorge de Alfama

Ametlla de Mar y la Orden de San Jorge de Alfama

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La historia de Ametlla de Mar, municipio de la provincia catalana de Tarragona, está vinculada en gran medida a su pasado medieval y a la presencia de una de las órdenes militares más destacadas que existieron en aquella época en la Península Ibérica: San Jorge de Alfama. Pertrechado a lomos de su caballo virtual y una espada en ristre, el viajero pone rumbo en su máquina del tiempo a la Costa Daurada en busca de rememorar un pasado glorioso.

Las noticias sobre antiguos núcleos de población en la zona son muy escasos. El actual núcleo urbano de Ametlla de Mar, cuyo topónimo ametlla (almendra en catalán) deriva de los numerosos almendros que antaño crecían en la región, nació en 1775 tras el proyecto de repoblación del territorio que perteneció a la Orden de San Jorge de Alfama por iniciativa del rey Carlos III.

La Orden de San Jorge de Alfama fue una orden militar fundada en 1201 por el rey Pedro II de Aragón y cuyo título es un agradecimiento a su santo patrón, que le habría dado protección en la guerra contra los sarracenos; con posterioridad se fusionó con la Orden de Montesa.

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El castillo de San Jorge de Alfama que perteneció a la orden militar./ Imagen cedida por Shutetrstock

Para la repoblación llegaron pescadores catalanes y valencianos del Grao, agricultores de Valls (Tarragona), y a comienzos del siglo XIX ya existía un núcleo urbano estable. Luego varias epidemias de cólera, en especial la sufrida en 1834, provocaron un descenso notable de la población (fallecimientos e inmigración), pero la llegada del ferrocarril en 1863 causó un fuerte crecimiento demográfico.

En el año 1891 Ametlla de Mar (también llamada Cala de la Ametlla) se segregó del término municipal de El Perelló y durante los pimeros años del siglo XX algunos caleros (gentilicio de los habitantes de la población) emigraron a la Costa Brava, en especial a Palamós, y al continente americano.

Durante la dictadura de Primo de Rivera, a raíz del golpe de estado del año 1923, L’Ametlla, debido a los intereses del sector pesquero, se fraccionó en dos bandos diferenciados: el pósito de Pescadores (izquierdas) y la Sociedad de Pescadores de San Pedro (derechas), caldo de cultivo en la localidad de los enfrentamientos de la Guerra Civil de 1936.

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L’Ametlla es una localidad volcada al mar./ Imagen cedida por Shutterstock

¿Qué se puede ver en L’Ametlla de Mar? Uno de sus reclamos patrimoniales es el castillo de San Jorge de Alfama (siglo XIII), construido en el golfo de San Jorge, y que se convirtió en la primera casa de la Orden de Alfama. En 1229 los freires de Alfama ya lo habitaban. La fortaleza actual se reformó entre los siglos XVI y XVIII. Junto a la misma quedan restos de fortificaciones levantadas durante la Guerra Civil.

La fortaleza resultó abandonada en el año 1650, después de ser bombardeada hasta su derrumbe por las galeras españolas, para que no fuesen ocupadas por las tropas francesas. Las piedras del antiguo castillo que no se rompieron fueron aprovechadas para construir la fortaleza actual, pero en otro emplazamiento, un poco más en el interior.

No solo de patrimonio presume L’Ametlla. El municipio tarraconense cuenta con 16 kilómetros de una costa única con 30 calas y playas para todos los gustos, unas de arena fina y blanca, otras de piedras, rodeadas de pinares y con aguas cristalinas gracias a las enormes praderías de posidonia.

En un pueblo tan ligado a la actividad pesquera no podía faltar un espacio expositivo dedicado a esta labor. El Centro de Interpretación de la Pesca de l’Ametlla de Mar es una sala polivalente de exposiciones dedicada a la cultura marinera. No lejos de aquí, en el muelle pesquero, se halla la sede de la Cofradía de Pescadores. Se recomienda caminar por el paseo marítimo, que une las dos playas que encontramos en la misma población, l’Alguer y Pixavaques.

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L’Ametlla ofrece al viajero playas y calas de calidad./ Imagen cedida por Shutterstock

De entre los edificios diseminados por la villa, el viajero puede acercarse hasta la iglesia parroquial o el Museo del Vino, situado a 7 kilómetros de L’Ametlla, en la finca Mas Helios.

Otra experiencia de la que podrá disfrutar el viajero en Ametlla de Mar es de poder navegar con unos amigos muy especiales. Puede que alguna vez haya nadado con delfines o peces tropicales, pero un baño con atunes es algo único que puede contratar si le apetece hacer algo diferente.

La costa y el interior de la provincia de Tarragona deparan al viajero un amplio abanico de lugares con mucha historia. La primera visita obligada es su capital, la antigua Tarraco romana, una joya de la antigüedad que está declarada Patrimonio de la Humanidad. Y si lo que el viajero desea es conocer un pueblo de entramado medieval, la recomendación es Montblanc, por ejemplo.

Dónde dormir: L’Alguer; Carrer Mar, 20; 43860 L’Ametlla de Mar (Tarragona); teléfono: 977493372.

Dónde comer: La Llotja; Carrer Sant Roc, 23; 43860 L’Ametlla de Mar (Tarragona); teléfono: 977457361.

Javier Ramos Soy periodista y experto universitario en protocolo. He trabajado en diferentes medios de comunicación como 20 minutos, Las Provincias o Diario 16. Ahora ejerzo labores de community manager, colaboro en blogs y publicaciones digitales. Autor del libro 'Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma'.

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